De la empresa a una ONG

Luego de 30 años como consultor de empresas, Rogerio optó por el retiro anticipado a los 50 año por consejo de un amigo, ingresó al sector social, donde ahora dirige una ONG y asesora otras.
Ulises Hernández

Durante 30 años, Rogerio Casas-Alatriste dedicó su vida profesional a la consultoría de empresas en el despacho de auditores y consultores Casas-Alatriste, que fundó su abuelo y que durante muchos años tuvo la representación en México de la firma londinense Coopers & Lybrand.

Rogerio trabajó los primeros cinco años como contador y luego llegó al área de consultoría, donde pasó la mayor parte de su carrera y ascendió hasta llegar a ser socio del despacho. Como consultor, su trabajo consistía en ayudar a que las empresas mejoraran su desempeño y fueran más eficientes y productivas. Él identificaba clientes, armaba propuestas y coordinaba grupos de consultores en  planeación estratégica, reingeniería de procesos, implantación de sistemas, entre otros.

En 1998, cuando cumplía 27 años de carrera en el despacho, se dio la fusión entre Coopers & Lybrand y su rival Price Waterhouse, lo que dio lugar a la firma global de servicios profesionales PricewaterhouseCoopers. Rogerio pasó a ser socio de la nueva compañía en México.

En el 2000, cuando cumplió 50 años de edad, se le presentó una oportunidad inesperada: la posibilidad de un retiro anticipado como socio del despacho.

La situación coincidió con un proceso de reflexión en el que llevaba ya unos años Rogerio. El consultor, que amaba su trabajo, se preguntaba a quién servía y qué trascendencia tenía su aporte. “Siempre había esa piedrita en el zapato”, recuerda. “Al final del día, pensaba, todo este trabajo, ¿cuál es el efecto importante que va a tener? (…) ¿este beneficio es para qué?, pues muy probable era para que el accionista de AT&T en Nueva York tuviera equis puntos más de utilidades (…) No es que eso no fuera importante, pero habiendo tanta gente en este país que necesita más apoyo, pues yo decía: ¿porqué no me dedico a un área en que mi esfuerzo tenga un efecto mayor?”.  

Rogerio no tenía muy claro qué nuevo rumbo tomar así que antes de tomar una decisión, preguntó a cinco amigos a quienes admiraba: ¿qué harían con su vida si a los 50 años tuvieran la oportunidad de volverla a empezar pero con la ventaja de tener una experiencia de 30 años y una pensión, reducida, pero suficiente.

Su amigo, Alberto Núñez Esteva, en aquel entonces presidente de Fundación Merced, le sugirió trabajar para el sector social. En las organizaciones de la sociedad civil suelen ser menos fuertes en administración, liderazgo y estrategia. La idea lo convenció. Su primer cliente fue una asociación cultural llamada “Adopte una obra de arte” y posteriormente entró a trabajar a Fundación Merced, fundación de segundo piso que brinda apoyos económicos y capacitación a diversas ONG’s. De las oficinas de PricewaterhouseCoopers en un edificio inteligente en Polanco pasó a trabajar en una casa en la colonia Santa María La Ribera. Sus interlocutores ya no eran personas de Santa Fé, sino de Tlatelolco y Tepico.

La experiencia ha sido muy satisfactoria. En Fundación Merced desarrolló un programa de fortalecimiento institucional denominado Fortaleza, que asesoró a más de 100 organizaciones entre 2000 y 2007. Su misión fue enseñar a las agrupaciones a generar una operación sustentable. Las instruyó en materia de impuestos y contabilidad y las ayudó a constituir órganos de gobierno fortalecidos. “Mucho de mi chamba es convertir una obra personal en una institución que pueda sobrevivir a su fundador”, explica.

En febrero pasado el jefe de gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, nombró a Rogerio Casas-Alatriste como presidente de la Junta de Asistencia Privada (JAP) del DF. Ahora tiene en sus manos la misión de supervisar e impulsar las labores de cientos de instituciones de asistencia privada (IAP) y asociaciones civiles dedicadas a la filantropía. Está encantado de la vida en su nuevo puesto y con tres años por delante para sacar adelante varios planes en la JAP.

A la distancia, reflexiona que tal vez si atravesó por una crisis de la mediana edad pues después de 30 años de carrera llegó a sentir que su trabajo ya no lo satisfacía igual que antes.

“Si eso es una middle age crisis, pues sí la hubo. Es un agotamiento de un ciclo, por cierto largo de 30 años, y de repente coincide con una oportunidad -y ahí es donde yo me considero un afortunado de Dios- porque a muchos a lo mejor se les acaba el ciclo y no tienen la oportunidad de hacer otra cosa”.

“A mí se me junta el agotamiento de un ciclo vital  y de repente se presenta la oportunidad de hacer algo más y yo dije: ‘sí, a hacer otra cosa, la que sea’, y en un año ya estaba yo enrolado en otro lado, en algo que era muy parecido pero en distinto sector, con distintos ritmos, distintos requerimientos y también con distintas satisfacciones”, concluye con una sonrisa, Casas-Alatriste.

Sus tips:

  • Consultar a los amigos. Y a amigos que están en áreas diversas y que pueden tener puesta su atención en otros sectores.
  • Estar atentos al “timing” y sincronizar el cambio de rumbo
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