La ruta de los conquistadores

Más de 500 conquistadores descubrieron América, ahora es momento que descubras de dónde vienen.

Conquistando España

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españa-bandera  (Foto: Stock.xchng)

Salieron de pueblos ovejeros aferrados a antiguas vías romanas, a colinas limadas por el viento, desde las cuales un soñador dibuja mares de monstruos o selvas doradas. La mayoría de los conquistadores de América salieron de allí: Hernán Cortés, Francisco Pizarro, Vasco Núñez de Balboa, Francisco de Orellana, Alonso de Ojeda... Nombres que están clavados como lanzas furtivas en la historia del Nuevo Mundo. Se calcula que más de treinta mil extremeños cruzaron el Atlántico durante la Conquista. Vasco Núñez de Balboa, de Jerez de los Caballeros, dibujó un océano. De niño escuchaba las odiseas de Colón que masticaban los feligreses en las misas. Llegó al continente escondido en un barril, sin armadura ni caballo. Meses después, entre las nubes de mosquitos de la selva del Darién (Panamá), no tuvo que imaginar nada. Estaba frente a un horizonte azulado, había descubierto el océano Pacífico.

Hay mañanas brumosas en las que todavía hoy se adivina el océano desde las murallas de Jerez. Aquellos pueblos y ciudades siguen allí, aferrados a las autopistas que serpentean la Extremadura profunda: Zafra, conocida como la pequeña Sevilla, Medellín (cuna de Cortés y con una historia milenaria), Trujillo (la población con más conquistadores) o Guadalupe, donde se alza un erizado monasterio que guarda la Virgen de Guadalupe extremeña, patrona de la Conquista, la que Colón invocaba en alta mar.

La Virgen de Guadalupe extremeña.

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españa-extremadura2  Las tierras desoladas caracterizan a esta zona. ✓  (Foto: Stock.xchng)

La aparición de esta virgen no tiene como protagonista a un indígena, sino a un pastor de ovejas, Gil Cordero. La imagen de madera quemada la encontró cerca de un río, en una de las gargantas de las montañas que rodean el monasterio de Guadalupe, uno de los más visitados de la cristiandad. Construido en 1340 en uno de los parajes más verdes e inaccesibles de Extremadura, el monasterio recuerda un castillo de Disney por sus torres afiladas cubiertas de cerámica vidriada. En 1993 fue declarado Patrimonio de la Humanidad no sólo por sus colecciones y su valor arquitectónico, sino por la importancia que tuvo en episodios como la Conquista de América. En el monasterio, Colón recibió la autorización de los Reyes Católicos para embarcarse hacia las Indias. Antes de partir el navegante se encomendó a la virgen morena y le prometió volver si salía con vida de su aventura. Así lo hizo como cientos de peregrinos de la época. Los devotos siguen llegando, especialmente de Latinoamérica. La virgen es la patrona de la Hispanidad. Su vínculo con la Virgen de Guadalupe mexicana va más allá del nombre.

El primer obispo de México, el español Juan de Zumárraga, fue el primero que llamó Virgen de Guadalupe a Coatlaxopeuh, la virgen que se le apareció al indígena Juan Diego. La virgen extremeña era la más invocada por los conquistadores (Colón bautizó como Guadalupe a una de las primeras islas donde desembarcó) y posteriormente por los evangelizadores que salieron de España hacia el Nuevo Mundo. Ambas vírgenes son morenas pero no se parecen, una está de lado (México) y la otra de frente (Extremadura). La explicación católica de esta familiaridad es la advocación, una manifestación del mismo ser en diferentes momentos de la historia.

El monasterio guarda otros secretos, como una magnífica colección de los gigantes libros corales (una de las más completas de España) o la sacristía, considerada la Capilla Sixtina española por los retratos de los monjes realizados por el pintor extremeño Zurbarán. También impresiona el claustro mudéjar, de piedra roja y caliza, con arcos y un templete central que parece haber sido extraído de una mezquita a miles de kilómetros de distancia. Las tierras desoladas y pedregosas que caracterizan la geografía extremeña de repente confluyen allí, en un nudo de bosques y riachuelos serenos.

