El Tianguis del Chopo deja un legado de cultura en el Vive Latino

A 33 años de su creación, los fundadores del mercadillo cultural se mezclan con las nuevas generaciones, amantes del ska y el hip-hop
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| Otra fuente: CNNMéxico
(CNNMéxico) -

En 1980, un grupo de jóvenes se reunió durante cuatro semanas en una calle del norte de la Ciudad de México para intercambiar discos, en una época en que la música circulaba de mano en mano, no en iTunes o YouTube.

El encuentro ocurrió frente al Museo del Chopo —un edificio vanguardista del siglo XIX que alberga exposiciones desde 1975— y “fue un exitazo”, por lo que se ha replicado varias veces y en varios puntos de la ciudad, como el Festival Vive Latino, recuerda Ramón Castillo, quien estuvo presente desde su inicio.

“No pensamos que fuera a tener una vigencia”, dice Castillo a CNNMéxico, mientras atendía su local de revistas de rock junto a uno de los escenarios el VL13. “Creamos un Frankenstein que ha abierto la cultura a la sociedad”.

A casi 33 años, el Tianguis Cultural del Chopo “ha evolucionado en calidad y cantidad” y “hay una mayor diversidad de géneros”, afirma Castillo.

Como ejemplo de esto, el rockero de 61 años se refiere a esta edición 14 del festival, donde el tianguis —mercado ambulante, en lengua indígena— compartió el Foro Sol de la capital mexicana con grupos de cumbia. “Ayer vinieron Los Ángeles Azules… es como un pecado para los roqueros, pero todos los chavos estaban bailando”, dice.

Para la edición 14 del Vive Latino, fueron distribuidos más de medio centenar de locales de El Chopo, como es conocido comúnmente, cerca de la Carpa Intolerante, un espacio del festival consagrado a las bandas alternativas.

A diferencia de su primer encuentro, cuando los intercambios eran “trueques” de discos entre aficionados, los casi 4,000 locatarios que integran ahora venden todo tipo de objetos alusivos a las culturas urbanas: collares con picos y botas para los clientes punks, muñecos de peluche típicos del SKA, banderas anarquistas para los skinheads, entre muchos otros.

Los jóvenes envejecieron

José Varón, otro locatario, ubica distintas divisiones entre quienes integran el tianguis; unas por diferencias ideológicas, otras por intereses comerciales e incluso por política, pero destaca la brecha generacional entre quienes iniciaron el Chopo —aficionados al rock, rockabilly y algo de heavy metal— y los que llegaron después, influenciados por el ska, el hip-hop y el movimiento del grafiti en la década de 1990.

“Se repitió la historia del subversivo que llega al poder y trata mal a los que están abajo”, dice Varón, de 32 años, para referirse a quienes llama “los choposaurios”. Para el también fotógrafo y grafitero, “el rock debe ser para todos” y no estar sujeto a una corriente musical.

Pero la diferencia de edades significa para Ramón Castillo una mayor diversidad cultural. “Ahora convivimos más con los jóvenes y en mi época no era así”, afirma.

Entre la renovación y la decadencia

En el último día del VL13, el panorama del Chopo es muy distinto al de los 80 y 90. Algunos curiosos revisan las revistas de rock, compran perforaciones o saludan a los locatarios, pero prácticamente se ha perdido la razón de ser del tianguis, según Castillo.

“El disco, el acetato era la sangre del Chopo. Unos cuatro o cinco (locatarios) aún los venden a coleccionistas, pero los jóvenes ya no compran música porque la tienen en internet”, dice.

José Varón asegura que este año fue el peor en ventas de los cuatro que lleva participando en el festival y lo atribuye a la apatía de los jóvenes por la cancelación del británico Morrisey, uno de las figuras centrales del cartel. “El Chopo ya es una piltrafa de lo que fue”, dice.

Sin embargo, el Chopo es ahora promovido por distintos gobiernos y grupos empresariales, como el que organiza el Vive Latino. Y a diferencia de su inicio, ahora cuenta con algunas instalaciones y espacios avalados por la autoridad.

Y aunque lidia con el avance tecnológico, la apertura cultural podría servirle para recuperar terreno, según Ramón Castillo. “Otros intentos (de tianguis) han fracasado, porque los chavos siempre han visto qué es genuino”, afirma.

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