Error número 1: copiar a Steve Jobs

Los líderes deben tener mucho cuidado si tratan de imitar las cualidades del ex líder de Apple; hacer lo mismo te llevaría al fracaso, pues hay factores externos que inciden en el resultado final.
jobs joven  (Foto: AP)

Un día antes de que Steve Jobs falleciera, le pregunté a un consultor reconocido en gestión empresarial sobre la dificultad de extraer lecciones del éxito de Apple. Después de todo, la compañía de la manzana no parece seguir los principios gerenciales comúnmente aceptados. 

¿Escuchar a tus clientes? Apple no lo hace. Le da a su clientela productos y servicios que ella ni siquiera sabía que deseaba.

¿Ser el principal defensor de los intereses del cliente? Todo producto de Apple lleva en sus entrañas la obsolescencia. Si pierdo el cable de mi laptop, me cobran 80 dólares por uno nuevo. No es lo que yo llamaría una política amigable con el comprador. La empresa parece romper estas reglas básicas, y aún así es asombrosamente exitosa. 

¿Cuál es su secreto? El consultor sabiamente me respondió más de lo que yo había preguntado. "Steve Jobs y Jack Welch le han hecho más daño a las empresas ordinarias y a los empresarios que ninguna otra persona", dijo. Su éxito histórico ha llevado a muchos a caer en la trama de creer que porque estos tipos lograron conquistar, otros pueden hacer lo mismo. 

Así que la gente idea planes de negocio que les exigen hacer lo que Jobs hacía: intuir lo que los consumidores amarán con años de anticipación; impregnar todo en el negocio con una estética sublime y a la vez ampliamente atractiva; negociar con una intensidad brutal; castigar despiadadamente el mal trabajo al mismo tiempo que inspirar el desempeño grandioso; y tener una perspectiva mucho más vasta que la de cualquier otro en la industria. Cuando al final resulta que no pudieron acometer todas esas actitudes (y nadie puede, claro está), sus negocios sufrirán las consecuencias o incluso quebrarán. 

Pronto nos inundarán artículos sobre las lecciones que dejó Jobs para la gestión y el liderazgo. Tales lecciones existen, y creo que son extremadamente importantes. No obstante, consisten en los pormenores de la organización, la estructura, las competencias y los incentivos; no radican en las inefables cualidades del hombre mismo.

Por el momento, aclaremos qué cosas no debemos aprender de Jobs. No podemos ser él. Él era una combinación única de compulsiones, rasgos y experiencias. Le pregunté al consultor si Jobs debiera ser considerado como un Alejandro Magno, un fenómeno que sólo se dio una vez y no puede ser repetido. Sí, convino.

El desafío para los empresarios será encontrar inspiración en Jobs sin engañarse a sí mismos pensando que pueden descifrar cómo hacer lo que él hizo. Éste es un buen comienzo: recordar que imitar a otra persona sería la última cosa que Steve Jobs hubiera querido hacer jamás.

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