Una empresa de joyería que salva vacas

La firma Olivia Knox, creada por una joven estadounidense y su socia de Uganda, tiene un fin social; al usar los cuernos de una vaca africana para fabricar joyas y lentes, busca evitar su extinción.
vacas  (Foto: Getty)
Steve Hargreaves
NUEVA YORK -

La mayoría de los estadounidenses no van a África buscando iniciar una carrera. Pero eso es exactamente lo que está haciendo Shanley Knox, de veinticinco años de edad.

Educada como una cristiana evangélica en el norte de California, Knox pasó varios veranos en la universidad escribiendo para una organización de ayuda basada en la fe en Uganda. Pero pronto se desilusionó con el trabajo de caridad religioso.“Había una discrepancia entre lo que los lugareños querían y lo que se les estaba dando”, dijo.

Así que decidió emprender su propio negocio de venta de productos elaborados en Uganda a consumidores en Occidente.

Comenzó con cuentas de papel. Ahora se está volviendo mucho más ambiciosa.

Con su socia de negocios, nacida en Uganda, Olivia Byanyima, formó Olivia Knox, que busca fabricar y comerciar joyería, monturas de anteojos, trastes y otros productos hechos con los cuernos de una vaca venerada en Uganda.

“Sentí que asociarme con los lugareños era la forma más eficaz de ayudar a la gente”, dijo Knox. “Y puedo empezar una carrera por mí misma”.

Nota relacionada: Empresa social, ¿peleada con ganancias?

La empresa está recién creada -fue incorporada apenas en febrero- y comenzó con sólo 7,000 dólares, en su mayoría provenientes de miembros de la familia y de una campaña en Indiegogo.

Actualmente, la empresa tiene contratos con una fábrica local de Uganda y con una incubadora dirigida por el gobierno donde los artesanos hacen productos similares. Las ventas son modestas hasta ahora. La firma cuenta con tres cuentas de joyería -en Canadá, Irlanda y Estados Unidos- que aportaron tal vez 1,000 dólares el mes pasado.

Pero el plan es perseguir los negocios de la moda y los lentes de lujo, donde los marcos de cuerno de vaca exótica pueden costar hasta 15,000 dólares por par. Actualmente están explorando alianzas con empresas francesas y chinas. Knox, quien vive en la Ciudad de Nueva York, pasa gran parte de su tiempo cortejando a los diseñadores de moda. Dice que al menos media docena de ellos están interesados en los productos.

Una vez que tengan más compradores, planea abrir su propia fábrica en Uganda, posiblemente con los mismos artesanos y trabajadores que actualmente producen la mercancía. El objetivo es que las condiciones en la fábrica sean mucho mejores que las de muchas otras instalaciones locales.

Esto es parte de un gran énfasis en la responsabilidad social. Knox dijo que planea contratar a 10 mujeres locales a quienes se les pagará un salario digno, el cual dice que será de alrededor de 200 dólares al mes, o dos veces más que de lo que muchos trabajadores de la confección ganan. También están trabajando para unirse a un programa de la Organización de las Naciones Unidas enfocado en el empoderamiento de las mujeres.

Gran parte de esta responsabilidad social se enfoca en las vacas, conocidas como Ankole, que son sacrificadas por su carne en Uganda, mientras que los cuernos son subutilizados.

Durante siglos, las vacas, que son nativas de África, tuvieron un papel fundamental en el tribu nómada bahima, en la que Byanyima nació. Las personas vivían de su carne y de sus productos lácteos, y el animal se arraigó en la música y el folclore de la tribu. Todavía es intercambiado en las bodas (el precio de la mano de Byanyima en matrimonio: 14 vacas), y es una medida de riqueza. Se cree que usar un cuerno de la vaca es un afrodisíaco y que confiere otros poderes especiales.

A pesar de esto -y de sus grandes y coloridos cuernos- la raza está en peligro. Otras vacas producen más leche, así que los agricultores locales están cruzando a las Ankole con otras razas como la Holstein, lo cual finalmente elimina sus cuernos.

“Si estas vacas se extinguen, mi cultura se irá con ellas”, dijo Byanyima, de 34 años, que tiene un MBA por la Universidad de Columbia y dirige el aspecto financiero de la empresa.

La esperanza es que, al aumentar el valor de estos cuernos, los agricultores tengan un incentivo económico para mantener pura la raza.

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Byanyima, que ha estado en Estados Unidos desde 2003 y quien anteriormente trabajó en finanzas, se reunió con Knox en una fiesta de recaudación de fondos el otoño pasado. Se apresura a señalar las carreras contrastantes de ambas.

“Vine a Estados Unidos para encontrar una vida para mí misma, y ella está haciendo lo opuesto”, dijo Byanyima. “Uno no piensa buscar oportunidades en África, pero ahí están”.

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