Pros y contras de emprender en edades tempranas

Los estudiantes de hoy son seis veces más propensos a emprender que las generaciones anteriores. Pero siete de cada 10 podrían fracasar e incorporarse al mercado laboral.
Aspiraciones empresariales.  El 50% de los jóvenes con deseos de emprender todavía estudia, según el reporte 2016 de GoDaddy.  (Foto: iStock by Getty Images)
Alejandro Maciel
CIUDAD DE MÉXICO (Expansión) -

Diana Robelo defiende que su vocación es emprender. Mientras estudiaba en la Universidad de Occidente, en Sinaloa, montó una agencia de marketing, pero no le satisfacía. A sus 23 años volvió a apostar por su sueño: en enero de este año viajó a Veracruz y concursó para entrar a iLab, una organización sin fines de lucro que incuba proyectos emprendedores con un componente de innovación. “No importa qué: el chiste es emprender, ser tu propio jefe, tener tus propios ritmos de trabajo”, dice.

Robelo forma parte de una generación seis veces más propensa a emprender mientras estudia que los jóvenes de los años 60 y 70, según el reporte Global Entrepreneur Survey 2016, realizado por la compañía de dominios web GoDaddy.

Las universidades se han convertido en los principales semilleros de futuros emprendedores. El informe Perfil emprendedor del estudiante universitario 2015-2016, que llevó a cabo el Observatorio de Emprendimiento Universitario de la RedEmprendia, revela que uno de cada tres universitarios podría emprender en los próximos tres años debido a su interés, habilidades en innovación y negocios, autoconfianza y tolerancia al fracaso.

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Ejemplos de esta tendencia en México abundan. A sus 20 años, Roberto García empezó a combinar su vida de estudiante en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) con su emprendimiento Pixan, una red colaborativa para financiar proyectos. Lo mismo hicieron Julieta Durán, Daniela Garnica y Samuel Rodríguez, estudiantes del Tecnológico de Monterrey, campus León, con su proyecto InZone, un concepto de gimnasios interactivos.

El interés de los estudiantes por emprender podría resumirse a dos causas, según Marc Segura, CEO de Play Business: la motivación de ser su propio jefe y por inspiración en casos globales de éxito. Víctor Moctezuma, fundador de iLab, agrega una tercera: falta de oportunidades laborales.

¿Tirar o no tirar la toalla?

El entusiasmo de los jóvenes se contrapone con la realidad: siete de cada 10 negocios no sobreviven en sus primeros cinco años de vida. Y 20 años después, sólo 11 de cada 100 siguen operando, según estudios del Inegi de 1989 a 2014.

Así como las universidades se han vuelto catapultas para que los estudiantes emprendan, también éstas reconocen que la mortandad de emprendimientos es un tema persistente. En 2009, la UNAM creó la Coordinación de Innovación y Desarrollo, de la cual depende el programa InnovaUNAM. En las 10 incubadoras que opera se han preparado 158 proyectos, de los cuales poco más de 20 se han graduado. “Tenemos una mortalidad muy alta”, reconoce Juan Manuel Romero, coordinador de la iniciativa.

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EPIC Lab, un laboratorio del ITAM que funciona como incubadora de proyectos, ha tenido un incremento de estudiantes interesados en emprender: en la primera generación, en el periodo 2014-2015, hubo alrededor de 500 alumnos involucrados en actividades del centro, y en la generación 2015-2016 la cifra subió a 729, según sus reportes de actividades. No obstante, las historias exitosas tampoco son comunes. “Tenemos tres o cuatro grandes casos de éxito; no son muchos pero son muy importantes”, asegura Nomara Parra, directora de Operaciones del centro.

Ante esta realidad, hay dos caminos después del fracaso: volver a emprender o incorporarse al mercado laboral. “Estos jóvenes no sólo salen a emprender un negocio, también se incorporan a las organizaciones para ejercer sus procesos”, dice Eduardo Pascual, director adjunto de Consultoría en Talento en Aon Hewitt.

El reporte de GoDaddy muestra que los emprendedores mexicanos no tienen miedo al fracaso: 75% de los encuestados mencionó que, si su empresa fallaba, intentarían de nuevo. Pero, si eventualmente ellos decidieran probar suerte del otro lado del mercado laboral, podrían aportar habilidades particulares.

“Una persona que emprende desde que estudia ya sabe lo que es enfrentarse al fracaso, desarrolló habilidad para vender, tiene adaptación e inteligencia social”, explica Gerardo Calderón, gerente de Mercadotecnia de Adecco México.

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Una opinión similar es la de William Gaber, quien ha trabajado durante más de 20 años en empresas de reclutamiento y actualmente es CEO de SuperChamba, una plataforma para buscar empleo. “Veo altamente deseable que una persona emprenda antes de tener su primer empleo”, dice. “Desarrolla habilidades y sensibilidades muy valiosas”.

Nomara Parra admite que un emprendedor tiene resiliencia, sabe trabajar en equipo y piensa diferente. “Cada semana recibo correos de al menos seis empresas que me piden los currículum de chicos del laboratorio”, asegura.

Deseados, sí, reconocidos, no

El mercado laboral aún no parece estar preparado para esta nueva ola de trabajadores. Los especialistas coinciden en que una porción muy pequeña de empresas ha desarrollado posiciones especiales dentro de la organización para este talento emprendedor, por lo que nada les garantiza una mejor valoración ni remuneración con respecto a otros empleados sin experiencia en negocios propios.

Falta valorarlos mejor, insiste Gaber, pero también cree que otro desafío dentro de las empresas es superar los prejuicios en torno al fracaso. “En otros países, cuando fracasas te vuelves una persona respetada, pero en México no”, apunta el especialista. “El emprendedor que fracasó es resiliente y, por tanto, te puede aportar más a tu empresa”.

Pros y contras

Iniciar un negocio ayuda a las personas a desarrollar habilidades valiosas para el mundo laboral, pero, según los especialistas, también genera áreas de oportunidad.

Fortalezas

  • Desarrollo de habilidades sociales. Un emprendedor se debe a su capacidad de crear un equipo y generar una sólida red de networking.
  • Flexibilidad. Ante un escenario de cambio, el emprendedor debe saber responder de la manera adecuada y adaptarse a cualquier situación.
  • Creatividad. Es común que los emprendedores tomen cursos de design thinking u otras metodologías. Esto ayuda a aplicar el pensamiento creativo para solucionar problemas.
  • Habilidad financiera. Sus conocimientos se convierten en tres habilidades: sacar provecho a la relación dinero-tiempo-energía, saber analizar los mercados a futuro y hacer ajustes necesarios en la empresa.
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Debilidades

  • Falta de experiencia laboral. Algunas compañías no le dan el mismo valor a emprender que a haber trabajado.
  • Dificultad para adaptarse a una cultura corporativa. Cuando un emprendedor llega a una compañía, suele encontrar procesos con los que no siempre está de acuerdo.
  • Percepción de inestabilidad. Hay compañías que temen invertir en un empleado que puede abandonar la empresa a la menor oportunidad de emprender.
  • Falta de foco. Una mente que se acostumbra a pensar en múltiples proyectos a la vez suele ser una mente dispersa. Para un trabajo corporativo, esta puede ser más una desventaja que una ventaja.

Nota del editor: Una versión de este texto se publicó en la edición 1207 de la revista Expansión (1 de marzo de 2017).

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