Zafra, la pequeña Sevilla

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españa-zafra  La Plaza Chica es uno de los lugares más representativos de Zafra. ✓  (Foto: Stock.xchng)

Desde el Balcón de la sala dorada del Alcázar de los Duques de Feria, hoy Parador Nacional, el joven Hernán Cortés temblaba ante la inminente ruina de su familia. Había regresado de Salamanca, a donde fue a estudiar Derecho, y de fundirse buena parte del patrimonio familiar. Esperaba su turno para hablar con los señores de la comarca. La sala conserva el artesonado de madera policromada de hace 600 años, sólo que ahora comparte espacio con una cama matrimonial y una televisión, es la nueva suite del parador. Desde el mismo balcón donde se asomaba Cortés se divisa la sierra dentada de El Castellar y la pequeña Sevilla, Zafra. Sus voces, plazas y fachadas blancas tienen un claro acento andaluz, aunque la ciudad conserva su propio carácter. "Mi sueño es conocer Machu Pichu o Jujuy, en Argentina; tengo amigos que emigraron para allá", comenta Ángel, camarero de uno de los restaurantes más típicos de Zafra: el Mesón Taurino. La cocina extremeña se caracteriza por platos contundentes como las migas, sobras de pan sofritas con tocino, chorizo y pimientos. "Y el guarro (cerdo), del que se aprovecha hasta los andares", señala el hombre mientras abre una botella de licor de bellota. El fruto es el rey de la región, su olor a madera dulce se adhiere al sabor del famoso jamón de pata negra. "Es de lo mejor que tenemos por aquí", agrega Ángel.

Zafra es un híbrido, un cruce de influencias. Está a medio camino entre Sevilla y Mérida, entre su pasado árabe y su presente agrícola. Allí se pueden encontrar palmeras tropicales, iglesias que fueron sinagogas, como la de San José, arquitectura mudéjar o un par de plazas siamesas. La Plaza Grande y la Plaza Chica están unidas por un cordón umbilical de pasillos porticados. Justo en la intersección está la Virgen de la Esperancita, una talla flamenca que data del siglo XIV. Hernán Cortés estuvo frente a ella antes de partir al Nuevo Mundo. Los duques de Feria le habían dado su apoyo.

El bastión de los Templarios

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españa-jerez  Jerez de los Caballeros recibe su nombre por la orden de los Templarios. ✓  (Foto: Stock.xchng)

Jerez de los Caballeros, el último bastión de los templarios. A media hora de Zafra se encuentra uno de los últimos bastiones de la Orden del Temple: Jerez de los Caballeros. Los templarios se atrincheraron allí después de que el papa Clemente V ordenara su disolución. En la Torre Sangrienta de la muralla árabe aún flota el espíritu de los de caballeros que fueron castigados con la muerte por su desobediencia. A su alrededor han crecido jardines y senderos desde donde se divisa un horizonte brumoso. Justo detrás se levanta el perfil blanquecino de una de las ciudades más pintorescas de Extremadura. Tres torres rojizas y barrocas rompen el perfil de Jerez, las de las iglesias de San Bartolomé, San Miguel y Santa Catalina. La primera podría ser prima de una iglesia de Puebla o Querétaro. Su fachada está empedrada de tonos azules y amarillos, cabezas de ángel, soles y lunas. Alrededor de ella creció la ciudad cristiana con calles estrechas y empinadas. Hoy se puede visitar la Ermita de la Veracruz (siglo VII) reconvertida en pub, las seis puertas de la muralla que levantaron los templarios o las tiendas cubiertas de jamones (Jerez es una de las capitales del jamón de pata negra, donde año tras año se celebra el Salón del Jamón Ibérico).

Hay una historia que desborda las calles sinuosas y estrechas: el encuentro de Vasco Núñez de Balboa con el océano Pacífico. "Estando en la delantera de todos los que él llevaba por un monte arriba, vio desde su cumbre la Mar del Sur antes que ninguno. Luego hincó las rodillas y dio gracias a Dios por descubrir aquella mar", puede leerse en la fachada de la casa museo.

Balboa había huido de La Española (República Dominicana) escondido en un barril por las deudas que le acosaban. Francisco Pizarro lo detuvo pero luego lo dejó marchar cuando escuchó sus intenciones de ir en busca del inhóspito Mar del Sur. La competencia entre conquistadores por descubrir nuevas tierras era proporcional a su ambición. Otro jerezano, Hernando Méndez de Soto, fue impulsado por el hambre. Con su armadura atravesó los montes Apalaches en Norteamérica hasta divisar los pantanos de la actual Florida. Buscaba pan para sus hombres.

Medellín, la cuna de Cortés.

