Monterrey: capital industrial masculina

En las firmas regias, predomina la idea de que sean los hombres quienes ocupan algos rangos; pero algo está cambiando en La Sultana del Norte con la llegada de las multinacionales.
Laura Solano, de las pocas mujeres en FEMSA que fue abriendo  (Foto: )
Tania Lara

A Laura Solano el divorcio no le dejó otra opción: trabajar. Con un diploma de secretaria ejecutiva y dominio del inglés, solicitó empleo en la embotelladora FEMSA, a los 31 años y con dos hijas de seis y nueve años. Hizo lo que nadie en su ambiente. Ninguna de sus amigas había estudiado una carrera profesional y mucho menos, trabajaban una vez casadas.

Cuando llegó a FEMSA había muy pocas mujeres en las compañías regias. “En todos los grupos de Monterrey había personas chapadas a la antigua y no aceptaban mujeres casadas, divorciadas o con hijos. Y si alguien se iba a casar, prácticamente se le despedía de la empresa”, recuerda Solano, que ahora a sus 59 años es gerente de Responsabilidad Social de Cervecería Cuauhtémoc Moctezuma, división de FEMSA.

Todavía hasta hace 10 años era frecuente que las entrevistas de trabajo a las mujeres incluyeran preguntas sobre sus planes de matrimonio y familia. “En los 90, las empresas pedían que fuera hombre y casado; eso era definitivo”, relata Gabriela Jáuregui, quien fue cazatalentos durante 17 años para la firma Amrop International en Monterrey y hoy trabaja en forma independiente. Se reproducía en las compañías la tradición familiar de que las mujeres debían dedicarse al hogar. Además, consideraban que los hombres con familia serían más estables y comprometidos, explica Jáuregui. 

“Sentí que descubría el mundo, que podía hacer algo más”, recuerda de ese primer clavado en el mundo laboral. Hoy recita de memoria su primer día: 24 de abril de 1979. A los seis meses, se volvió auxiliar administrativa. Dos años después, estudió la preparatoria y posteriormente hizo la carrera de Economía, en el turno nocturno. Cuando terminó su carrera, en 1986, los ascensos no llegaron tan pronto como esperaba. Su jefe le respondió “papelito habla” la vez que ella le pidió un ascenso mientras estudiaba la carrera. Laura Solano argumentó que otro compañero era gerente sin tener un título profesional. “Ésa es otra historia”, contestó él. El golpe fueron las veces que no fue considerada para un puesto. “Claro que sentí el techo de cristal”. En esos momentos, pensó que ser mujer era el obstáculo. Roberta Garza Medina, también lo experimentó. “Tuve que pelear para que mi familia me dejara estudiar (una carrera)”, cuenta la directora editorial del periódico Milenio en Monterrey y hermana de Dionisio y de Luis Garza, el primero, presidente y director del grupo empresarial Alfa, y el segundo, vicario general de los Legionarios de Cristo.

“Jamás he sentido discriminación u obstáculos (en el trabajo) por ser mujer”, dice. Pero en su familia sí enfrentó la retórica general de que la mujer sólo estudiaba o trabajaba mientras encontraba marido. Hoy esta realidad está cambiando. En el semestre en curso, 43% de la matrícula en el Tec de Monterrey son alumnas.

Además, ha crecido el porcentaje de mujeres que trabajan estando casadas, documentó Jorge Valero Gil, actual director de la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Nuevo León (en 1976 era 8%; para 1996, era 17%, encontró su estudio). Está creciendo la participación, sobre todo, de mujeres con más de 15 años de educación y las más jóvenes. “Quizá por esa juventud es que todavía no se observen en puestos ejecutivos”, comenta.

Entre ayer y hoy

Al parecer, entre las empresas predomina la idea de dejar que los hombres sean quienes recorran la escala hacia los altos puestos. Prueba de ello es la escasa presencia de mujeres en puestos altos de las firmas regias. En el listado de Expansión figuran una empresaria y cuatro ejecutivas de dos compañías, y ninguna de los más grandes consorcios.

Pero algo está cambiando. La presencia de multinacionales y la venta de empresas familiares a compañías extranjeras abrieron las puertas a más mujeres en los cuerpos directivos. Son los casos de Gamesa, vendida a Pepsico; de IMSA e Hylsa, adquiridas por Ternium, y de Cigarrera La Moderna, que compró British American Tobacco (BAT). Éstas, así como Home Depot y Cemex, ya solicitan que en cada terna de aspirantes a un puesto haya una mujer.

