Julio Scherer, el periodista incómodo del "olfato maravilloso"

El periodista gustaba de denunciar las contradicciones del poder y sus excesos, en una época donde el gobierno controlaba la prensa
Mayo Zambada
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| Otra fuente: CNNMéxico
(CNNMéxico) -

Cuando Julio Scherer García entró a Excélsior en 1946, unos meses antes de cumplir la mayoría de edad, nadie pensaba que ese joven 'recadero' y ayudante de redacción sería un brillante reportero de la fuente política, jefe de información y el director general del diario de 1968 a 1976.

Con Scherer al frente, Excélsior se convirtió en uno de los diarios más importantes del país, y uno de los 10 mejores de América Latina. Tenía un “olfato maravilloso y capacidad de ver más allá de lo que vemos los periodistas”, dijo el periodista José Reveles sobre Scherer, quien fuera su jefe en Excélsior, en una entrevista para la Revista Mexicana de Comunicación en 2013.

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Desde su redacción se denunciaron actos de corrupción y problemáticas del país que no gustaban al gobierno mexicano. “Fue un embate del poder. Al poder le era incómodo Excélsior y le era incómodo Julio Scherer. Entonces decidió que los iba a tumbar y organizó una revuelta interna”, recuerda Reveles, sobre el llamado golpe a Excélsior el 8 de julio de 1976, durante la presidencia de Luis Echeverría Álvarez.

“Se ha discutido mucho sobre la responsabilidad del gobierno en el caso de Excélsior. No es fácil medir esa responsabilidad, pero me parece indudable que el golpe no se habría dado si sus autores no hubiesen contado por lo menos con el consentimiento tácito del poder”, escribió sobre el caso el nobel mexicano Octavio Paz, en la editorial del primer numero de su revista Vuelta.

Scherer dejó la dirección del diario y junto con otros colaboradores y reporteros ese mismo año fundó la revista Proceso.

Como su director, Scherer continuó su línea editorial de denuncia de actos de corrupción de las autoridades, entre ellas las de las propiedades de Arturo el Negro Durazo, jefe de la policía capitalina en el sexenio de José López Portillo, y la de una mansión del presidente en Acapulco.

Durante un homenaje al periodista en la Feria del Libro de Guadalajara 2005, una de sus más cercanas amigas, la escritora Elena Poniatowska, lo calificó como "un periodista incendiario por más de medio siglo", cuya carrera no fue fácil porque en todos esos años, cuando gobernaban presidentes del Partido Revolucionario Institucional (PRI), ser periodista en México era peligroso "si nos atenemos al asesinato del columnista de mayor influencia en su época Manuel Buendía", colaborador de Scherer.

"Y concluiremos por lo tanto que la conducta de Julio Scherer es épica. Es por eso que todavía me cuestiono si es posible entender la realidad de México sin la pluma de Julios Scherer García", dijo la autora del libro La noche de Tlatelolco.

"Sin la denuncia del terror y las contradicciones que lo provocan, el periodismo quedaría reducido a una deslumbrada oquedad", decía Scherer en 2002 cuando recibió de manos del nobel colombiano Gabriel García Márquez el Premio Nuevo Periodismo.

Scherer decía que todo lo que había logrado era gracias al respaldo y apoyo de sus amigos.

"Yo me debo a mis amigos más que a mis esfuerzos personales. Yo me debo a eso primeramente", aseguró durante su homenaje en la FIL de Guadalajara.

Scherer, el incómodo

Scherer recibió en 1971 el premio María Moors Cabot; en 1977 fue nombrado el periodista del año por Atlas Word Press Review de Estados Unidos; en 1986, recibió el premio Manuel Buendía, y en 1998 rechazó el Premio Nacional de Periodismo pues era entregado por el entonces presidente Ernesto Zedillo.

En enero de 1994 el recién levantado Ejército Zapatista de Liberación Nacional pidió a Scherer formar parte de los intermediarios en el diálogo con el gobierno, junto con la nobel de la paz, Rigoberta Menchú y el obispo Samuel Ruiz, pero el periodista la rechazó.

“Agradezco la inclusión de mi nombre al lado del obispo Samuel Ruiz y de la señora Rigoberta Menchú. Sin embargo, mi condición de periodista me obliga a la imparcialidad, difícil de sostener en la doble condición de mediador y cronista de los acontecimientos que vivimos. Debo, pues, cumplir exclusivamente con las reglas de mi profesión”, respondió Scherer a la petición, según la revista Proceso.

Julio Scherer no dejaría nunca el oficio de reportero, y daría a Proceso entrevistas con algunos de los personajes más controvertidos e importantes del país como Octavio Paz, cuyas tres entrevistas formarían una antología, Suma y sigue, Tela de juicios y El valor del tiempo, además de un ensayo sobre el nobel de literatura.

Fue el único a quien el Subcomandante Marcos, entonces líder del EZLN, le dió una entrevista en 2001.

Bajo la premisa “si el diablo me ofrece una entrevista, voy a los infiernos…”, Scherer entrevistó a Ismael el Mayo Zambada, uno de los líderes del cártel de Sinaloa; Rafael Caro Quintero, cuya entrevista se publicó en el libro Máxima Seguridad; igual que la entrevista con Sandra Ávila Beltrán, considerada una de las cabezas más poderosas del narcotráfico, que sirvió para el libro La reina del Pacífico: es la hora de contar.

La última colaboración de Julio Scherer fue en Proceso el 7 de diciembre de 2014, sobre la muerte de su amigo, el también escritor y periodista Vicente Leñero.

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