Mariposas hacen ‘volar’ a un negocio

Que una mariposa real adorne tu cuello o la solapa de tu saco dejó de ser una idea descabellada; una emprendedora demostró que el amor por la naturaleza y los modelos de negocios son compatibles.
liliana aristizabal  (Foto: Cortesía Liliana Aristizábal)
Viridiana Mendoza Escamilla
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

Liliana Aristizábal convirtió su amor por la naturaleza y su carrera de zootecnista en una marca que conjuga el diseño con diferentes especies de mariposas y flores que forman parte de la riqueza natural de su natal Colombia. Desde 2005, la sonriente emprendedora trabaja en una técnica que le ha permitido encapsular mariposas, flores y otros insectos y convertirlos en accesorios como collares, pulseras, prendedores y aretes; ahora, casi siete años después de iniciar con una serie de ensayos, ha logrado que los especímenes se conviertan en piezas únicas de la marca que lleva su nombre.

"Todo empezó con mi trabajo en el Museo Entomológico, ahí había muchos especímenes que se desechaban por algún defecto como una antenita rota o la falta de una pata, entonces, solicité que me los donaran y empecé a trabajar en la técnica para convertirlos en accesorios", explica en entrevista telefónica con CNNExpansión.

El pasatiempo se convirtió en un negocio cuando Liliana decidió convertir su hobbie en una marca e inscribirlo en el  programa de apoyo a emprendedores Capital Semilla de la Alcaldía de Medellín en 2007.

"Pasé de vender en ferias universitarias y con conocidos, a hacer una evaluación financiera del proyecto y un análisis del mercado, ahora la marca forma parte de un programa de emprendimiento - ciudad que nos ha abierto las puertas a financiamientos de bajos intereses y nos permite formar parte de un modelo de desarrollo que involucre otras empresas que van empezando", señala.

Al principio, todos los especímenes provenían de residuos del Museo Entomológico, pero con el paso del tiempo y el aumento en la producción Liliana Aristizábal ha tejido una red de contactos con criaderos desarrollados por mujeres emprendedoras que cumplen con licencias de protección ambiental

Actualmente la producción de la marca alcanza 500 piezas al mes, todas únicas y elaboradas de manera artesanal. Estos accesorios de joyería se encuentran en cerca de 40 puntos de venta en Colombia (incluida una tienda propia de la marca) y ocho puntos de venta internacionales en lugares como Estados Unidos, Venezuela, Trinidad y Tobago, Chile y Costa Rica.

"Me encantaría poder llegar a México con algún punto de venta, tenemos claro que la clave del negocio estará en la internacionalización, muchos colombianos pueden ver las piezas y pensar que son lindas, pero cuando las ven las personas de lugares donde esta variedad de especies no existe el contacto es diferente, saben que quieren tenerlas", afirma.

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Aristizábal está convencida de que la orientación de los negocios a los modelos sustentables es un nuevo estilo de vida, su empresa tiene una filosofía de amor a la naturaleza que ha permitido un crecimiento orgánico.

"La marca pasó de ser un proyecto universitario a una empresa real, una empresa familiar donde las personas que son más allegadas encuentran un sustento que nos permite vivir de lo que nos gusta sin perjudicar al ambiente con nuestro crecimiento", añade.

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