Telmex y Carso, las razones de ayudar

Carlos Slim quiere donar 1,000 mdd anuales hasta el 2017, a cambio de ello, pide resultados; a los 67 años, el segundo hombre más rico se dedica ahora a la filantropía, con visión de negoc
Los empleados de Slim ayudan hasta en desastres naturales (F  (Foto: )
John Moody
CIUDAD DE MÉXICO -

Arturo Elías Ayub está acostumbrado a que su jefe lo obligue a cuidar sus gastos durante su jornada de trabajo en Teléfonos de México. El yerno de Carlos Slim lo vive desde su oficina, donde parte del mobiliario parece que ha estado ahí desde antes de la privatización de la telefónica.

Como presidente de la Fundación Telmex, con activos superiores a 1,300 millones de dólares (mdd), su relación laboral con el hombre más rico de México no es diferente a la que mantiene en la telefónica. El modus operandi de su suegro para manejar negocios no cambia en la filantropía social, una nueva etapa en la que se ha enfocado el segundo hombre más rico del mundo, a los 67 años.

Cada donación debe mostrar resultados, se tienen que generar ahorros donde se deba y sinergias donde se pueda. "Jamás me ha llamado la atención por un gasto", comenta Elías, visiblemente orgulloso del trabajo que hace la fundación apoyando desde programas de salud y educación hasta el pago de fianzas por encarcelamiento ‘injusto’ o la canalización de iniciativas de auxilio por desastres naturales.

Como cuando expande agresivamente sus negocios, también las donaciones de Carlos Slim son a lo grande. En los siguientes 10 años llegarán a ser una quinta parte de su fortuna actual, al alcanzar los 10,000 mdd.

Semejante cifra (cerca de 60% de lo que facturó Telmex este año), podría ser analizada como la carta fuerte del ‘Midas’ de las telecomunicaciones en respuesta a las críticas cada vez más agudas en contra de sus empresas con amplios porcentajes de participación de mercado y una fortuna que no deja de crecer. Como él, los empresarios que más se beneficiaron de la liberalización de la economía mexicana se están dando cuenta, cada vez más, de que también se les exige una respuesta a la pobreza extrema en la que todavía se encuentran millones de mexicanos.

"Esto tiene que ver con una crisis de legitimidad en las instituciones públicas y privadas del país", explica Adriana Abardía, de Alternativas y Capacidades AC, organización dedicada a la investigación y la capacitación de las organizaciones de la sociedad civil. "Las grandes empresas se perciben como los grandes privilegiados en medio de un contexto económico muy adverso para la mayor parte de la población".

La transformación de Carlos Slim

El primer parteaguas de la nueva etapa de Carlos Slim ocurrió en noviembre del año 2005, cuando convocó a cientos de empresarios, políticos y otros ‘actores de la sociedad’ para la firma del Acuerdo de Chapultepec. La idea era sentar las bases para establecer políticas de Estado que definan el futuro de México.

Aunque finalmente resultó fallido, difundió el mensaje del ‘empresario millonario preocupado por el futuro de su país’ y dio el primer paso para poner en la agenda pública temas históricos y centrales un año antes del cambio de gobierno.

Ya había comenzado a delegar la operación de sus empresas a sus hijos, yernos y altos ejecutivos, mientras él se aboca a las donaciones de una gran parte de su fortuna y establece sus Institutos de Salud y Educación.

Esto podría marcar también una nueva etapa en la filantropía corporativa de México que todavía muestra rezagos importantes en comparación con países que presentan desigualdades sociales similares. La sociedad civil aún es muy débil, con apenas 10,000 organizaciones en comparación con las 35,000 que existen en Chile, donde viven sólo 15 millones de personas.

También es un cambio sustancial en términos de dinero. Mientras, no hay cifras del total que donan las empresas en México porque no hay transparencia en el sector (por ejemplo, la Fundación Telmex no reporta el total de sus donaciones anuales), una encuesta entre 150 grandes compañías realizada por Alternativas y Capacidades muestra que una tercera parte da menos de 1 mdd al año a la comunidad.

En este contexto, las donaciones de Slim podrían tener un impacto relevante. "Esto podría significar cambios reales en México si se les compara con los recursos que tienen ahora", dice Arie Hoekman, representante del Fondo de Población de las Naciones Unidas para México. Y añade que, con ello, se siente más optimista por los cambios en un país en el que el sector privado es mucho menos visible en el desarrollo social que lo que vio en anteriores estancias en países como Sudáfrica. Y es una señal de que las compañías están entendiendo mejor el enlace entre el desarrollo social y económico del país y la sustentabilidad y rentabilidad de sus empresas. Mientras más consumidores potenciales y más empleados preparados existan mejor les irá. En África muchas empresas ya aprendieron esto, sobre todo frente a la ola de infecciones de sida.

"Allá, firmas como Río Tinto Zinc se han involucrado más en temas como el VIH porque ven cómo tiene un efecto en la salud de sus empresas", cuenta Hoekman, y agrega que, a largo plazo, la salud de las compañías está directamente ligada con la salud del país y su gente.

