Estudiantes de teatro en México recuerdan a compañeros desaparecidos

Estudiantes de la UNAM buscan recordar a universitarios asesinados o desaparecidos en los últimos años con el proyecto 'Campo en ruinas'
Daniela Rea
Autor: Daniela Rea | Otra fuente: CNNMéxico
CIUDAD DE MÉXICO (CNNMéxico) -

En una construcción inacabada, con habitaciones iluminadas por veladoras, un joven toca el saxofón mientras una chica repite: “Tengo miedo de salir a la calle y nunca regresar. Tengo miedo de salir a la calle y nunca regresar….”. 

Así inicia Campo de ruinas, proyecto creado por estudiantes de Teatro de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) para recordar a sus compañeros asesinados o desaparecidos en hechos de violencia.

Anya Deubel, una de las creadoras de esta obra dice que en Campo de ruinas -que cumplió un año el 31 de marzo-, participan al menos 55 estudiantes de diferentes universidades del país. En ese periodo se ha presentado en la UNAM, en la Universidad Autónoma Metropolitana de Iztapalapa (UAM-I) y en este inmueble en construcción, ubicado en la delegación Tlalpan, en el sur de la Ciudad de México. 

Eréndira Córdoba, otra de las creadoras, dice que este inmueble inacabado y usado como escenografía representa la imagen del país: un lugar en ruinas, abandonado, pero donde puede haber vida, como reflejan las hierbas que brotan de las grietas de las paredes o el árbol que crece a un costado del inmueble. 

La habitación de todos

Al iniciar la presentación, en la pared de la primera habitación, se lee una frase escrita con pintura azul: “Te debo cada día desde que no estás./ Me debes la fe, la capacidad de creer, la esperanza./ Todo eso me debes”. 

Son los últimos párrafos de un poema que Pilar Luévanos escribió a su amigo Jesús Ismael Moreno Pérez, un estudiante de Geografía de la UNAM que salió de vacaciones a Oaxaca en julio de 2011, desapareció en la playa de Chacahua y fue encontrado muerto días después. Lo asesinaron para robarle sus pertenencias.

En el piso hay una figura humana pintada con gis blanco. Alrededor, una joven escribe nombres con gis negro: Adriana Morlet, Daniel Cantú, Roy Rivera, Jessica García Sánchez, Noel Pavel González, Soren Ulises Avilés Ángeles, Fernando Franco Delgado, Juan González del Castillo, Verónica Natalia Velázquez, Jesús Israel Moreno Pérez, Joaquín García Jurado, Carlos Sinuhé Cuevas Mejía, Julio César Meléndez Solís…  

La habitación de Daniel y Eduardo 

Sobre la pared de otra habitación se proyecta la imagen de un cobertor de varios colores y un baúl al pie de una cama.

Es el espacio de Daniel Cantú, un ingeniero industrial de 23 años que integraba un proyecto minero en Ramos Arizpe, Coahuila. Daniel desapareció el 21 de febrero de 2007, junto con su jefe, Francisco León García y el chofer José Ángel Esparza León.

A un costado se amontonan libros como los que alguna vez pertenecieron a Eduardo Cisneros Zárate, un estudiante de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) que fue asaltado y golpeado por policías de Chalco, Estado de México y después de poner denuncias penales contra ellos, fue desaparecido y asesinado.

En su blog, aún se puede leer un poema que escribió después de haber sido detenido: “Ellos te paran, huelen tu aliento, tus manos, tocan tu lengua y buscan en tus pertenencias. Culpable o no, ahora tu libertad está en juego...”.

La habitación de los retoños

En el centro de la última habitación hay un círculo formado con recipientes de cristal, cada uno con un retoño en su interior y, al lado, cartulinas con los nombres de los estudiantes asesinados o desaparecidos.

Al final de la presentación, los jóvenes del proyecto invitan a los asistentes a tomar una planta y decir qué representa para ellos, qué se llevan consigo después del recorrido.

“Yo me quiero llevar hoy esperanza”, dice uno y otro añade: “Quiero hablar contra el silencio”.

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Con ese final, dicen los creadores de Campo de ruinas, el proyecto quiere dejar un mensaje: recordar a las víctimas, ayudar a sus familias y llamar a los ciudadanos a ocupar un país que consideran en ruinas, para lograr que en él crezca la vida, como lo hace con los retoños de los recipientes de cristal.

En los últimos seis años 70,000 personas murieron en actos vinculados al crimen organizado y a la Estrategia Nacional por la Seguridad y 26,121 han sido reportados como desaparecidos, según cifras de la Secretaría de Gobernación.

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