Las nuevas reinas

¿Habla mandarín o portugués? en el siglo XXI las multinacionales líderes son chinas y brasileña Es hora de que el gobierno escuche la señal.
Roger Agnelli, presidente de Companhia Vale do Rio Doce jueg
Raúl Ferro

Carlos Slim alborotó el gallinero en Brasil a mediados de agosto de 2006, cuando se conoció que Telmex había comprado 3.4% de Portugal Telecom, empresa que, en sociedad con la española Telefónica, es propietaria de Vivo, la mayor operadora de telefonía celular brasileña. Éste es un mercado en el que Slim tiene la tercera posición con su marca Claro. Aunque Telmex aclaró que su inversión es financiera, muchos se preguntan si la compra esconde otras intenciones a largo plazo.

El de Telmex es el caso más agresivo del puñado de multinacionales mexicanas que se aventuraron por las costas sudamericanas en los últimos 15 años. Estas empresas están en actividades tan diversas como la alimentación, el cemento y las telecomunicaciones.

Pero las firmas mexicanas ya no están solas. Con China y Brasil a la cabeza, el fenómeno del surgimiento de las multinacionales de países emergentes está llamando la atención de organismos como el Banco Mundial y bancos de inversión.

Mientras el TLC empujó a las empresas mexicanas a crecer en el extranjero, chinos y brasileños han colocado la internacionalización de sus corporaciones como uno de los puntos centrales de sus estrategias de desarrollo.

“El gobierno espera que para el final del periodo del presidente Lula, Brasil cuente con al menos 10 empresas realmente multinacionales”, señaló en marzo de 2003 el ministro de Comercio e Industria, Luiz Fernando Furlan.

El gobierno chino tiene un programa denominado Going Global, destinado a apoyar la internacionalización de sus empresas. Bajo este programa, China relajó en 2003 sus controles cambiarios para las inversiones de sus empresas en el exterior y también otorga subsidios y líneas de financiamiento.

Entre las latinoamericanas, las empresas mexicanas fueron pioneras en la internacionalización de sus negocios. Los primeros años de la década de los 90 vieron a Cemex, Bimbo, Tribasa, Televisa, Elektra, Femsa o ICA, salir al mundo con chequera, bonos y ADR en mano para comprar empresas. Algunas, como DINA y Tribasa, fracasaron estrepitosamente, pero el grueso ya son jugadores globales.

Los mexicanos no fueron los únicos. Por los mismos años, los empresarios chilenos aprovecharon la época de las privatizaciones y de la desregulación. Pero el brazo de los chilenos se limitó a países cercanos, salvo el caso de la Compañía Sudamericana de Vapores, una de las 10 mayores navieras del mundo. Hay otros casos, como los argentinos Techint/Tenaris (acero e ingeniería), Arcor (alimentos) y Aceitera General Dehesa (agroindustria), el peruano Ajegroup (la matriz de Big Cola) o la colombiana Leonisa (confección), pero son excepciones a la regla.

El escenario ha variado. Ahora le llegó el turno a Brasil. Superados los coletazos de la crisis asiática, a principios de esta década los brasileños salieron al juego global. Cuentan con el apoyo del gobierno, especialmente del poderoso BNDES –el banco estatal de desarrollo–, que tiene líneas de crédito para facilitar la apertura de oficinas de empresas brasileñas en el exterior. Si los 90 fueron los años de la internacionalización de las empresas mexicanas, la primera década del siglo XXI es de las brasileñas.

A jugadores como el fabricante de aeronaves Embraer (el cuarto mayor del mundo) el fabricante de carrocerías Marco Polo, o la empresa de construcción e ingeniería Norberto Odebrecht, se suman empresas como la cervecera Ambev, la acerera Gerdau y la minera Compañía Vale do Rio Doce (CVRD).

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