Como, leo, luego existo

A la fecha, Slim tiene otras dos fundaciones (además de la Telmex): la Fundación Carso, con 2,900 mdd en activos, y el Centro de Estudios de Historia de Condumex, con 300 mdd. La expansión del nuevo impulso de Slim se basará en dos nuevas entidades, el Instituto de Salud y el Instituto de Educación, con la teoría de que se necesitan ambas para sacar a la gente de las condiciones socioeconómicas en las que viven actualmente.

Éste es un ejemplo del pensamiento estratégico del segundo hombre más rico del mundo: sustentabilidad de lo que potencialmente podría ser un mercado para algunas de sus 14 empresas. "Si uno invierte en educación pero no en salud, entonces estaría poniendo su dinero en gente que no es productiva", dice Steven Forsythe, un economista especializado en temas de salud en el Instituto Nacional de Salud Pública en Cuernavaca, quien también asesora al Banco Mundial.

Los nuevos institutos arrancarán con 500 mdd cada uno, permitiendo que los fondos de Slim entren a una nueva era de programas con una visión global que lleguen a los más pobres, a diferencia de los que sus fundaciones desarrollaban hasta ahora, de alcance significativo pero dispersos.

Es probable que el dinero que destine a los nuevos institutos tenga un mayor impacto que los montos similares utilizados por el gobierno o alguna otra organización sin fines de lucro.

Como parte del plan Arranque Parejo, la Fundación Telmex quería comprar incubadoras y equipo de ultrasonido para hospitales rurales que no tenían esa tecnología básica para salvar vidas. Tras una subasta entre proveedores, la fundación pagó 40% menos que la cotización original de los vendedores, quienes están acostumbrados a negociar con el gobierno. "(Y eso que) fue el primer equipo médico que compramos", comenta Elías. El equipo no es gratuito para los hospitales. Lo reciben en comodato y así es más probable que lo utilicen de la manera óptima.

En ese afán de medir eficiencias, también responsabilizan a los receptores del buen uso y manejo de las donaciones. "Detectamos un hospital con las cajas cerradas y se las quitamos", refiere Elías. Eso sería improbable que sucediese en el IMSS. El cuidado se extiende a la propia nómina de las fundaciones. La de Telmex gasta 200,000 pesos al mes en sus 10 empleados aprovechando, por ejemplo, que la contabilidad la lleva el contador de Telmex y no les cobra.

Mejores prácticas

La actividad de las fundaciones Telmex y Carso también buscará revertir una tendencia muy arraigada en la filantropía mexicana, el asistencialismo. "Los problemas no los resuelves con caridad, sino atacando los problemas aprovechando la experiencia empresarial", dice Elías.

El mismo Slim lo dijo en su tradicional conferencia de prensa a inicios de año. Los empresarios no deberían "andar como Santa Claus; (…) por su experiencia, por su vocación y por su talento son personas que deben participar más en resolver los problemas… deben hacer más que dar".

Tras 22 años de donaciones (primero desde Fundación Carso), lo que permanece es la naturaleza práctica de muchos de sus programas. Por ejemplo, al detectar que los niños no iban a las escuelas rurales porque les quedaban demasiado lejos, regalaron un total de 100,000 bicicletas. O para atacar la malnutrición que impide que los niños se concentren en la escuela, les dieron toneladas y toneladas de dulces que contenían las vitaminas necesarias. Éstas son soluciones relativamente baratas pero también prácticas, con un alto retorno en su inversión, si bien no precisamente financiero. Desde 2001, se han repartido 5.75 millones de toneladas de esos dulces.

Todo esto se basa en una idea de equidad, reforzada por un programa médico llamado Arranque Parejo en la Vida, que parte de la idea de que las profundas desigualdades en México comienzan desde el nacimiento y, si no se tratan, se hacen cada vez más grandes con el paso del tiempo.

Eso provoca profundas divisiones en la sociedad y se traduce en que un sector importante de la población está impedido para convertirse en parte de una sociedad moderna, en otras palabras, en consumidores de las empresas más grandes del país. "La desigualdad está arrastrando al potencial de México y evita que la economía se desempeñe de la mejor forma posible", señala Hoekman.

Otro ejemplo es el Programa de Justicia, que paga las fianzas de personas encarceladas por delitos menores que no tienen los 500 o los 2,000 pesos necesarios para obtener su libertad. Algunos de ellos ni siquiera hablan español y para cuando consiguen salir de prisión, tras meses o años, sus vidas ya están arruinadas, aunque se descubra que son inocentes. El año pasado, la Fundación pagó 3,942 fianzas y en 10 años llevan un total de 51,948.

Otros programas incluyen becas, equivalentes al salario mínimo, para los mejores estudiantes de familias pobres, quienes también obtienen computadoras y acceso a Internet gratuito a través de Telmex y Prodigy. Estos programas eventualmente beneficiarán a la empresa, como muchos creen que sucede con los programas de Responsabilidad Social Corporativa. Podría darse el caso de que muchos de estos estudiantes sean luego empleados de Telmex, Condumex o Sanborns, por ejemplo. De esa forma, Carlos Slim podrá probar de primera mano el mejor talento que seguramente mantendrá lealtad a estas compañías que les ayudaron en el pasado.

Fuera de las empresas, la nueva etapa del ‘Midas’ mexicano ayuda a desarrollar ciertas condiciones de un país que forma la base de su fortuna, la actual y la más grande que seguramente tendrá en una década más.

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