Millennial va por la industria energética con el uso del hidrógeno

Experimentar con el gas a través de un go-kart le abrió una ventana al tapatío Raúl González para revolucionar el sector.
Hacia el futuro.  Raúl González, de 23 años, quiere revolucionar la industria energética con el uso del hidrógeno.  (Foto: Foto: Bruno Taverna)
Jimena Tolama /
CIUDAD DE MÉXICO (Revista Expansión) -

Raúl González cursaba en 2012 el segundo semestre de Ingeniería Mecatrónica cuando participó en el Electratón, un campeonato organizado por la Industria Nacional de Autopartes, con coches eléctricos armados por universitarios. "Ahí empezó todo", recuerda el joven.

El tapatío quería ir más allá y crear su propia competencia, pero con motores de hidrógeno y pilotos profesionales, que incentivara la investigación y su consumo como combustible en México.

En octubre de 2013 fundó Hydrosolver, dedicada al desarrollo y la comercialización de tecnologías de almacenamiento y distribución de energía basadas en hidrógeno, un gas que no contamina, pero cuya tecnología aún es cara.

Tras un intento fallido de aliarse con dos especialistas que le doblaban la edad, González conoció ese mismo año en un evento de networking en Monterrey a su actual socio y CTO de la firma, Juan Manuel Ávila.

“Descubrimos que la tecnología aplicada al auto la podíamos implementar en la industria de alimentos. Ahí radica nuestra innovación”, dice este ingeniero químico.

Conjuntaron sus conocimientos para crear un generador de 1.23 metros cúbicos en el que el hidrógeno transforma aceites vegetales en grasas, que se usan como conservadores. Quaker y la firma de lácteos Sello Rojo son sus primeros clientes, además de una pequeña planta en el sur de Estados Unidos, que depende de la primera.

“Poseen secciones de desarrollo pequeñas para generar el gas, ideales para experimentar”, señala González.

Estas ganancias financiarán su segunda división de negocio: la energía doméstica. “Es nuestro verdadero objetivo, que las personas se independicen de paraestatales o firmas gubernamentales para producir su energía y hasta distribuirla”, dice González.

Sus generadores se adaptan para producir y almacenar electricidad a través de tecnología solar o eólica. Aunque queda distancia por recorrer.

“La reforma energética ha abierto el camino”, agrega Ávila, “pero la CFE tiene un pésimo sistema de distribución que lo hace caro e ineficiente. El progreso podría estar en el hidrógeno, pero debe abaratarse su uso con una fuerte inversión en infraestructura”.

Hydrosolver opera desde 2014 en Texas, por las facilidades del gobierno en materia energética, y en el sureste asiático tiene en pruebas los generadores domésticos. González estima que dentro de cinco años puedan estrenarlos en ese mercado y en 10, en Estados Unidos. México tendrá que esperar.

“Los gobiernos piensan de una manera muy lineal y las nuevas tecnologías no dejan de crecer. Mientras los órganos reguladores no faciliten su entrada a los mercados, éstas se irán a un lugar en donde sí puedan exponenciarse”, advierte Peter Diamandis,
cofundador de Singularity University.

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González espera algún día hacer realidad la Fórmula H, su campeonato de autos de hidrógeno, pero primero, las casas. “Hacia allá va la tendencia”, dice.

Inversión: Raúl González y Juan Manuel Ávila invirtieron 10,000 dólares para crear el prototipo, que estuvo listo en 2013. En octubre de 2015 fueron financiados por la noruega Hydro con 2.5 millones de dólares a cambio de 10% de la compañía.

Ambas empresas trabajarán de la mano para atacar el mercado casero.

Oportunidad: Otras compañías, como la noruega Hydro o la estadounidense Praxair, crean hidrógeno a bajo costo, pero la transportación, la exportación y los impuestos terminan por elevar el precio. Hydrosolver instala las máquinas en las empresas para abaratar e impulsar su uso.

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Cómo gana dinero: Hydrosolver no cobra por máquina instalada (actualmente tiene 10 en cinco plantas), sino por ahorros generados en costos de producción y compra de hidrógeno. Actualmente, por equipo son 200,000 dólares anuales, de los que la empresa recibe 45%. en 2015 facturó 900,000 dólares.

Nota del editor: Este artículo fue publicado en la edición 1198 de la revista Expansión.

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