Clusters: oportunidad para el turismo

Las redes de Pymes pueden ser una oportunidad de negocio para la industria turística; los “clusters” crean cadenas productivas que enlazan a las grandes empresas con las más pequeñas.
cancun-turismo-ntx  (Foto: Notimex)
Rogelio Castillo Aguilera *
CIUDAD DE MÉXICO -

Realidad de América Latina

Los clusters industriales identificados como redes de empresas (principalmente Pymes) que tienen interdependencia y liga dentro de su cadena productiva, han demostrado éxito al ser implementados en países desarrollados.

Sin embargo recientemente en América Latina la realidad de los clusters industriales parece centrarse en tres grandes características o rasgos comunes que se replican en los países de esta región del mundo: poseen grandes brechas productivas, tienen bajo nivel de especialización y cooperación así como baja innovación tecnológica.

Grandes brechas productivas

En gran parte, el éxito de los clusters competitivos de los países industrializados se debe al alto grado de división del trabajo entre empresas que se especializan en determinados eslabones de la cadena productiva así como la integración hacia delante y atrás con las empresas que lo conforman.

Su tipo de estructura empresarial abarca desde empresas grandes que aprovechan economías de escala en áreas como ensamble y distribución, hasta empresas pequeñas que se orientan hacia pequeños nichos de mercado incluyendo productos y servicios. De esta forma las empresas grandes y las pequeñas se  complementan mutuamente.

Aunque sean las grandes las que determinan la trayectoria tecnológica del cluster, las pequeñas también juegan un papel sumamente importante para mantener la competitividad, ya que ofrecen servicios altamente especializados y flexibles y generan innovaciones a través de la aportación de su propio conocimiento del mercado (know-how) en su área de especialidad.

De esta forma los índices de productividad de las Pymes casi llegan al nivel de las empresas grandes.

Sin embargo, la estructura empresarial de América Latina, en contraste, se caracteriza por una gran brecha productiva entre empresas pequeñas y grandes.

De acuerdo con cifras de la CEPAL la productividad laboral de las empresas micro y pequeñas de la región es aproximadamente 10 veces más baja que aquella de las empresas medianas y grandes.

Además, la productividad laboral de las Pymes se ha estancado por varias décadas, por lo cual la brecha productiva se está ensanchando continuamente. La gran mayoría de ellas pueden clasificarse como empresas "sobrevivientes" informales o semi-formales que carecen de visión estratégica, capacidad técnica apropiada y capital, por lo que se han desacoplado del progreso tecnológico.

Salvo pocas excepciones, las Pymes agrupadas en los clusters de la región no constituyen excepción a este fenómeno.

Bajo nivel de especialización y cooperación

Comparado con clusters innovadores en Norteamérica y Europa, el grado de diferenciación interna de los conglomerados industriales latinoamericanas es bajo.

Generalmente abarcan pocos eslabones de la cadena productiva y son contadas las empresas que producen bienes de capital (especialmente de alto contenido tecnológico) así como las que ofrecen servicios especializados e intensivos en conocimientos (como el desarrollo de software, asesorías en gestión tecnológica, oferta de productos financieros especializados etc.) de base tecnológica.

Esto tiene su antecedente en el fenómeno de sustitución de importaciones que algunos países de la región implementaron y que motivó que muchos productos y servicios importantes fueran importados y no producidos en estos países. Al bajar los costos de la importación, la apertura comercial acentuó esta tendencia y llevó a la ruptura de cadenas productivas.

La especialización recíproca está más desarrollada entre las empresas modernas de mediano y gran tamaño. Debido a la gran brecha productiva así como a deficiencias en términos de calidad, precio y fiabilidad de entrega, estas empresas compran muy pocos insumos y servicios a Pymes.

Así el potencial para desarrollar a Pymes es limitado y se profundiza dada sus carencias para competir en mercados globales.

También el bajo grado de terciarización y especialización de la economía en América Latina se explica por la falta de oferentes competitivos en actividades complementarias.

Además, la idiosincrasia de la región pone énfasis en la baja disposición de los empresarios latinoamericanos a tomar acciones conjuntas para mejorar su posición competitiva (no es común el trabajo en equipo ni el fomento a relaciones de confianza entre empresas).

La poca inclinación hacia la cooperación no sólo se observa en la relación entre empresas, sino también en la relación entre empresas e instituciones de fomento. Normalmente son pocas las empresas que recurren sistemáticamente a servicios de dichas instituciones, especialmente si los servicios se cobran.

