China, con medalla olímpica en economía

El país sede de las Olimpiadas está inmerso en una mejor carrera: ser la primera economía mundi por ahora, el dragón ya es campeón global de comercio, y en 2009 será primer lugar en exportaci
la ganancia neta de las 1,500 emisoras de las bolsas de Shan  (Foto: )
Diego Fonseca

Este año habrá 16 días para ver quién, entre China o Estados Unidos, alcanza el poderío, en los XXIX Juegos Olímpicos, que arrancarán el 8 de agosto en Beijing, China. En la pasada justa deportiva, en Atenas 2004, China terminó segundo. Si se cumplen los pronósticos que dicen que el local tiene ventaja en toda competencia, China debiera acumular más medallas doradas, plateadas y bronceadas que su seguidor, muy probablemente, el mismo EU.

Pero no ha tenido que esperar a Beijing 2008 para ser el campeón del comercio global. Por encima de otras razones –India, dólar barato, precios–, China ha solventado buena parte del crecimiento del intercambio económico global, especialmente en el último quinquenio.

¿México? Como siempre, un abastecedor seguro de la futura segunda economía en el podio y, como si no tomara nota, con una estrategia lenta para afianzar la relación con la próxima mayor economía del mundo.

En 2007, la economía global creció 4.8% y este año volvería a expandirse 3.9%, según organismos internacionales (hasta fines de mayo). Tocada también por la crisis subprime de EU, China podría reducir su ritmo de expansión del 11.4% de 2007 a 8%, pero seguirá siendo el principal motor mundial.

El dragón, cuyo comercio crece al triple que el promedio de los demás países, será en 2009 la mayor nación exportadora y explica, junto a los fondos de inversión (especulativos o no) que ingresaron masivamente al negocio de materias primas, parte del buen momento de México y América Latina.

Dinero crudo y primario
La inflación ha ido acompañada de una reducción de la oferta de ciertos productos agrícolas (maíz y caña de azúcar han migrado voluminosamente a la producción de etanol). Entre precios y demanda, las compañías mexicanas y latinoamericanas siguen haciendo su agosto. En 2007, las ventas de las 50 mayores empresas de capital abierto de América Latina sumaron 541,600 millones de dólares (MDD), según la consultora brasileña Economática, es decir, 29% más que en 2006. América Móvil, Cemex y Wal-Mart de México secundaron a las líderes, las brasileñas Petrobras y Vale do Rio Doce, que viven del petróleo y los metales.

Si esto ocurre es porque, por primera vez en mucho tiempo, ha sido exitoso cierto blindaje de América Latina a las crisis internacionales. Mayor liquidez ha dado fortaleza a los bancos centrales, poder de compra a los consumidores y reducido ligeramente las tasas de pobreza. Por supuesto, ha habido desbalances. Para México, una menor actividad constructora en EU redujo las expectativas de sus cementeras; la crisis de las tres grandes armadoras de autos impactó en sus autopartistas y mayores precios de insumos tocaron a las alimentarias.

¿Qué viene? Sin que cunda el pánico, ronda el fantasma de la inflación. Precios de los alimentos más altos suelen ser buena noticia de corto plazo para los productores, pero son la maldición para las familias. La inflación es riesgo para todos. Para México es particularmente preocupante cuando impacta en harinas, granos, azúcares y algunas carnes, productos consumidos en gran volumen por la población más pobre. El dólar se apreció 5% y productos básicos como arroz, tortillas, pan empaquetado y carnes han aumentado significativamente de precio.

En respuesta, el gobierno decidió importar libremente trigo, arroz, maíz blanco y amarillo y una cuota de frijol y reducir 50% los aranceles para la leche en polvo. Incluso, subsidiará más el combustible y la energía para mantener los precios accesibles.

La mezcla de protección y apertura es razonable ante inestabilidades generales y mientras sea temporal. La cristalización de la medida a largo plazo será nociva para la competitividad decreciente de la economía nacional, particularmente, en la disputa del mercado de EU con la más dinámica China.

¿Qué esperar? Las señales son complejas. La Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) guarda calma en el precio de aceites y oleaginosas, y confía en una mayor producción durante 2008/09. El azúcar bajará, pues hay excedente mundial (respiran un poco las embotelladoras de refrescos pues México no se autoabastece); habrá más carne para comer y la leche tendrá un comportamiento inestable, con mayor volumen producido y precios celestiales, y los cereales mantendrán posiciones elevadas, que en enero ya fueron 83% más altas que un año antes.

En términos estructurales, el corto plazo parece mantener el buen tino para México una vez que tengan efecto las medidas del gobierno para contener la inflación. La demanda de EU se ha desacelerado y, con 40% de la economía mexicana atada a ella, es previsible que el país reduzca su crecimiento.

Hoy, el 3.2% proyectado para 2008 por Banxico suena a idea de literatura de ficción. El flujo de remesas, un consumo desacelerado y alzas en las tasas de interés –y un nada descartable regreso de emigrados por la crisis en EU– presionarán sobre el empleo y el crecimiento.

El enlace de la nación con su mayor comprador internacional y su futuro remplazo es un debate que ha tomado demasiado tiempo. El mundo gira, por primera vez en algo más de un siglo, para dar más peso económico a Asia que a EU. La multipolaridad incluirá en el mapa a Brasil, Rusia e India, miembros del BRIC, con enorme capacidad de crecimiento.

Todo eso significa para México un sí a EU pero también a China, India, Rusia, los tigres subasiáticos y Japón y, no menos, al gigante portugués en Sudamérica, sino también a Colombia, Chile y Argentina. Las respuestas a ese panorama ya debieran ser profundas porque el diagnóstico tiene más de un sexenio.

En economía, eso es como correr el maratón de Beijng distraído y a media marcha, mientras el resto aprieta el paso buscando desesperadamente la meta.

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