El vino californiano vuelve a sus raíces

Un grupo de jóvenes vitivinicultores reinventan la producción con base en viñedos viejos; sus vinos artesanales están hechos de uvas poco conocidas como Trousseau Gris y Valdiguié.
vino  (Foto: Cortesía de Fortune)
Julia van der Vink
FORTUNE -

A 80 kilómetros al noroeste de las luces brillantes y fincas doradas de Napa, una bandera de California cuelga del techo en el interior de una vieja planta de procesamiento de manzanas. Led Zeppelin suena en las bocinas mientras un Jack Russell llamado Jim corretea alrededor de los tanques de fermentación.

Si estás buscando un Cabernet premiado, has venido al lugar equivocado. Renunciando al Cabernet Sauvignon por uvas como Trousseau Gris y Valdiguié, un puñado de vinicultores renegados han comenzado a experimentar con variedades de uva heredadas de muchos de los viñedos más antiguos de California para producir algunos de los vinos más atractivos que han salido del estado en décadas.

Los enólogos Pax Mahle, Scott Schultz, y los esposos Ryan y Megan Glaab comparten ideas y equipo para hacer vino bajo sus respectivas marcas: Wind Gap, Jolie-Laide y Ryme Cellars. "California es tan diversa, que tiene sentido cultivar diferentes variedades de uva, no solo Cabernet y Chardonnay", dice Mahle.

Él y Schultz hacen vino a partir de Trousseau Gris, una uva que proviene tradicionalmente de Alsacia-Lorena. A pesar de que la variedad ha sido ampliamente plantada en California desde el siglo 20, en la actualidad solo una cuadra de la viña se mantiene en pie en el Russian River Valley.

A pesar de que las tendencias principales te hacen pensar lo contrario, "estas uvas no son tan esotéricas", dice Chris Brockway, que dirige su bodega urbana de una sola persona, Broc Cellars, en un almacén en Berkeley. "Han estado en California durante años", dice. Aunque Brockway trabaja con uvas tan inusuales como la Valdiguié, se apresura a señalar que la variedad fue plantada en California desde mediados de la década de 1900.

Brockway es particularmente sentimental acerca de su Cariñena, que proviene de vides de 130 años de antigüedad en el valle de Alexander, al norte de Napa. "El viñedo de Cariñena fue plantado en 1879. Alguien iba a arrancarlo y plantar Cabernet Sauvignon. ¡Es una parte de la historia de California! Pensé: '¿Qué tengo que hacer para salvar esto?'" El fruto del viñedo de 1879 pronto se convirtió en la columna vertebral del vino insignia de Brockway.

Hay diminutos vestigios de la historia vitivinícola temprana de California plantados en todo el territorio, si sabes dónde buscar. Un hombre de 93 años de edad, quien plantó vides Valdiguié al lado de su casa en Calistoga con su padre en la década de 1960. Dos hermanos italianos que trajeron Barbera desde su patio trasero y lo plantaron en las faldas de Sierra para recordar su hogar. Un viejo granjero que vive en una parcela de Monastrell (Mourvèdre) en Medocino que ha descuidado durante años.

Los enólogos que obtienen uvas procedentes de estos idiosincráticos diamantes en bruto están tratando de resucitar las diversas tradiciones vitícolas de los productores que vinieron antes que ellos. A su vez, están haciendo vinos que son una conmemoración de la herencia inmigrante de California. Son una reinvención del potencial vitivinícola de California, y son un homenaje a los productores desconocidos que tuvieron la previsión o la locura de plantar estas uvas inusuales en California en primer lugar.

En la actualidad el 93% de toda la superficie vitivinícola del norte de California está plantada con las mismas ocho principales variedades de uva, según Sam Bilbro de la bodega Idlewild,. "Pero es un mito que estas sean las únicas uvas que pueden crecer bien aquí. En los últimos cincuenta años muchas de las variedades menos conocidas que componen el 7% restante se han vuelto casi inexistentes comercialmente. Estamos tratando de cambiar eso".

El año pasado, el enólogo Matthew Rorick de Forlorn Hope trató de limitar su enfoque a cuatro uvas. Terminó trabajando con 21 variedades diferentes. "Recibí una llamada diciendo lo siguiente: 'Encontré a alguien que cultiva Picpoul. ¿Cómo puedo decir que no a eso?'"

Con partes iguales de gracia y romanticismo recalcitrante, Rorick tiene una debilidad por las uvas menos conocidas que rinden homenaje al patrimonio vitivinícola de California. "Existen muchas uvas poco conocidas en California porque los inmigrantes las trajeron y las plantaron en sus patios traseros. Como país de inmigrantes, ¿acaso California no se trata de tener una ecléctica selección de uvas?" Rorick está dejando su propia huella mediante la plantación de un nuevo viñedo con una mezcla de campo de Trousseau Gris, Chenin Blanc, Green Hungarian, Putzscheere y Chasselas.

Para el recién llegado Hardy Wallace, que comenzó Dirty and Rowdy Family Winery con su esposa y sus mejores amigos en 2010, después de dejar un trabajo de ventas de tecnología en 2009, la experimentación incesante ha ido de la mano con su enfoque de "aprende sobre la marcha" en la elaboración del vino.

Sus vinos insignia provienen de tres viejos viñedos de Monastrell que él y su esposa, Kate Graham, han resucitado. Combinando viñas antiguas con un enfoque de alto riesgo en la fabricación del vino, la bebida es fermentada usando una técnica que ha sido utilizada tradicionalmente solo en uvas Gamay en la región francesa de Beaujolais. "No conozco a nadie que alguna vez haya intentado fermentar Monastrell de esa manera", dice Wallace. "Tomamos un riesgo, ya que éramos demasiado ignorantes para saber si eso se podía hacer o no".

Tres años después de su primera cosecha, apenas pueden mantenerse al día con la demanda. Dirty and Rowdy vendió la totalidad de su producción de 2011 en tres semanas.

Dentro de este movimiento de las bases, los enólogos prefieren mantener sus vinos a un precio accesible que embolsarse un margen de beneficio más grande. La mayoría de sus vinos rondan los 20 o 30 dólares. "Los vinos deben estar sobre la mesa. Deben ser parte de la vida", dice un enólogo de Massican, Dan Petroski. Con operaciones autosuficientes en todo el proceso, "tener un modelo basado en la venta directa es la única manera de mantener viable el negocio".

El objetivo de estos vinos es hacer que los consumidores experimenten con ellos. "El vino no debe ser puesto en un pedestal", dice Petroski. "El vino debe ser personal".

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