A esto también contribuye que muchas instituciones de fomento (tanto del sector público como de las asociaciones gremiales) tienen la reputación de ser burocráticas y lentas es decir, que no actúan acorde a las necesidades del sector privado.

Finalmente, también las instituciones de fomento suelen ser relativamente poco especializadas y diversificadas.

Poca innovación tecnológica

En los países industrializados, la aglomeración de empresas a menudo se da en ramas de alto contenido  tecnológico o de diseño y se observan procesos continuos de innovación.

En América Latina, en cambio, el proceso de "clusterización" ocurre sobre todo en actividades extensivas en conocimiento, especialmente el ensamble de bienes de consumo estandarizados para mercados locales (calzado, vestido, muebles) o de exportación (maquiladoras en el norte del México).

Estos indicadores de investigación y desarrollo en la región reflejan problemas tanto de las empresas como del entorno institucional. Las empresas se desempeñan en actividades de bajo contenido tecnológico, y por lo tanto ni dedican muchos recursos a la investigación ni al desarrollo de nuevos productos.

Las instituciones públicas de investigación y enseñanza, además de la falta de recursos, a menudo carecen de una clara orientación empresarial.

La liberalización económica ha creado un entorno que exige mayor competitividad. De hecho, algunos estudios confirman que la presión competitiva está llevando a algunas empresas a invertir más en su capacidad innovadora, especialmente las empresas líderes que exportan o tienen otras vinculaciones con mercados externos (lo cual realizan a través de co-inversiones y licencias).

Sin embargo no se perfila una clara tendencia innovadora en América Latina, y el aumento de la presión competitiva evidentemente no es suficiente para elevar los estándares tecnológicos de la gran mayoría de Pymes que están involucradas en actividades sencillas.

Pero esto puede cambiar, enfocándose a mercados competitivos y desarrollando relaciones de confianza entre las partes así como incrementando el número de entes coordinadores que propicien la creación y desarrollo de clusters industriales.

Oportunidad para la industria turística

Con base en las experiencias internacionales se ha detectado que el desarrollo de agrupamientos industriales y de servicios son importantes instrumentos de política económica para modernizar y fortalecer ampliamente la competitividad de las firmas de una rama o sector económico.

La conformación de diversos agrupamientos empresariales a lo largo del planeta ha arrojado suficiente evidencia sobre las condiciones que deben cumplirse para que tales aglomerados, además de fomentar la concentración de empresas, logren operar bajo esquemas de competitividad y mejoramiento continuo.

Un cluster turístico puede integrarse por empresas pequeñas y medianas (Pymes) e incluso grandes firmas, que en general interactúan dentro del sector turismo. Sin embargo, es preciso señalar que el nivel de interrelación de las firmas puede variar entre distintos clusters turísticos conformados a lo largo de un país, e incluso a nivel mundial.

La conformación eficiente de un cluster turístico genera beneficios y fomenta el mejoramiento de la posición competitiva de las empresas participantes; entre sus principales beneficios se encuentran:

  • Acceso a nuevos nichos y segmentos de mercado.
  • Mejoramiento tecnológico y de conocimiento interno de las empresas.
  • Fortalecimiento de la capacidad gerencial.
  • Incremento en la capacidad para acelerar el proceso de aprendizaje de los recursos humanos y de la organización.
  • Mejoramiento en la calidad de los servicios turísticos.
  • Reducción de costos de operación e insumos.
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La concentración de empresas de un mismo sector que operan en un espacio geográfico común, no garantiza por sí sola el eslabonamiento de la cadena productiva; para apoyar la integración de la red empresarial se requiere la generación de condiciones que brinden el marco propicio para el establecimiento de relaciones inter-empresariales, en este sentido, la participación de empresarios con liderazgo y una clara visión de negocios soportada por un conjunto de apoyos brindados oportunamente por las instituciones gubernamentales son dos elementos de gran importancia para fomentar el eslabonamiento productivo en el sector turístico.

**El autor es doctor en Administración y director general de InterCOM, firma de consultoría especializada en business strategy e industrial clusters. Es consultor acreditado por la Secretaría de Economía y la Japan International Colaboration Agency (JICA). Forma parte del Consejo de Administración del Instituto de Investigación Aplicada a Negocios y es catedrático de la Universidad Anáhuac México Sur.

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