Philip Hoffman, el actor comprometido y de "oscura" personalidad

El actor fallecido igual actuaba en una obra que acomodaba a los asistentes del teatro en sus lugares, pero su personalidad era un misterio
Autor: Todd Leopold
(Reuters) -

Llámalo Phil.

Así era cómo la mayoría lo llamaba. Era “Phil”, no “Philip”, y ciertamente no “Philip Seymour”. (Utilizaba el Seymour porque ya había un actor llamado Philip Hoffman, y las reglas del sindicato previenen que dos actores utilicen el mismo nombre).

No se apegaba a los protocolos. En la Compañía de Teatro LAByrinth, donde era un director artístico (y donde su pareja de mucho tiempo, Mimi O’Donnell, tiene el mismo puesto), se involucró en la recaudación de fondos, dirección, actuación, lo que fuera necesario.

“Lo vi romper boletos y sentar a personas en producciones de LAB”, dijo el dramaturgo John Patrick Shanley a The New York Times Magazine. Shanley, quien también está involucrado en LAB, escribió la obra Doubt, que tenía a Hoffman en uno de los papeles protagónicos.

En Atlanta, Estados Unidos, donde filmaba las últimas dos películas de Los juegos del hambre, un habitante local lo recordó como un hombre relajado y gracioso.

“Realmente era simpático y amable”, dijo el agente de bienes raíces Carter Phillips a The Atlanta Journal-Constitution. “Tenía esta idea de que sería realmente intenso, quizá, pero no. No podía ver ninguna confusión en sus ojos. Sentía como si todo estuviera bien con él”.

Le gustaba trabajar. Cuando no protagonizaba una película, tomaba un pequeño papel. Cuando no filmaba películas, estaba en el teatro. Si no hubiera sido actor, hubiera sido maestro, dijo a Inside the Actor’s Studio en el año 2000.

Tenía recuerdos de momentos en los que no actuaba; o trabajaba, en lo absoluto.

“Estar desempleado no es bueno para cualquier actor, sin importar cuán exitoso eres”, dijo alguna vez.

“Siempre recuerdas cómo se siente ir a la oficina de desempleo, cómo se siente ser despedido de todos esos restaurantes”.

Camaradería

Actuar era su hogar. Lo supo a los 12 años al ver All My Sons de Arthur Miller en su ciudad natal de Rochester, Nueva York, dijo en una entrevista de 2010.

“Inmediatamente supe que era el lugar en el que quería estar”, dijo. “Estar alrededor de personas que hacían eso… eso es todavía lo que me hace sentir cómodo. Es por eso que trabajé con muchas de las mismas personas una y otra vez”.

En ese momento, Hoffman; uno de cuatro hijos de un miembro de personal de Xerox y una jueza quienes se divorciaron cuando él tenía nueve años, era más un atleta, un participante de tres deportes. Pero una lesión en el cuello a los 14 años acabó con sus sueños deportivos. En su lugar, llegó al escenario. Por supuesto, no todo se trataba de maquillaje teatral y aplausos, admitió con The New York Times Magazine.

“Había una chica hermosa. Me gustaba mucho, y actuaba”, dijo. “Parecía algo por lo que valía la pena dejar el béisbol”.

Pero era bueno actuando. Pasó una audición para el programa estatal de artes de Nueva York, donde conoció a Bennett Miller, quien se convirtió en un amigo de mucho tiempo y después lo dirigió en Capote. Después, al asistir a la Universidad de Nueva York, acaparó todo lo que el mundo del teatro tenía que ofrecerle.

“Realmente eres parte de la ciudad. El teatro está alrededor de ti, y si quieres pasar tiempo con este, puedes, y si quieres probar con trabajos de acomodador, o pasantías en los teatros, puedes. Y yo hice todo eso”, dijo.

Su otro hogar estaba con su familia. Conoció a O’Donnell, una diseñadora de vestuario, en LAByrinth. La pareja tenía tres hijos: Tallulah, Willa y Cooper. Sus hijos eren menores de 11 años. Adoraba a sus hijos. Regularmente era visto con ellos en su vecindario de Greenwich Village. Los llevaba al trabajo.