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españa-medellin  Medellín es una de las ciudad más viejas de España. ✓  (Foto: Stock.xchng)

Esta ciudad tiene 1,400 habitantes. Quizá por ello los pocos mexicanos que han pasado por allí escandalizan a los nativos cuando mencionan la población del DF. "¿Veinticinco millones de habitantes? ¿Vivís apretujados?", comenta una anciana desde la colina del Castillo de Medellín, una de las fortalezas mejor conservadas de la región. Dos amigas le siguen con ojos abiertos como platos. "Es imposible", comenta una de ellas mientras intenta dibujar la cifra en un valle pálido. El Medellín extremeño no aparece reseñado en las guías turísticas, pero es tan antiguo como la cercana Mérida, uno de los conjuntos romanos mejor conservados. Esta ciudad creció en una colina pedregosa, al lado del río Guadiana, una de las arterias de la antigua provincia romana de Lusitania. El río lo cruza un puente medieval de veinte arcos construido sobre las ruinas de un puente romano. La pequeña villa es un rompecabezas de muros romanos, árabes y cristianos. Durante la Guerra de la Independencia del siglo XIX muchos de esos muros fueron destrozados a cañonazos. Allí se libró una de las batallas más fuertes de la invasión francesa.

Los franceses arrasaron Medellín y, de paso, la casa materna de Cortés. Hoy sólo queda una piedra de su habitación, y su estatua póstuma, que se alza sobre la Plaza Mayor. En esta escultura se ve, además del conquistador, una cabeza decapitada de un guerrero azteca que se asoma a un mundo ajeno. Varios escudos con nombres casi impronunciables para los nativos le rodean: Otumba, Tlascala, Tabasco y Méjico.

Trujillo, la ciudad armadura.

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españa-trujillo-plazamayor  No puedes dejar de visitar la Plaza Mayor. ✓  (Foto: Stock.xchng)

Dicen que la familia de conquistadores Pizarro cargaba con una maldición, la de los incas. Después de que se llevaran las riquezas del imperio su suerte se enredó. Juan murió en una batalla en Cuzco, Gonzalo se rebeló contra el rey y fue ejecutado, Hernando estuvo encarcelado durante 20 años a su regreso a España... La maldición se puede leer en la casa museo Francisco Pizarro  de Trujillo. Este último, conquistador de Perú, murió de una estocada en el cuello mientras dormía. Los autores fueron sus propios compañeros que querían arrebatarle el poder. Su estatua cubierta de pátina (regalo del escultor estadounidense Carlos Rumsey) flota sobre la plaza medieval y renacentista de la localidad, una de las más impresionantes de España. Trujillo podría ser la capital de los conquistadores, más de 500 aventureros salieron de allí, entre ellos, los hermanos Pizarro (primos de Hernán Cortés) y Francisco de Orellana (descubridor de Ecuador). Ese espíritu contagió al propio Cervantes, que vivió allí varios meses en el palacio construido por De Orellana con las ganancias del Nuevo Mundo. Cervantes volvía de su largo cautiverio en Argel a darle gracias a la Virgen de Guadalupe. Los días en Trujillo le alcanzaron para escribir obras como Los trabajos de Persiles y Sigismunda. Ya había escrito El Quijote, pero aquellas historias de conquistadores le fascinaban. Francisco Pizarro, un hombre iletrado, cuidador de cerdos, con una infancia dura y gris, había amasado una fortuna tan grande como el encuentro con el imperio inca.

La anatomía pétrea y angulosa de Trujillo transmite fuerza como si fuese una ciudad armadura, aunque los cactus crecen como hongos en sus vértices. En lo más alto se alza una fortaleza árabe desde donde se repelió a las huestes cristianas durante siglos. Ahora, a través de una ventana, se puede ver en toda la ciudad la Virgen de la Victoria, una figura miniatura que gira sobre sí misma cuando se le introduce una moneda de un euro. También se conservan trozos de la muralla y sus puertas, el convento de Santa Clara, hoy Parador Nacional, que durante siglos fue codiciado por reyes y nobles por sus lujosas y enormes estancias. Y entre todo ello, algunas cabezas esculpidas con rasgos asiáticos y pómulos pronunciados que recuerdan el vínculo con el Nuevo Mundo.

Esas cabezas se multiplican en la fachada del Palacio de la Conquista que los hermanos Pizarro le encargaron al sobrino del famoso arquitecto Churriguera. Las cabezas lloran, se lamentan, están unidas con una cadena gruesa de piedra. Debajo de ellas los bustos de los hermanos Francisco y Hernando comparten lugar con sus esposas incas: Francisca e Inés Huylas Yupanqui, pertenecientes a la nobleza peruana. Lamentablemente, no se puede acceder al edificio, ya que es propiedad privada. "Los herederos de la familia Pizarro llevan años discutiendo el destino del palacio. Sé que adentro hay pinturas y esculturas de animales e indígenas, de todo lo que se encontraron en América", susurra una monja de clausura del convento de San Carlos, en la esquina opuesta del palacio. La maldición de los Incas rebota en su enorme portal.