¿La fotosíntesis en el tendedero?

El ingeniero que dirigió la restauración del Centro Histórico incursiona en las “azoteas verdes por su parte, un químico quiere –con la fotosíntesis- resarcir al DF toda su energía perdida.
Así podría verse un edificio cercano a la Torre Latinoameric
Pablo García
CIUDAD DE MÉXICO (Chilango) -

En el capítulo “Medio ambiente” de una imaginaria Enciclopedia de Desastres Contemporáneos, debería aparecer una foto aérea del Valle de México: miles de hectáreas de asfalto sobre lo que fue un ecosistema lacustre. ¿Podría la vegetación regresar al espacio que le queda disponible… las azoteas, mayormente? No es un sueño de opio. En estos días se amasan proyectos que buscan reimplantar la vida en los desiertos de impermeabilizante y tinacos.

Hay un edificio, en la esquina de Bolívar y Madero, que tiene destinados 700 m² de su techo para convertirlos en un jardín botánico hecho y derecho, en pleno Centro Histórico. La historia se origina en las altas esferas del poder, y la cuenta Juan Carlos de Laborde, el ingeniero civil de 29 años que dirigió las obras de restauración del viejo inmueble, inaugurado para uso habitacional a todo glamour en 2005.

En mayo de 2007 se llevó a cabo en Nueva York la Conferencia de grandes ciudades sobre el clima, en la que la Fundación Bill Clinton anunció su disposición a financiar proyectos orientados a combatir el calentamiento global en megaurbes. Marcelo Ebrard movió ficha, logró negociar 300 millones de dólares y convocó proyectos. Allí estaba Juan Carlos con su “azotea verde”, que va mucho más allá de una colección de macetas. El jardín estaría compuesto por 30 mil plantas; donde se está planeando la creación de un sustrato poco profundo pero repleto de nutrientes, y un sofisticado sistema de drenaje. Se trata de iniciativa de naturación —nombre técnico del proceso— sin paralelo en edificios privados… y que cuesta 2 millones de pesos. Las autoridades no han “liberado” el dinero, pero Juan Carlos confía en que su azotea “verá la luz” este mismo año.

Existe otro proyecto cuyas ambiciones alcanzan a la ciudad de México entera. Surgió de la tesis de doctorado del químico Antonio Flores, y ha generado tanto entusiasmo entre colaboradores tan distintos como universidades, funcionarios y comités vecinales, que se convirtió en la asociación civil Efecto Verde. Su planteamiento: el desastre ambiental del  DF se resume en que consume infinitamente mucha más energía de la que produce. Si la fuente principal de todo ecosistema es la fotosíntesis, es prioritario aumentarla en nuestra ciudad. ¿Cómo? Cubriendo de biodiversidad el 40% de la Zona Metropolitana, para el 2020. ¿Sueño de opio? No, si se lanza al mercado un contenedor/maceta económico para plantas cactáceas o suculentas. Y no, si el plan se integra a un círculo de autofinanciamiento basado en la recolección de residuos y venta posterior a la industria del reciclaje. «Podríamos ser capaces de producir 300 hectáreas mensuales de biodiversidad», afirma Flores. Ahora, tu labor es imaginar plantas sobre tu cabeza.

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