Bar Refaeli dice con su figura saludable, adiós a las ‘modelos esqueleto'

Durante más de una década, el mundo de la moda ha impuesto peso y medidas para la mujer ideal; Refaeli ha cambiado esos parámetros.
Bar-Refaeli  Sin Pie de Foto
Daniel Krauze
Autor: Daniel Krauze | Otra fuente: LIFE & STYLE
(Life&Style) -

Más que perchas andantes, hoy en día las modelos son un barómetro de los gustos del público masculino. Como símbolos, esas mujeres (ataviadas con un vestido de Armani o apenas cubiertas por un bikini milimétrico) reflejan el físico que nos atrae, lo que buscamos en una chica perfecta, aquello que verdaderamente nos llama la atención.

Según el mundo de la moda, hace poco más de diez años nuestro símbolo era Kate Moss. Ese cuerpo repleto de huesos, desprovisto de curvas, casi andrógino; esa mirada vacía, mirando al lente con apatía, al parecer creada para observarnos a través de una fotografía blanco y negro; esa era nuestra “mujer perfecta”. Y que ese fuera nuestro paradigma de belleza (la chica inalcanzable, el deseo de millones) hablaba mal de nosotros. ¿Dónde habían quedado las mujeres mujeres?, ¿dónde se había extraviado (en nuestro imaginario colectivo) el cuerpo generoso de Bo Derek, la abundancia de Marylin Monroe, la coquetería de Cindy Crawford, la chispa de Farrah Fawcett? Habíamos dejado de interesarnos en mujeres para interesarnos (no digamos en niñas) en esqueletos sin vida.

Y ahí es donde entra Bar Refaeli.

La vemos en la portada de Sports Illustrated, a todo color, con sus ojos azules titilando desde el otro lado del papel; la vemos brincando de alegría en un par de fotografías, parada frente al avión de la misma revista: un avión tapizado con su imagen; la vemos en cualquier alfombra roja, sonriendo, presumiendo esa figura que nada tenía que hacer en un uniforme militar israelí.

Esta vez, la elección de mujer que el mundo de la moda ha tomado por nosotros habla muy bien del género masculino. Porque, más que sensualidad, Refaeli derrocha vida. Su cuerpo (el molde del que deberían de salir todos los maniquís de todas las tiendas de traje de baño), su melena rubia y rostro pecoso son sólo tres elementos dentro de esa mezcla despampanante que compone a la modelo israelí.

Verla y quererla es pedir más mujeres así: mujeres reales, mujeres que no están escindidas entre el cuerpo de una impúber y el cuerpo de una veinteañera, mujeres intimidantes, de esas mujeres que no están para adornar. Habla bien de nosotros desear a Refaeli en vez de Kate Moss: habla de que nos gustan los retos.

Todo esto, ¿hace que (Leonardo) DiCaprio sea una especie de semidiós? No exactamente. 

Verán, la realidad es que nunca sabremos cómo es Bar Refaeli en persona. Puede que detrás de ese físico luminoso haya una chiquilla taimada y miedosa, una mujer que sabe actuar delante de la cámara, una persona sosa y aburrida. Pero eso debe de importarle a “Leo”; a nosotros no.

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Esta modelo, como todas las mujeres de su profesión, representa un ideal, una estampa, a veces una meta. Así que más nos vale ponernos a chambear. Y esperar que, aparte de deslumbrante, nuestra Refaeli personal sepa hacernos reír.

Daniel Krauze tiene una maestría en escritura dramática. Su primera novela, Cuervos, fue editada por Planeta en 2007.

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