Saber sobre la mala conducta de los famosos es irresistible para muchos

Pareciera que los deslices de las celebridades nos son tan llamativa por nuestro frecuente contacto con ellos a través de los medios
paris hilton  paris hilton
Phil Rosenbaum
Autor: Phil Rosenbaum
NUEVA YORK, Estados Unidos (Reuters) -

Algunos estadounidenses pasaron la noche del viernes preocupados por el pago de su hipoteca. Otros rezaron por sus seres queridos en  Iraq y Afganistán. Otros siguieron limpiando el derrame de petróleo del Golfo.

Paris Hilton, entretanto, estaba paseando por Las Vegas con un amigo en un Cadillac Escalade Negro, hasta que un policía de tránsito pensó haber olido marihuana y los detuvo.

Mientras ocurría el hecho, los coches que pasaban disminuían la velocidad y un centenar de personas se agruparon para tomar fotografías y ver cómo Hilton hacía noticia otra vez.

Justo antes de pedir permiso para ir al baño en el hotel Wynn, Hilton pidió sacar bálsamo para los labios de su bolsa. Al abrirla, el oficial notó que un “paquete pequeño” en una “bolsita clara” se cayó, según el reporte policial.

Hilton, que fue arrestada por sospecha de posesión de al menos de un gramo de cocaína, dijo que la bolsa y la sustancia polvorosa no eran de ella, dice el reporte.

Ese no fue el primer encuentro de la heredera hotelera de 29 años con la ley. Medios de comunicación, bloggeros y expertos de Hollywood, seguramente escudriñarán el arresto con gran detalle y especularán por días sobre si este hecho será el último.

Con todos los problemas que el mundo afronta –cambio climático, terrorismo, crisis económica y más- ¿por qué nos importa tanto que las celebridades como Hilton se metan en problemas?

“En los últimos cuatro años 28,000 personas han sido asesinados en un país que comparte frontera con nosotros, y el país que se supone es el más seguro de Medio Oriente ahora tiene 20 millones de desplazados”, dijo Danny Bonaduce, un ex actor infantil en la serie de los setenta “The Partridge Family”, haciendo referencia a la guerra de la droga en México y a las recientes inundaciones en Pakistán.

“La noticia es mala. ¿Quién quiere saber cuándo veremos a Lindsay Lohan ahogándose en una mar de Vicodin?”, dijo Bonaduce, presentador de un programa de radio en Philadelphia.

De Hilton a Mel Gibson a Britney Spears, Tiger Woods y Martha Stewart a Lindsay Lohan, O.J. Simpson, Pee Wee Herman, Geroge Michael, Michael Jackson y Fatty Arbuckle e incluso hasta Adán y Eva, el apetito por la mala conducta de los famosos parece insaciable.

En estos días, los estadounidenses y todas las personas alrededor del mundo nunca se aburren de comentar los errores de las celebridades e incluso prefieren eso a asuntos más apremiantes.

“Es sólo que es  mucho más divertido que enfrentar lo que en realidad pasa”, dijo Bonaduce, de 51 años, que habla abiertamente sobre la “montaña de drogas” que ha consumido y las veces que fue atrapado violando la ley.

Las personas siempre han estado cautivadas por la realeza, y las celebridades son la nueva realeza, dice Jane Velez-Mitchell, escritora y presentadora de Issues del canal HLN.

Pero hay un lado más oscuro al enfocarse en las desgracias de los ricos y famosos y la emoción que viene con eso, dice Velez-Mitchell, que escribe y con frecuencia sobre su batalla exitosa contra el alcoholismo.

“Creo que hay cierta satisfacción perversa que todo el mundo siente cuando ven a alguien que lo tiene todo –dinero, fama, poder, buen físico, el mundo a sus pies- y sin embargo parece ser tan miserable como cualquier persona o uno mismo”.

Mario Lavandeira, mejor conocido como Perez Hilton y famoso por su propia cuenta como un bloggero de celebridades, compara la obsesión de seguir las travesuras de los famosos a la necesidad de fisgonear y ver cuando hay un accidente de coche.

“Mientras en mayor escala sea, más personas lo ven, por eso más personas son propensas a bajar la velocidad del coche”.

El factor principal es la familiaridad, dice Robert Thompson, profesor de cultura popular en la Universidad de Syracuse.

Cuando los extraños chismosean con frecuencia necesitan un vínculo más común que el de los amigos y la familia, dice Thompson.

“No conozco a tu tía Carol y tú no conoces a mi familiar que está en problemas así, no hay una conexión ahí”, dijo Thompson.

“Podemos hablar sobre la última grabación de Mel Gibson. Él representa a todos nuestros familiares. Él es el loco ‘tío Mel’ de todos”.

Mirar a las celebridades caer en desgracia o enloquecerse hace que el resto de nosotros nos sintamos mejor sobre nosotros mismos, dice Liz Miele, una comediante de Nueva York.

“Es sólo que nos sentimos mejor que ellos. Vivimos estas vidas mundanas y tediosas o al menos así es como nos sentimos la mayoría del tiempo”, dijo Miele, de 25 años.

“Luego cuando alguien famoso insulta a su novia, o alguien termina en rehabilitación, o alguien es detenido por conducir ebrio, de repente somos como ‘yo no he estropeado mi vida tanto como eso’”.

Aún, la fama implica privilegios, y en ocasiones permite salir del problema mejor librado que las personas comunes.

El hecho de que las celebridades son mucho más difíciles de reemplazar en su trabajo que un conserje o un técnico de computadoras, por ejemplo, puede ser la razón clave de que no paguen todo el precio de su mala conducta, según dice un estudio de 2004 de Todd Kendall, de la Universidad Clemson.

Pero no hay tratamiento de alfombra roja para Hollywood en su propio territorio, según el Departamento de Policía de Los Ángeles, que hace un considerable aporte de famosos que incumplen la ley.

“Desde la perspectiva de un policía, tratamos a todo el mundo de la misma forma”, dice la  oficial Karen Rayner, vocera de la policía de Los Ángeles.

“Cuando un arresto se vuelve un evento mediático, el Departamento de Policía de Los Ángeles despliega suficientes recursos para garantizar la seguridad del público y del individuo”, dijo.

Aunque es claro que a millones de personas les gusta ver las últimas revistas, ver los incontables blogs y ver programas de televisión que repiten las travesuras de las celebridades, ¿es segura esa forma de escapismo (de la propia realidad)?

Sí, pero en dosis moderadas, dice Judith Kuriansky, psicóloga clínica de Nueva York que enseña en la Escuela de Maestros de la Universidad de Columbia.

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“Si haces algo que está más relacionado a tu propia vida en lugar de compararte con alguien más, entonces eso será un paso significativo para tu  salud”, dice Kuriansky.

“Ir a un museo, aprender un nuevo deporte, empezar un nuevo hobby, ir a clases de cocina, cualquiera de esas cosas ciertamente son más sanas que mirar la vida de alguien más, ya sea tu vecino o un famoso”.

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