'Frankenweenie', un homenaje de Tim Burton al cine clásico de terror

El director vuelve a las salas con un mejor guión que sus filmes anteriores, donde al parecer solo actuaba como un decorador
Frankenweenie
Frankenweenie  Frankenweenie
Autor: Tom Charity | Otra fuente: 1

Nota del editor: Esta reseña puede revelar partes importantes de la trama, por lo que si no quieres conocerlas te recomendamos no seguir leyendo.

(CNN)— Frankenweenie, la película más disfrutable de Tim Burton en mucho tiempo, sugiere que el director de varios éxitos de taquilla fantásticos trabaja mejor cuando lo hace para un público específico: él mismo.

No es difícil detectar el estilo de Burton: siempre están presentes los gráficos barrocos y fantasmagóricos, el humor macabro y las moralejas enrevesadas. Normalmente, Johnny Depp está allí. Pero últimamente, Burton ha parecido más un estilista o decorador que director de cine. Aunque sus películas más recientes mantienen su clásico estilo y su atractivo visual, han carecido de personajes e historias interesantes.

Frankenweenie es diferente. Existe una conexión emocional directa: esta vez es algo personal y está perfectamente equilibrado. El ingenioso guión de John August está basado en un corto que Burton produjo hace casi 30 años: es la historia de un niño que hace de Frankenstein para tratar de revivir a su perro. La cinta dura 80 minutos más que el corto, pero esa es su esencia: una animación en 3D, en resplandeciente blanco y negro, que combina un homenaje a las viejas películas de terror con la clásica historia de un niño y su perro.

Víctor (con la voz de Charlie Tahan) es un muchacho introvertido pero ingenioso al que le gusta hacer películas de monstruos protagonizadas por su mejor amigo, Sparky. Animado por su padre a salir a la calle para jugar beisbol con otros niños, Víctor vive un inesperado momento de gloria cuando logra un home run. Sin embargo, el triunfo se convierte en una tragedia cuando Sparky corre tras la pelota hasta la calle y un auto lo atropella.

Hasta ahí llegaría la historia, de no ser porque el nuevo maestro de Víctor, el Sr. Rzykrusky (con la voz de Martin Landau) lo inspira a pensar en grande para una feria de ciencias. También están las peculiares tormentas eléctricas de este pueblo.

Al regodearse en el estilo expresionista y sombrío de las primeras películas con sonido, Burton no logra igualar la escena de la resurrección del Frankenstein original de 1930, de James Whale, pero se divierte creando una caja de resonancia contemporánea en la que los compañeros de clase de Víctor son los clones enanos de los fieles seguidores de la criatura veterana de los estudios Universal.

Uno de los niños, jorobado y con los dientes separados, es Ygor; otro es un asiático de mente siniestra; está la niña rara que cree que las heces de su gatito predicen el mal. Los padres son más tenebrosos que los niños y forman una turba iracunda cuando sus pequeñines empiezan a interesarse demasiado en la ciencia. (Tienen algo de razón: cuando algunos proyectos se salen de control, un grupo de enfurecidos monstruos se incorpora al desfile del pueblo).

Sin embargo, Víctor es un gran héroe, de entrada más simpático que su famoso homónimo, y el remendado Sparky tiene personalidad —y patas— de sobra. A veces se le caen pedazos, y cuando bebe agua, gotea, pero no es nada que Víctor no pueda resolver.

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Luego de ParanormanHotel Transylvania y Frankenweenie, parece que Hollywood domina la categoría de terror familiar.

Los niños más impresionables pueden asustarse con el cementerio gótico de mascotas y aterrorizarse en el violento clímax. Es probable que la película de Burton atraiga más a los papás, a cualquier admirador de Boris Karloff y a los adolescentes retorcidos que buscan ideas para reanimar sus proyectos de ciencias. Solo agrega condimentos.

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