A la baja, recursos naturales

El ambiente será el pretexto más escuchado cuando las grandes firmas tracen inversiones futuras actualmente se usa el 20% más de lo que la biocapacidad de la tierra puede generar.
Observadores creen que las inversiones verdes aumentarán a p
Alejandro Ángeles

Por todos lados se apilan datos estremecedores. Desde Al Gore y su ‘verdad inconveniente’ hasta Howard Stern indicando a la corona británica y al mundo lo que hay que hacer para impedir que el cambio climático nos agarre desprevenidos. Pero a pesar de saber que vivimos en un mundo prestado, las evidencias se acumulan: hemos dilapidado los recursos renovables del planeta y lo que nos queda lo tenemos que repartir entre más gente que cada vez consume más.

Según el documento SustainAbility, del World Wild Forum (WWF), desde la década de los 80 la demanda de recursos naturales por parte de la humanidad ha excedido el abasto; es decir, la capacidad de la Tierra para satisfacer nuestras necesidades.

“Ahora usamos 20% más de lo que la biocapacidad de la Tierra puede generar”, señala el reporte liberado hace unas semanas. Lo que es peor, asegura que con la tendencia actual de los negocios, con una serie de economías que crecen y quieren consumir al mismo ritmo que los países desarrollados, y con un desperdicio rampante en muchos casos, para 2010 estaremos viviendo como si tuviéramos dos planetas en lugar de uno.

De acuerdo con James P. Leape, presidente de WWF, “la huella ecológica de cada persona ha crecido más que el triple desde 1961”. Esto es, el impacto que cada uno tiene sobre los recursos del planeta con base en lo que consume y emite de desechos en forma de sólidos, de gas y líquidos. Lo peor es que, ante la nula cultura de reciclaje o de compensación a la naturaleza, la gente convierte los recursos renovables en desperdicios a un ritmo más rápido de lo que el planeta los puede reconvertir.

El Informe Stern apunta que la vivienda, el transporte y la comida significan 63% de la huella ecológica global, 65% de las emisiones de dióxido de carbono y 72% del uso de materiales a escala mundial.

Es aquí donde muchos inversionistas, emprendedores y gobiernos ven una gran oportunidad. De forma similar a las oleadas de inversiones surgidas con la burbuja de internet, y luego con los proyectos de biotecnología y el genoma humano, todo lo relativo a lo verde será una gran tendencia de recursos financieros.

La consultora Ernst & Young, por ejemplo, asegura que las inversiones en tecnologías limpias sumaron 1,280 millones de dólares en 2006, duplicando la cifra del año anterior. Y, de acuerdo con esta firma, las razones principales fueron las preocupaciones a nivel global por el impacto del cambio climático, los altos precios de los energéticos y la creciente disponibilidad de los consumidores y los gobiernos de pagar más por tecnologías verdes.

Las empresas adonde este dinero fluyó tienen como visión y razón de ser conseguir la eficiencia de los recursos naturales y reducir el impacto ecológico de la producción.

La suma de dinero que se reunió en poco más de 100 rondas de financiamiento palidece si se le compara con los 34,000 mdd que se recaudaron en toda la industria de capital de riesgo el año pasado.

Los observadores creen que las inversiones verdes se vendrán en cascada a partir de este año.

Según el Consejo Mundial de Negocios Sustentables (WBSCD, por sus siglas en inglés), la mayor tajada de este pastel verde se canalizará a cinco ‘megatendencias’: la generación de energía, proyectos de industria y manufactura, movilidad y transporte, construcción y productos de consumo.

Destacará, asegura el WBSCD, el enorme crecimiento en la generación de energías alternativas, con montos de inversión de hasta 160 veces en relación con el volumen actual.

Sin embargo, como concluyó Howard Stern en su influyente reporte: “Si no actuamos todos, el costo total y los riesgos del cambio climático serán equivalentes a una pérdida de 5% del Producto Interno Bruto global por año, a partir de ahora y para siempre”. No obstante, el precio por evitarlo no es tan alto. Si hay acciones de fondo, el costo de reducir las emisiones para evitar los peores efectos a nivel global, será de sólo 1% del PIB mundial.

Parte de ese impulso, acaso mínimo, lo presentamos en estas páginas de Expansión. Con suerte, el próximo año estaremos reportando mucho más.

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