El ámbar vive bonanza costosa en México

Su escasez y atractivo entre extranjeros, sobre todo chinos, propicia altos precios y falsificación; pero la resina ha dejado de ser accesible para los científicos que estudian los fósiles atrapados.
Ambar  (Foto: Getty)
Thelma Gómez Durán

Desde su uso en la joyería hasta la venta para colecciones privadas, el ámbar llega a alcanzar un precio de hasta más 100,000 pesos por pieza en México. Su escasez en el planeta lo hace más atractivo para los extranjeros, pero menos asequible para los científicos que estudian los numerosos insectos que alguna vez quedaron atrapados dentro de esta joya.

Este tipo de resina proveniente de los árboles Hymenaea y los pinos Agathis australis, es tan exótica que incluso ya comenzó a surgir un mercado ilegal que se dedica a la falsificación de estas piezas, según un artículo publicado por la revista Quo de abril 2014.

En el mundo únicamente se han contabilizado alrededor de 20 depósitos importantes; el más grande está en el mar Báltico. Y no todos tienen la misma antigüedad; por ejemplo, el de Francia tiene una historia de 100 millones de años.

En América, se han identificado yacimientos de ámbar en Colorado y Arkansas, Estados Unidos; en República Dominicana, en Colombia y en México.

Riqueza nacional

Simojovel, un poblado de Chiapas, en México, es conocido por su riqueza de estas piedras semipreciosas de origen vegetal. La extracción de estas ‘joyas’ se da en el interior de un cerro. Ahí es donde empieza el negocio.

Los mineros pagan una cuota mensual de 2,500 pesos para poder extraer la resina fosilizada. En Simojovel, las minas de ámbar son ejidales o comunitarias.

Patricia Díaz Ruiz, coordinadora de Turismo del municipio, asegura que entre 600 y 700 personas, de 10 comunidades, se dedican a la minería de ámbar y que existen alrededor de 100 minas, cuyos túneles pueden medir de 2 a 200 metros de profundidad y entre 1 y 1.60 metros de alto.

Los mineros deben trabajar durante horas excavando dentro del cerro hasta encontrar líneas cafés, que son la primera señal de que ahí se encuentra el ámbar. Deben ser cuidadosos, si llegan a golpear demasiado fuerte pueden romper la resina y devaluar su precio.

Las piedras pequeñas de ámbar pueden venderlas entre dos o tres pesos el gramo, pero si encuentran un insecto fosilizado dentro, el valor puede ascender dependiendo de la rareza del bicho.

Aunque los mineros aseguran que quienes de verdad ganan con las ventas del ámbar son los ‘coyotes’ (intermediarios) que ofrecen el ámbar a los extranjeros.

Venta al mejor postor

Para los científicos, todo aquel rastro de vida que se encuentre atrapado en el ámbar es algo así como un tesoro, es la posibilidad de poder identificar una especie ya extinta y nueva para la ciencia, es la oportunidad de tener más datos sobre el pasado, sobre la historia de la vida en la Tierra.

Hace tiempo, los científicos mexicanos no tenían muchos problemas para adquirir piezas de ámbar con inclusiones (restos de organismos). Eso cambió, sobre todo cuando muchos extranjeros comenzaron a interesarse en comprar ámbar.

“A mí me han escrito chinos pidiéndome que les ayude a conseguir ámbar. Ahora, el ámbar se vende al mejor postor y ahí los investigadores mexicanos salimos perdiendo, porque no podemos pagar piezas que llegan a costar hasta 100,000 pesos”, dice Francisco Vega, investigador del Instituto de Geología de la UNAM.

El problema de los altos costos del ámbar es que muchas piezas con valor científico terminan en colecciones privadas y eso hace más difícil su estudio, dice Gerardo Carbot, curador de la colección paleontológica de Chiapas.

Por ello en Simojovel está prohibido comprar ámbar dentro de la comunidad. “A mediados del año pasado comenzaron a llegar muchos chinos a comprar ámbar. El precio se disparó. Los mineros y los intermediarios ya no querían vender a los artesanos. Todo querían vendérselo a los chinos”, comenta Patricia Díaz, coordinadora de turismo del municipio.

“Los chinos intentaron comprar tierras en la zona, querían meter maquinaria para sacar la producción de un mes en tres días. Por eso se acordó que ya no se vendería ámbar sin pulir a los extranjeros, sobre todo a los chinos”, agrega.

El alto costo de la resina fósil, sobre todo aquella que tiene inclusiones, ha propiciado la existencia de un mercado de falsificación de ámbar. Incluso, los investigadores comentan que se venden piezas falsas con supuestas inclusiones de insectos u otros animales.

Una mina… ¿con los días contados?

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Nadie sabe con certeza cuánto ámbar existe aún en las entrañas de los cerros de Chiapas ni cuántas generaciones más de chiapanecos seguirán encontrando el sustento en la extracción y tallado del ámbar.

Los científicos desconocen por qué hace más de 20 millones de años, los árboles de Hymenaea que dominaban lo que hoy es Chiapas emanaron tanta resina y mucho menos por qué se extinguieron esos árboles.

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