Empresario brasileño confiesa pago de soborno a cambio de obras del Maracaná

Fernando Cavendish, propietario de la constructora Delta, confesó que pagó sobornos para garantizar que su firma haría la reforma del estadio Maracaná de Río de Janeiro antes del Mundial en 2014.
Además del Maracaná de Río de Janeiro, están bajo supervisión el Mané Garrincha de Brasilia, la Arena Pernambuco de Recife, la Arena Castelao de Fortaleza, la Arena da Amazonia de Manaos y la Arena Corinthians de Sao Paulo.
Bajo la lupa  Además del Maracaná de Río de Janeiro, están bajo supervisión el Mané Garrincha de Brasilia, la Arena Pernambuco de Recife, la Arena Castelao de Fortaleza, la Arena da Amazonia de Manaos y la Arena Corinthians de Sao Paulo.  (Foto: Reuters)
RIO DE JANEIRO (EFE) -

El empresario brasileño Fernando Cavendish, propietario de la constructora Delta, confesó que pagó sobornos para garantizar la participación de su firma en el consorcio al que le fue adjudicado la reforma del estadio Maracaná de Río de Janeiro antes del Mundial de futbol de Brasil en 2014.

En el testimonio que rindió el lunes ante el juzgado séptimo federal de Río de Janeiro, Cavendish, que cumple una prisión domiciliar desde junio del año pasado en otro proceso, dijo que los sobornos fueron exigidos por el entonces gobernador de Río de Janeiro, Sergio Cabral, del que era un amigo bastante cercano.

Cabral, que purga una condena por corrupción, es acusado de haber cobrado sobornos a todas las empresas que se adjudicaron contratos durante su administración (2007-2014) para construir las obras con las que Río de Janeiro se comprometió tanto para el Mundial de Brasil 2014 como para los Juegos Olímpicos de 2016.

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Cavendish admitió que, tras el pago de la comisión ilegal, la empresa Delta, con una participación del 30%, fue incluida en el consorcio que se adjudicó las obras de remodelación del Maracaná, que era liderado por las constructoras Odebrecht y Andrade Guterrez.

El empresario relató que conversó con el gobernador sobre el interés de su empresa en participar en el consorcio y que Cabral le respondió que había acordado con Odebrecht el pago de una comisión ilegal equivalente al 5% del contrato, por lo que tendría que aceptar esa condición para sumarse al proyecto.

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"Me dijo que aceptaba (la participación de Delta en el consorcio) pero que era necesario llegar a un acuerdo sobre el soborno de 5 %. Estuve de acuerdo y fue eso lo que ocurrió", afirmó Cavendish, que no citó cifras sobre lo pagado ilegalmente, en su testimonio ante el juez Marcelo Bretas.

El ejecutivo agregó que en la época tenía una gran proximidad con Cabral y que el soborno fue pagado en varias cuotas en dinero en efectivo a lo largo de las obras hasta 2012, cuando Delta se retiró del consorcio debido a que ya estaba en la mira de la Justicia por su participación en otras corruptelas.

El empresario negó las declaraciones de Cabral en el sentido de que todos los dineros pagados de forma irregular por empresas con contratos con la gobernación de Río de Janeiro eran para financiar campañas electorales.

El exgobernador, en una estrategia para intentar reducir sus condenas, alega que fue responsable por irregularidades electorales y no por la recepción de sobornos.

"En mi caso específico el dinero no era para financiar campañas, incluso porque 2011 no fue un año de campañas", aclaró Cavendish.

El empresario es reo en un proceso en que se acusa a Delta de utilizar empresas fantasmas para, mediante el pago de sobornos a agentes públicos, transferir cerca de 370 millones de reales (unos 119.3 millones de dólares) que la constructora recibió por contratos con precios facturados por encima de su valor real.

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Los desvíos de los recursos públicos usados en la reforma del Maracaná también son objeto de otros procesos y ya llevaron a un juez a embargar unos 64 millones de dólares de las tres constructoras responsables por las obras.

Según la Fiscalía, la reforma del Maracaná tuvo un valor en un 75% superior al inicialmente previsto, con un costo final de 1.200 millones de reales (unos 387 millones de dólares), pese a que ya había sido remodelado con motivo de los Juegos Panamericanos que Río de Janeiro organizó en 2007.

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Dirigentes del grupo Odebrecht que aceptaron colaborar con la Justicia en investigaciones sobre corruptelas a cambio de las reducciones de sus condenas admitieron que la mitad de los 12 estadios que Brasil construyó o reformó para el Mundial de 2014 tuvo sobrecostos intencionados por las propias constructoras para desviar dinero.

Los estadios bajo sospecha, además del Maracaná de Río de Janeiro, son el Mané Garrincha de Brasilia, la Arena Pernambuco de Recife, la Arena Castelao de Fortaleza, la Arena da Amazonia de Manaos y la Arena Corinthians de Sao Paulo.

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