El registro de la verdadera Kate Moss

El libro del fotógrafo Mario Testino revela a través de fotografías la real esencia de la modelo; la tesis del autor ‘lo natural es hermoso’ se muestra en fotos de una Moss desnuda y sin maquillaje.
kate moss  (Foto: Cortesía Taschen)
Daniel Krauze

Como fotógrafo de moda, siempre ha estado un paso adelante de sus colegas. Otros han dedicado su carrera a entender lo glamouroso y lo sexy a través de fotografías meticulosamente planeadas en las que la modelo está maquillada hasta los dientes, en las que el set tiene que ser extravagante y lujoso y en las que el contexto de la imagen habla del dinero como condición indispensable de la belleza. Por su parte, Mario Testino siempre ha entendido que lo verdaderamente bello no necesita de una cama de bronceado y de un litro de rímel. Basta ver las fotografías que le tomó a personajes tan diversos como la Princesa Diana, Elizabeth Hurley y Jennifer Aniston. En ellas, estas actrices, modelos y figuras públicas aparecen sobre o cerca de su cama, acabando de despertar o a veces con el cabello desaliñado. En la sencillez que sugieren estas imágenes queda encapsulado el manifiesto de Testino: lo natural es lo hermoso.

Por lo tanto, no debe sorprendernos que este fotógrafo de origen peruano haya decidido dedicarle un libro entero a la modelo que se ha convertido en el estandarte del antiglamour: Kate Moss.

Al navegar la última estela de la ola grunge de principios de los noventa, Moss se convirtió en una estrella de las pasarelas desterrando la pose y la elegancia del modelaje. La moda subsecuente, conocida como heroin chic, empieza y acaba con ella.

Con un rostro perennemente aniñado y con una estatura muy por debajo de la media requerida para su profesión, Moss entró a escena como la imagen indiscutible de Calvin Klein, promocionado un perfume desnuda sobre un sillón o luciendo la última colección de ropa interior con el pelo húmedo, como si acabara de salir de la regadera.

El éxito de sus campañas no se hizo esperar. A diferencia de las modelos que le precedieron (Cindy Crawford y Claudia Schiffer, por nombrar sólo dos), Moss jamás parecía necesitar la atención de la cámara. Su mirada -casi apática- daba la impresión de que había sido captada por un paparazzo en vez de un fotógrafo de moda. Las escenas cotidianas, la belleza innegable pero discreta, la indiferencia frente al flash y la mordida del obturador: éste era el nuevo terreno del modelaje. Y ella era la reina.

El fotógrafo de la recámara y la modelo que no modela. El fotógrafo del espacio íntimo y la percha reticente. Además de viejos amigos, Mario Testino y Kate Moss son la dupla perfecta. Las imágenes que revela su colaboración son prueba fehaciente de lo fructífera que resulta esta mezcla.

Están las fotos que imaginan el espacio personal de la modelo: ella, desnuda de la cintura para arriba, con un cigarro en los labios, reta a la cámara de manera inusual. Testino parece saber que Moss luce mejor cuando da la impresión de estar llegando de alguna fiesta, en vez de estarse alistando para salir a algún lugar. Y como prueba queda una imagen: ella, con el rostro limpio salvo por un lápiz labial de un rojo feroz, observa al lente con esa mirada única, mezcla de deseo y cansancio. Ninguna de estas fotos parece montada o premeditada. Cada una de ellas da, a su manera, la impresión de espontaneidad.

En el proceso, Testino reinventa la imagen de quien, a pesar de sus 36 años (una eternidad en el mundo de la moda), sigue siendo el rostro de centenas de productos y el maniquí predilecto de decenas de marcas. A través de su cámara, Moss parece lejos -lejísimos- de la opacidad de su etapa como reina del heroin chic.

El libro deja entrever, ya no a una jovencita, sino a una mujer que nada tiene que ver con esa figura delgadísima que llevó a tantos reporteros a preguntarle si era o no anoréxica. En suma, al observarla lejos de la pasarela, Testino parece haberla despojado de las mil máscaras que una modelo debe portar para poder vender todo lo que vende.

Quizá esta Kate Moss -la que se esconde en este libro- no sea la modelo ni la figura pública que adorna los tabloides británicos con frecuencia. A lo mejor es una Kate Moss inédita: la verdadera. Lo que hace el ojo de un buen fotógrafo.

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