Historiadores aclaran lo que es cierto o mito del penacho de Moctezuma

La diadema de plumas de quetzal en poder de Austria no fue robada ni hay pruebas de que haya sido usada por el emperador azteca, Moctezuma
penacho de moctezuma
penahco  penacho de moctezuma  (Foto: )
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Autor: Verónica Díaz Favela | Otra fuente: CNNMéxico

Los principales mitos que rodean a la pieza prehispánica que ha sido motivo de una larga disputa diplomática entre Austria y México son falsos. El penacho del emperador azteca Moctezuma no fue robado –como dicta la creencia popular– ni hay pruebas de que el gobernante lo haya usado alguna vez.

La expectativa sobre el posible regreso del penacho a México resurgió este domingo cuando la directora general del Museo de Historia de Arte de Viena, Sabine Haag, confirmó que negociaba con autoridades mexicanas el préstamo temporal del penacho a cambio de la carroza de Maximiliano.

El penacho forma parte del acervo del Museo de Etnología de Viena (MEV). La historia de cómo terminó ahí es "confusa y accidentada", explica Iván Escamilla, historiador del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Autónoma de México (UNAM).

En medio de la confusión hay una certeza: "Tenemos claro que su salida del país no fue resultado de un saqueo", explica Escamilla sobre el tocado de plumas de quetzal engarzadas en oro y piedras preciosas.

"La gente condena en bloque todo lo que haya sucedido durante la Conquista". Cualquier acción asociada a ese periódo histórico se le califica como pillaje, pero en cuanto al penacho, "es un mito que haya sido robado".

En el siglo XVI el actual territorio mexicano era un conjunto de pueblos en el que el principal tlatoani, Moctezuma, hizo varios obsequios al conquistador español, Hernán Cortés, como una forma de establecer relaciones. Entre los regalos estuvo el penacho.

Cortés lo envió junto con un centenar más de regalos al rey Carlos I de España y V de Alemania en un navío, pero el barco fue saqueado por piratas, cuenta Escamilla. Desde entonces, cambió de propietario en varias ocasiones.

"Era uno de tantos objetos que provenían de un mundo que no se conocía. Tanto eruditos como miembros de la realeza los buscaban con avidez para incluirlos en sus colecciones", relata el historiador.

El penacho ingresó a la colección privada de un príncipe de la casa de Austria, que con el paso del tiempo llegó a formar el acervo del MEV.

En varias ocasiones, México ha solicitado a Austria el préstamo el penacho, pero el país europeo se ha negado a hacerlo por temor a que no sea devuelto.

El fallecido ex presidente austriaco Thomas Klestil, los socialdemócratas y los verdes del Parlamento de Austria, se han manifestado a favor de que su país regrese incondicionalmente la pieza a México, como tributo a que ésta fue la única nación que no reconoció la anexión de Austria por la Alemania nazi en 1938.

¿Lo usaba Moctezuma?

Los tlatoanis "no usaban penachos sino diademas de oro que resplandecían", explica el historiador del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, Jorge Traslosheros. Es posible que la pieza fuera un penacho ceremonial, agrega.

"No tenemos certeza de que Moctezuma siquiera se lo haya puesto una sola vez en la vida (…) escribir que era propiedad o un bien de Moctezuma es falsear la naturaleza de la pieza", complementa Escamilla.

El concepto de propiedad, agrega Escamilla, surge en el mundo occidental. La idea que tenemos de una corona de un rey europeo no necesariamente coincide con la del penacho de un tlatoani.

¿Por qué causa entonces tanto interés su regreso a México? "Porque el nacionalismo mexicano se ha construido sobre la noción de que el origen del país está en los tiempos prehispánicos, y lo que se relacione con la cultura prehispánica se exalta", responde Escamilla.

"Es natural que se vea como un símbolo de la nación", aunque matiza, "no es la única pieza prehispánica, ni la más valiosa, fuera de México."

Hay valiosos códices prehispánicos y coloniales en bibliotecas de Inglaterra, Francia y España, y su presencia en el extranjero, al igual que la del penacho, sostiene Escamilla, "contribuye a que se difunda nuestra historia".

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