Las posibilidades del príncipe Carlos de ser rey de Inglaterra se alejan

Cada vez se ve más lejano el momento en que el heredero del trono se convierta en rey, ante la creciente popularidad de su hijo Guillermo
principe de Gales
principe Carlos  principe de Gales
Bob Greene
Autor: Bob Greene | Otra fuente: 1
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Nota del editor: Bob Greene es colaborador de CNN y autor de los best-sellerAnd You Know You Should Be Glad: A True Story of Lifelong Friendship’ y ‘Late Edition: A Love Story’.

(CNN) La realeza no debe mostrar ninguna emoción extravagante hacia el exterior, pero no se puede culpar al príncipe Carlos si, en el interior, se siente un poco ansioso.

Tiene 62 años y ha estado esperando ser rey por mucho tiempo. El trabajo es suyo por derechos de nacimiento, pero no puede aplicar a él. Su madre, la reina Isabel, cumplirá 85 el próximo año. Ella ha sido reina desde los 25 años, y no parece ser una mujer que piense en abandonar su puesto.

Este mes, el hijo mayor de Carlos, William, contraerá matrimonio con Kate Middleton en una ceremonia que será vista en todo el mundo. Últimamente se ha hablado de que, quizás, la línea de sucesión se brinque una generación –que Carlos se haga a un lado y permita a su hijo ser el próximo rey de Inglaterra. William y Kate parecen estar destinados a ser brillantes y populares. Carlos, por una variedad de razones, no es visto universalmente de esa forma.

Lo fue alguna vez. William tiene 28; la única ocasión en la que me reuní con Carlos él también tenía 28. Carlos visitaba Estados Unidos, donde se realizó un coctel de bienvenida en su honor en el que se mezcló con facilidad mientras sostenía un gin tonic en la mano e hizo una conversación informal y alegre. Esto fue antes de Diana. Carlos fue considerado como el epítome del glamour y el refinamiento, y cuando no era descrito en la prensa como "el próximo rey de Inglaterra" se le llamaba "el soltero más codiciado del mundo".

Carlos a los 28… así movió a través de un cuarto, de una vida, con un aire de confianza que venía de saber que la altura máxima sería eventualmente suya. A los 28, no parecía ser una persona que gastara mucho tiempo pensando que quizás, un día, tuviera 62 y seguiría siendo el príncipe de la espera.

En ese entonces, él no era descrito como una figura melancólica, malhumorada y compleja. La revista Time, durante ese período, lo puso en portada titulándolo El hombre que será rey. La revista escribió:

“Si Charles Philip Arthur George Mountbatten-Windsor no existiera, ¿quién podría inventarlo? Considere. Puede pilotear un jet y sabe lo suficiente de helicópteros como para ayudar a repararlos. Ha comandado un navío de la Marina Real a través de tormentas del Atlántico Norte con la habilidad que un balandrista maneja en una carrera.

"Juega agresivamente más de tres handicap de polo y es un paracaidista calificado. Es un talentoso chelista aficionado que puede conmoverse hasta las lágrimas al escuchar la música de Berlioz. Ha buceado en el Caribe, esquiado por los Alpes, bailado samba con las bellezas de Brasil.

"Es un gran estudioso de historia, puede dar un discurso persuasivo sobre las virtudes olvidadas de su antepasado el rey Jorge III, y es anfitrión y entrevistador en una serie de televisión sobre antropología... Él es dueño de una casa señorial de 3000 hectáreas en Kent, a la que llama 'el piso del soltero más deseado en Europa'. Tiene un ingenio travieso, cortés, una sonrisa contagiosa...”

Con esa descripción se tiene la fotografía. Pero ahora es su hijo quien tiene 28 y por quien los reflectores se mantienen atentos y acogedores.

En los 50, hubo un programa de televisión en Estados Unidos llamado Reina por un día. Fue bastante horrible, pero tenía una gran audiencia. El conductor, Jack Bailey, entrevistaba a las concursantes, todas con historias desgarradoras de la privación de la libertad, la pobreza, las enfermedades y las penurias. Después, la audiencia del estudio, con sus aplausos, escogería sólo a una para obtener el título ese día.

Una orquesta interpretaría Pomp and Circumstance. La ganadora sería cubierta por una túnica real, le colocarían una corona sobre su cabeza, la llevarían a un trono, le regalarían un ramo de flores y la colmarían de regalos caros, ella sería reina por un día. 

Casi desearías que algo así se pudiera hacer por Carlos –que, incluso si se decide en el Palacio de Buckingham que el ascenso de Guillermo se acelere, su papá pueda ser rey, aunque sea por un día.

¿Imposible? Nada es imposible para la realeza. La reina Isabel seguro conoce uno o dos buenos abogados. Los papeles pueden ser firmados.

Hay hombres en Estados Unidos que son felices porque participan en las ligas mayores, a veces con sólo batear una vez. Es todo lo que siempre quisieron, y lo obtuvieron, por un día. Después de eso, podrán morir felices.

Carlos no tiene muchas opciones. En el mundo de los negocios, los altos ejecutivos que parecían estar destinados a ser presidentes de su compañía y son dejados a un lado, simplemente terminan trabajando para otras grandes compañías. Y esta ruta no está disponible para Carlos. Si se determina que Guillermo debe ser rey, Carlos no puede empacar sus maletas y convertirse en rey de, por ejemplo, España o Suecia.

Su madre ha sido reina por 59 años. Ella puede delegar su trabajo sobre alguien más por sólo tres razones: muerte, abdicación o retiro.

¿Rey por un día? Ciertamente sería un reinado memorable, incluso aunque durara sólo 24 horas. Algo fascinante para los libros de historia.

Y qué momento sería la mañana siguiente cuando Carlos, dejando el trono y el palacio después de un atardecer, observara a Guillermo y, con una sonrisa de padre, asintiera con la cabeza y le arrojara las llaves.

Las opiniones expresadas en este comentario son únicamente las de Bob Greene.

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