Las compañías que han dado pasos para incorporarlas enfrentan otros desafíos. Para los altos cargos les es difícil encontrar mujeres con una preparación sólida y la experiencia requerida, dice Eduardo Taylor, director general de Korn Ferry en México. Él fue durante 10 años y hasta 2006, cazatalentos en Monterrey. “Salía a buscar ejecutivas al DF, a Estados Unidos o Argentina, pero el problema era llevarlas a Monterrey”, dice. Eso, por cierto, tampoco funcionó. La mayoría declinó mudarse, por razones de familia.

Según las empresas, hay una escasez de talento femenino. Hace tres años, Banorte buscaba a una mujer para cubrir una dirección de zona. “Mi jefe hizo evaluaciones a hombres y mujeres pero hubo hombres con mejores calificaciones para ese puesto”, relata Alejandro González, director regional en Monterrey. Actualmente, menos de 5% de los puestos directivos del banco están ocupados por una mujer.

Otros caminos

La baja presencia de mujeres también se explica por el sector industrial en el que participan las firmas regias, dicen los expertos. Las más grandes son fabricantes de cemento, vidrio, acero, minería o papel. Sectores donde, a nivel nacional, la mujer tiene una baja participación, a diferencia de las industrias de servicios. Tal vez por eso también, en Monterrey, las mujeres de las familias empresarias han buscado por muchos años caminos distintos a los negocios. Nina Zambrano, hermana del presidente de Cemex, es la presidenta del Museo de Arte Contemporáneo (Marco). Liliana Melo de Sada, esposa de Federico Sada, el director general de Vitro, está al frente del Museo del Vidrio; y Maca Garza Lagüera, esposa del empresario Alfonso Romo, creó Filios, una casa de adopción de niños. “Existe la idea de que ellas ayudan pero no gobiernan ni dirigen”, dice Lídice Ramos, directora del Centro Universitario de Estudios de Género de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

En los corporativos persiste una política silenciosa. “El descaro ya se fue”, asegura Gabriela Jáuregui, y las empresas ya no piden por escrito ‘sólo hombres’ para puestos de alta dirección. Pero todavía hay resabios. Hace cuatro años que una de las firmas más antiguas de Monterrey rechazó la candidatura de una mujer para la dirección de mercadotecnia. “Llegó el punto de la negociación que me dijeron que preferían un hombre”, cuenta la cazatalentos. Eduardo Taylor cree que están poco acostumbrados al liderazgo femenino.

El precio del éxito

Además, en Monterrey, todavía es difícil encontrar una pareja que apoye la carrera de su esposa, dicen ellas. “El estereotipo clásico del regio (machista) tiene elementos de verdad”, opina María Elena Ramos, de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

Silvia Pongutá cuida un bebé de 18 meses y espera a su segundo hijo. Confiesa que ni tiempo tiene para detenerse en mareos y náuseas como directora de Desarrollo de Johnson Controls en América Latina, una fabricante de baterías y accesorios para autos. Ahora entiende por qué tantas mujeres dejan de trabajar al tener hijos. “Es bien difícil ponerse tantas cachuchas”. Ella ronda los 40 años y su esposo, directivo en el Tecnológico de Monterrey, la ayuda con su hijo.

 

Éste no fue el caso de Roberta Garza, de Milenio. Ella  cree que su pareja no aceptó que ella tuviera otras prioridades y que esto contribuyó a su divorcio. “Un hombre está de acuerdo que la mujer trabaje pero nunca que la sopa todavía no esté caliente cuando él regresa a la casa”.

Alejandro González, de Banorte, dice que la sociedad los educó para aportar a la economía familiar. Cuando sucede al revés, hay un shock cultural, explica. “Si, por accidente, la mujer gana más que el hombre, eso causa un sentimiento de fracaso. Aunque debería ser al revés, es un logro que debía causar envidia”, dice este padre de cuatro hijos cuya esposa supervisa una franquicia de Mi Farmacita Nacional. Él dirige 20 sucursales, donde 11 de las gerentes son mujeres.

Las mujeres en Monterrey también tienen una escasa participación en las cámaras empresariales. Por eso muchos opinan que el problema está más en las mujeres y sus aspiraciones que en las empresas, dice Taylor, de Korn Ferry.

En casi 30 años de trabajar en FEMSA, Laura Solano fue pionera en muchas áreas. A su paso, inauguró el área de relación con inversionistas, estrenó la primera gerencia de comunicación corporativa de la empresa y hace seis años también fue la primera en darle forma a las iniciativas de responsabilidad social de la cervecería. “Siento que he crecido más en los hechos que en el nombre de mi cargo”, expresa con sinceridad. A sólo cinco años de su jubilación, todavía desea ser considerada para un puesto de mayor nivel organizacional. “Me voy a morir queriendo más. No hay peor lucha que la que no se hace”, asegura.

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