Señaló que no estaban impresionados, especialmente con las películas.

“Las películas son difíciles. ‘¿por qué estamos en este almacén? ¿por qué no hay asientos? ¿no se supone que esto sería un espectáculo?’”, recordó que le preguntaban. “Los he llevado y observan un poco y dicen, ‘sí, genial papá, eso estuvo bien. Ahora; ¿podemos irnos a casa?’”.

"Eso es lo que haces"

Aun así, obviamente había una oscuridad con Hoffman que se presentó a través de su intensidad.

Al describir Synecdoche, New York a The New York Times Magazine, dijo, “terminé una escena, me salí del set, fui al baño, cerré la puerta y simplemente respiré un poco para recuperar la compostura”.

En una apreciación, el crítico de cine de la revista New York, David Edelstein, recordó cómo Hoffman parecía deleitarse en los aspectos desagradables de sus personajes, algo que Edelstein percató en Capote de 2005. Hoffman aparentemente peleó con el director Miller; un amigo, por cierto, para hacer que Truman Capote fuera más difícil, no menos difícil.

“Desde ese entonces, fui consciente de cuánto se salía de su manera para hacer que sus personajes fueran no benignos”, escribió Edelstein. “Era central para su poder como actor, aunque me preguntaba si a veces no confundía el odio a sí mismo con la integridad”.

Hoffman también podía ser duro consigo mismo, añadió Edelstein; y Hoffman, en otras entrevistas, concordaba. Mientras filmaba Jack Goes Boating de 2010, su debut como director, dijo a un entrevistador en el festival de cine de Toronto que era su peor crítico.

“Fui un mal actor enfrente de mí muchas veces”, dijo. “Había algunos días en los que era realmente oscuro”.

En meses recientes, tuvo su parte de retos. Fue sincero sobre su lucha con el abuso de drogas, al decirle a TMZ el año pasado que se fue a un centro de rehabilitación después de beber mucho alcohol. Según el periódico británico The Independent, él y O’Donnell se separaron el otoño pasado después de 14 años juntos. Los observadores comentaron que se veía desaliñado en el Festival de Cine Sundance en enero, aunque Krista Smith de Vanity Fair lo describió como “presente y comprometido”.

Pero si algo estaba mal, se lo guardó. Para toda su familiaridad y cortesía, podía guardarse las cosas. Lo dejaba todo en el set o en el escenario.

En esa entrevista en Toronto en 2010, con un toque de humor negro, habló sobre cuán difícil era llevar la piedra a la cima de la montaña. Por qué hacer Otelo, preguntó. ¿Por qué ponerte en el escenario durante horas, convencido de que eres terrible, y esperar aprobación; o desaprobación, de la audiencia? Debido a que eso es lo que te hace que valgas la pena, dijo.

“Ese camino a la muerte que llamamos vida puede ser solo hamburguesas, alcohol, mujeres, cigarrillos, televisión, revistas y artes realmente malas, y simplemente puedes ir y deslizarte al agujero”, dijo. “O puedes irte, creo que mejor me mantengo confrontando, retando e intentando hacer cosas buenas y trabajar duro. … Eso es lo que haces. Si no hace eso, es fácil ir al otro lugar”.

En su página de Facebook, Jessica Chastain, quien coprotagonizó con Hoffman una producción de 2009 de Otelo, solo podía citar una parte de la obra de Shakespeare.

“La pobre alma sentóse suspirando al pie de un sicomoro.

Cantad todos al sauce verde.

La mano sobre su seno, la cabeza sobre su rodilla.

Cantad sauce, sauce, sauce.

Las frescas ondas corrían tras ella y murmuraban sus suspiros.

Cantad sauce, sauce, sauce.

Sus lágrimas amargas caían, y ablandaban las piedras.

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Cantad sauce, sauce, sauce”.

Breeanna Hare contribuyó fuertemente con esta historia.

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