Incuba tu propio negocio

Muchos jóvenes interesados en crear una empresa o negocio pueden aprovechar las incubadoras; en México, 64% de estas herramientas forma parte de una institución de educación superior.
joven-idea-emprendedor-JI.jpg  (Foto: Jupiter Images)
Ivonne Vargas Hernández
CIUDAD DE MEXICO (CNNExpansión) -

De acuerdo con datos de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), anualmente egresan unos 300,000 universitarios, a un 80% de éstos se le dificulta conseguir trabajo de inmediato. Por ese motivo, en los últimos años las universidades han establecido diversos programas para vincular al estudiante con el sector productivo.

Una de esas iniciativas se centra en las incubadoras de empresas, programa a través del cual guían al universitario para crear su negocio (y convertirse, si todo sale bien, en generador de empleos a futuro). Pero ¿cómo surge tal concepto? y ¿cuáles son las perspectivas de este modelo a futuro?

La Asociación Mexicana de Incubadoras y Redes Empresariales (AMIRE) asegura que este concepto surge en la década de los 70 en Estados Unidos, cando varias empresas deciden promover su desarrollo en espacios fuera de los centros urbanos. Eligen las universidades, creando los llamados parques tecnológicos donde los estudiantes encontraron la oportunidad de hacer investigación para grandes compañías.

Ejemplo de estos proyectos incubados, en los 80, fueron los buscadores Lycos y Altavista. La gran mayoría de esas incubadoras basaron su modelo en el entrepreneurship, es decir, en fortalecer el espíritu emprendedor de los jóvenes para que generaran ideas innovadoras que tuvieran posibilidad de éxito.

En México, este modelo nació a finales de los 70 con el objetivo de promover los conocimientos académicos en el sector productivo; bajo esta perspectiva surgieron organismos como el Consejo Nacional para la Ciencia y la Tecnología (Conacyt).

Axel Didriksson, miembro del Centro de Estudios sobre la Universidad y autor del libro La Universidad del Futuro, comenta que en esa época empezó la relación entre industria e instituciones de educación superior, porque el gobierno comenzaba a tener problemas para costear la investigación. Al comenzar la siguiente década, la propuesta de globalización económica era un tema recurrente, lo cual representó el contexto ideal para que las universidades firmaran convenios con diversas compañías.

Así la primera incubadora de base tecnológica se estableció en 1990, en Ensenada Baja California, con el apoyo del Conacyt, que a través del Programa de Incubadoras de Empresas de Base Tecnológica apoyó varias iniciativas de centros educativos.

Entre las primeras universidades que establecieron un modelo de incubación, a finales de los 80 y principios de los 90, fueron la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM) y el Instituto Politécnico Nacional (IPN).

De todo un poco

Las incubadoras fomentan la creación de nuevas empresas y para ello proveen a los estudiantes de servicios profesionales, asesoría, e infraestructura física para echar andar un proyecto. El académico Rafael Alcazar, quien participó en el desarrollo del programa de incubación para el sistema ITESM, indica que varios centros educativos tomaron ideas de modelos de países como Canadá y España, para adaptarlos a instituciones mexicanas.

Actualmente, dice, las incubadores en México son espacios donde los universitarios reciben: formación empresarial, asesoría en asuntos legales, económicos, técnicos, marketing y diseño industrial, entre otros, y se les vincula con fuentes de financiamiento.

Las empresas que se desarrollan bajo este esquema tienen un nivel de supervivencia de 60%, mientras que los negocios creados de manera independiente pueden sólo tener un 10% de posibilidades, expresa Ángel Rosales, fundador de la AMIRE.

Los especialistas refieren dos tipos de incubadora. A la primera se le llama parque tecnológico, y en esa modalidad el futuro empresario presenta su plan de negocios a la Asociación Mexicana de Incubadoras y Parques Tecnológicos (AMIEPAT) para solicitar un crédito y un lugar, dentro de alguna de las más de 10 incubadoras que agrupa.

Los proyectos que aquí se reciben son de tipo tecnológico y se relacionan con las empresas instaladas en el parque. Por ejemplo, si el lugar está orientado a compañías de software el tipo de iniciativas que se apoyarán deben responder a ese rubro.

Las segundas son las incubadoras de servicios, en esta categoría entran las universidades. Reciben proyectos de todo tipo, siempre y cuando el producto, proceso o servicio sea innovador y presente algún valor agregado.

Estos centros de desarrollo de empresas pueden recibir financiamiento a través de diversas fuentes: Gobierno federal, estatal e incluso municipal; venta de servicios al público; fondos privados (donativos), y de la renta a sus clientes en incubación.

Por etapas

Oscar Súchil, director de la incubadora del IPN, expresa que los modelos de incubación tienen, actualmente, una meta muy particular: crear negocios que respondan a las necesidades de sector productivo y no sólo apoyar sueños "guajiros" de un estudiante que no tiene estructurado su plan de negocios y desconoce cómo dar valor agregado a un producto o servicio.

Al momento de innovar, agrega, la mayor trampa es caer sólo en la novedad, es decir, hacer un producto que sólo crea curiosidad o moda pasajera. La verdadera innovación es crear algo diferente o dar un plus a una cosa que ya existe; en ambos casos el objetivo es que el consumidor encuentre en esa opción un elemento diferente y un beneficio adicional al que le ofrecen otras marcas o empresas.

Ahora bien, a decir de Súchil, estas son algunas de las etapas y funciones básicas que debe ofrecer una incubadora:
1. Acercamiento. Se realiza un diagnóstico del proyecto y una evaluación del emprendedor; análisis de oportunidades de negocio; se identifica la ventaja competitiva y se incorpora un sondeo del mercado. En resumen: se analiza la viabilidad del proyecto (éxito comercial).
2. Fecundación. Aquí es importante definir el nicho de oportunidad para la empresa; desarrollar el prototipo y pruebas piloto; integrar el plan de negocios, y comenzar los cursos sobre administración de pequeños negocios, donde realizas toda la tramitología (por ejemplo, constituir legalmente la compañía). También se contemplan talleres de simulación de negocios.
3. Mercadotecnia. Se desarrolla la imagen del producto y se desarrollan conocimientos sobre competencia gerencial y fuentes de inversión, entre otros.
4. Alumbramiento. Es la etapa en la empresa se gradúa. Es el lanzamiento del producto o servicio, por lo que se pone especial énfasis en la ejecución del plan de mercado.
En el IPN el programa de incubación contempla más de 100 pasos, mientras que en otras universidades el modelo se divide en preincubación, incubación y post incubación. En la mayoría de los casos la información proporcionada es similar.

En cifras

- En México existen alrededor de 187 incubadoras, mientras que en Estados Unidos la cifra es de 400; en Brasil 256; en Corea del Sur 300; y casi 900 en la Unión Europea.

- En la actualidad, institutos como el IPN tiene incubados a más de 150 alumnos y reciben más de 10 proyectos al mes. La UNAM revisa más de 100 cada año y brinda atención a unos 1,200 estudiantes que presentan un plan de negocios. De las 47 incubadoras registradas en AMIRE, un 64% forma parte de una institución de educación superior, 29% son corporaciones sin fines de lucro y un 7% asociaciones civiles.

Fuente: AMIRE /Secretaría de Economía.

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