Telecom, el sector rebelde del TLCAN

Se abrió a la competencia cuatro años antes del arranque del pacto, pero aún es un mercado cerrado; se necesita reformar las reglas internas de los países del pacto, dice el ex titular de la Cofetel.
telecomunicaciones  (Foto: Getty)
Leonardo Peralta

En 1990, un año antes de que los representantes de Canadá, Estados Unidos y México empezaran a negociar un acuerdo comercial, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el gobierno de Carlos Salinas de Gortari vendió la empresa pública de telecomunicaciones, Telmex, a un consorcio liderado por Carlos Slim en el que participaban la estadounidense Southwestern Bell (SBC) y la europea France Telecom.

"En el título de concesión de Telmex se incluyeron apartados que anticiparían medidas de regulación del sector para cuando se abriera efectivamente a la competencia", dice Adriaan ten Kate, ex economista en jefe de la Comisión Federal de Competencia en un artículo publicado en la revista Expansión en su edición del 8 de noviembre de 2013.

Los gobiernos formalizaron -en el capítulo 13- acuerdos para que operadores de los países firmantes compartieran sus redes, facilitando su operación entre fronteras.

Este capítulo además estableció, por primera vez, reglas para la operación de empresas de telecomunicaciones de otro país en México y viceversa, comenta Gonzalo Pous, ex comisionado de la Comisión Federal de Telecomunicaciones.

En 1994 llegó el primer operador estadounidense a México: AT&T.

"El TLCAN fue quizá la reforma estructural más importante que México emprendió en la época contemporánea", dice Eduardo Pérez Motta, ex presidente de la Comisión Federal de Competencia y uno de los miembros del 'Equipo 1504', que negoció los temas de competencia con los gobiernos de Canadá y Estados Unidos.

Sin embargo, añade, "al sector telecomunicaciones le tomó años aprovecharla, en buena medida, porque fue necesario esperar la llegada de inversiones".

En la primera década de apertura, las estadounidenses AT&T, Verizon o Worldcom fracasaron en su incursión como socios de Alestra, Iusacell o Avantel. Las compañías denunciaron condiciones inequitativas de competencia. Telmex lo atribuyó a malos planes de negocios. (SBC adquirió AT&T en 2005 y adoptó su nombre, por lo que AT&T es hoy accionista de Telmex.)

Más cerrada aun es la inversión en medios electrónicos, televisión o radio, tanto en México como en Estados Unidos. Ni siquiera una empresa del TLCAN puede controlar más de 50% de las compañías. Esto ha condicionado las aspiraciones de Televisa y TV Azteca al mercado hispano en aquel país y a las de NBC a entrar México.

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Al necesitar inversionistas locales las inversiones son vulnerables a las peleas de socios (lo vivió Televisa durante la presidencia de Jerry Perenchio en Univision) o al acoso reputacional del aliado local (como la campaña de las televisoras contra la familia Saba, socio local elegido por NBC).

"Son sectores más difíciles", dice Pérez Motta. "Implica reformar reglas internas de los países y no nada más el cruce del producto por la frontera, sino que tienes que definir reglas de inversión extranjera".

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