"Es una crisis necesaria"

Expertos dicen que esta etapa responde a la necesidad existencial de cambiar a la mitad de la v a los 20, las decisiones se basan en sueños; a los 40, están sustentadas en necesidades concret

Desde los años 60 existe el término “crisis de la mediana edad” (acuñado por el psicoanalista canadiense Elliott Jaques), pero nunca como ahora la habían sufrido tantos individuos.

Según los psicólogos Carlo Strenger y Arie Ruttenberg, hay una necesidad existencial de cambiar a la mitad de la vida. Sólo así alguien puede mantenerse vigente y enfrentarse a una nueva realidad: la sociedad ya no tiene recursos para pagar pensiones de jubilados que viven tanto tiempo después de dejar de trabajar.

“Se está convirtiendo en un problema como el del calentamiento global”, dice Carlo Strenger (49 años) desde su cubículo en la Universidad de Tel Aviv. “Todas las instituciones del mundo occidental están colapsando, porque se crearon cuando la expectativa de vida era menor que ahora. Es un gran problema para los individuos porque retirarse a los 65 era muy humano”.

Cuando ya los retirados “no sienten que tienen un lugar real en la sociedad”, más vale que los individuos encuentren entre los 40 y los 50 años cuál será su vocación. De otra manera, “se convierte en una pesadilla, no sólo económica sino también psicológicamente, la exigencia de llevar una vida con sentido, y de contribuir con el ambiente y con la sociedad”.

El cambio no se da en forma automática. En un ensayo publicado en febrero en el Harvard Business Review, Strenger y Ruttenberg decían que existe el mito de “la noción de la mediana edad como una transformación mágica”.

Po Bronson, un periodista que recorrió Estados Unidos para recopilar historias de personas que en algún momento se preguntaron qué hacer con sus vidas y, en muchos casos, hicieron cambios radicales en su trabajo o en sus relaciones con otros, advierte que para quienes están en la crisis de la mediana edad hay una trampa escondida en los libros de autoayuda. “La fuerza de voluntad y el coraje es sólo un paso necesario, pero difícilmente el único que debe tomarse. Existo algo que llamo ‘la industria de la moderna máquina de sueños’ que continuamente escupe esa noción de que el éxito vendrá si tan sólo te lanzas a buscarlo, sueñas en grande, pierdes el miedo, etcétera. Esta industria de la máquina de sueños es irresponsable en lo que defiende, vendiendo una idea vaga en lugar de ayuda auténtica. No hay nada fácil en ese cambio”.

Strenger dice que la gente que creció en los años 80, como él, tomó grandes decisiones en ese momento, pero ya no tiene mucho tiempo para hacer cambios después de los 40 y los 50. Esa es una desventaja. Pero hay una ventaja: que cuando se tienen 20 años se toman decisiones basados más en sueños que en realidades. A los 40, dice, uno ya tiene una idea más clara de quién es o se lo puede preguntar a algún conocido.

Cuando se tienen 20 años alguien está pensando en casarse, en construir una casa, en un gran proyecto. Veinte años después, y con las nuevas expectativas de vida, “el terreno ha cambiado. La duración promedio del matrimonio es ahora la misma que en los años victorianos –cerca de 15 o 20 años- sólo que antes terminaba cuando morías y ahora después de ese tiempo ya habría que divorciarse para terminarlo. Nadie pensó que viviríamos 80 años cuando se inventó el matrimonio”.

¿Cómo cambiar entonces? “Cuando ya estás cansado de tu carrera, te empiezas a sentir frustrado en tus años 40 o 50 y ahora sientes que vas a vivir más tiempo, entonces piensas, ‘Dios! Voy a tener que seguir haciendo lo mismo”.

“Pero es un mito que después de la mediana edad ya no puedes cambiar. Hay mucha evidencia médica de que la gente está muy activa, la actividad del cerebro es muy alta, no hay razón para no seguir desarrollando cosas, claro que no puedes esperar que el entusiasmo a los 45 años sea el mismo que a los 20”.

Lo que Strenger y Ruttenberg han encontrado en sus observaciones sobre el cambio de la mediana edad es que la gente no debería hacer cosas completamente diferentes, “como el abogado que se levanta una mañana y quiere ser un escritor, o el médico que quiere ser chef. Esa es una manera poco realista de ver las cosas. A los 20 años tenemos poco conocimiento del mundo, en la mediana edad sabemos más acerca de nosotros”.

Para preparar “tu segunda vida”, hay que diferenciar entre las fantasías y lo que realmente somos, dice Strenger. Lo más común es que se crea tener el sueño de ser actor, cantante o escritor, pero esos sueños pueden no estar conectados con nuestra realidad. 

Algunos ejemplos: En el ensayo del HBR, los psicólogos hablan de un exbanquero que quiso hacer películas pero se dio cuenta que nunca había ido más allá de sacar videos a sus hijos. Pero pudo encontrar una nueva actividad en su vida cuando pudo combinar su experiencia y conocimientos en la industria financiera con la actividad del cine y ayudó a financiar películas.

También hay que tomar algunos riesgos. “Hay muchos casos de esos, como el de (José) Saramago, quien nunca había tomado el riesgo de escribir ficción, era periodista, y empezó a escribirla a los 54 años”.

Sí se pueden seguir sueños, pero hay que diferenciarlos de la fantasía. ¿Y cómo distinguirlos? Por ejemplo, si quieres ser chef, pregúntate qué rol han jugado la cocina y la comida en tu vida, si sólo vas a restaurantes, entonces ser chef es una fantasía, “pero si cada semana invitas amigos, pruebas recetas, las ordenas en tu computadora y ha sido una gran pasión por 30 años entonces sí tienes vocación. Al llegar a la mediana edad, tienes que saber qué sí puedes seguir, si es una pasión a la que nunca le has invertido no podrás ser actor si lo que quieres es parecerte, por ejemplo, a Brad Pitt”.

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