Un libro reconstruye la historia del mural de Diego Rivera destruido en EU

El artista estuvo dispuesto a que su obra fuera destruida con tal de que su mensaje a favor del socialismo tuviera más impacto
boceto-diego-rivero  boceto del mural el hombre en la encrucijada
Autor: Verónica Díaz Favela | Otra fuente: CNNMéxico

¿Por qué un millonario le pediría a un pintor abiertamente comunista una obra? La decisión de aceptar ese reto le costó al muralista mexicano Diego Rivera la destrucción del mural que pintó en 1933 en el Rockefeller Center, en Nueva York, con el fin de que el mensaje que intentaba expresar en él se esparciera por el mundo.

Esta es la conclusión a la que llegó Susana Pliego, historiadora de arte y una de las autoras de del libro El hombre en la encrucijada. El mural de Diego Rivera en el Rockefeller Center, el cual recupera la historia de esta obra realizada en los edificios comerciales que forman el Rockefeller Center, y destruida en 1934 cuando llevaba un 75 % de avance.

Rivera, quien formó parte del Partido Comunista Mexicano (PCM) junto con su esposa Frida Kahlo, aceptó pintar un mural a solicitud de la familia Rockefeller. En ese entonces el pintor mexicano ya era considerado un artista del nivel de Henri Matisse y Pablo Picasso.

“Lo que querían era tener una obra de ellos, no les importaba lo que pintaran”, explica Pliego.

Rivera firmó un contrato en el que se comprometió a ceñirse a lo marcado en los bocetos presentados y a hacer el mural en tela, pero conforme avanzaba su trabajo iba cambiando las condiciones, de acuerdo con la investigación de Pliego. 

Susana Pliego reconstruyó la historia del mural con base en fotografías, telegramas y cartas incluidos en los archivos de la Casa Azul —formado por 22,000 documentos—, un museo ubicado al sur de la Ciudad de México. El archivo fue abierto en 2007, luego de permanecer clausurado durante 50 años a petición de Rivera.

Según el libro, Diego Rivera primero decidió trabajar directo sobre el fresco para que la pintura se hiciera una con la pared, de esa forma evitaría la venta de su obra en un circuito cerrado y obligaría a que fuera arte público; además, si alguien quería destruirlo no sería suficiente descolgar el cuadro sino que tendría que causarle daños a la construcción. 

Rivera también cambió el boceto. Los Rockefeller le habían pedido plantear su visión del futuro, y lo que él plasmó fue la superioridad del socialismo sobre el comunismo: incluyó un rostro del líder ruso Vladimir Ilich Lenin, el cual tendría que ser visto por el político y empresario Nelson Rockefeller todos los días camino a la oficina, según Pliego

Riviera recibió una carta “amable” del propio Nelson Rockefeller pidiéndole sustituir el rostro de Lenin, a lo que Rivera respondió proponiéndole pintar también al presidente de EU, Abraham Lincoln. Cuando su propuesta fue rechazada, Rivera selló el futuro de su obra al responder:

“Prefiero ver destruida mi obra antes de ver alterado su significado”.

El mural de Rivera fue cancelado. En 1933 fue cubierto con una tela y destruido el 9 de mayo de 1934. La decisión desató protestas en varios países, recuerda con Pliego.

Este libro es el cuarto que se produce a partir de la investigación del archivo de la Casa Azul, de acuerdo con Hilda Trujillo Soto directora del Museo Anahuacalli, creado por Rivera y donado al pueblo de México.

Entre los documentos que incluye el libro está una carta que Albert Einstein le envió a Rivera en la que le agradecerle que lo haya incluido en el mural del Rockefeller Center.

El periodista Javier Aranda Luna, quien trabajó en la investigación del archivo, aclara que Rivera hizo una apuesta por la ciencia en ese mural, al igual que una crítica a la clase pudiente de Estados Unidos.

“Hay una parte (del mural) donde está el mundo frívolo del capital. Se ve el rostro de David Rockefeller tomando Martini o champagne”, recuerda Aranda. Era la época de la ley seca en Estados unidos.

“Diego Rivera tenía una gran capacidad sintética de lo que estaba pasando en la historia y lo podía encabalgar en una propuesta visual muy fuerte”, dice Aranda.

"Sus bocetos se te quedan pegados en la memoria de forma indeleble”, añade.

El Museo Anahuacalli, ubicado a sur de la Ciudad de México, tiene 17 bocetos originales del mural que han sido restaurados con recursos del Congreso de México y del Bank of America. De ellos, los más importantes son los cuatro bocetos del mural destruido, de acuerdo con la directora del museo.

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El libro también incluye la historia de los bocetos, que están expuestos en el Museo Anahuacalli, ubicado en la Ciudad de México.

El museo prepara copias de los bocetos y el material con que se elaboró el libro para una exposición itinerante que visitará varios centros culturales de Estados Unidos a finales de año.

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