La vigilancia a los reclusos suicidas en las cárceles de Estados Unidos

Al parecer el exjugador de la NFL Aaron Hernandez fue colocado bajo vigilancia de prevención de suicidio en 2015 después de que fue condenado por el asesinato de Odin Lloyd.
Procesos  El protocolo para prevenir suicidios (conocido como 'suicide watch' en EU) puede variar en las prisiones y cárceles estadounidenses.  (Foto: iStock)
Michael Nedelman

El suicidio del exjugador de la NFL Aaron Hernandez en su celda es uno de varios suicidios recientes de personas encarceladas, de allí que los expertos se pregunten si estas muertes hubieran podido evitarse.

Hernandez, quien fue condenado por asesinato en 2015, se ahorcó el miércoles por la mañana con una sábana atada a su ventana, según funcionarios de la prisión. Un preso del estado de Washington acusado de disparar fatalmente a cinco personas el año pasado también se ahorcó esta semana, y hace pocos días un sospechoso de triple asesinato cayó del cuarto piso de un tribunal de Ohio en un aparente suicidio, de acuerdo con la policía.

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Al parecer Hernandez fue colocado bajo vigilancia de prevención de suicidio en 2015 después de que fue condenado por el asesinato de Odin Lloyd, por el cual cumplía una pena de cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. Sin embargo, no existe ninguna indicación de que estuviera bajo dicho protocolo antisuicidio. Su muerte está siendo investigada.

"Lo ideal sería que hubiera una observación constante sobre los presos (suicidas)", expuso Christine Tartaro, profesora de justicia penal en la Universidad de Stockton y experta en suicidio en centros penitenciarios. “Me refiero a ojos humanos, no al circuito cerrado de televisión. Es tan fácil distraerse y alejarse del televisor".

Una nueva forma de vigilar

El protocolo para prevenir suicidios (conocido como suicide watch en Estados Unidos) puede variar en las prisiones y cárceles del país, dijo Tartaro, pero las instituciones penitenciarias están implementando una nueva forma de hacer las cosas.

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Tradicionalmente, los presos están recluidos en una celda vacía en solitario, dijo la experta. A muchos se les da ropa de papel o ropa a prueba de rasgones para evitar que creen una soga. Sus pertenencias son confiscadas.

"La vigilancia antisuicida ha devenido en un ambiente increíblemente sombrío", explicó la experta. "No hay un solo objeto ahí que te ayude a olvidarte de eso. No favorece para que puedas mejorar".

Pero algunas instituciones penitenciarias están tratando de alejarse de ese modelo, indicó Tartaro, al permitir que ciertas posesiones -como libros- y al no mantener a estos reclusos aislados.

Por recomendación de Tartaro, en 2011 la Cárcel del Condado de Atlantic en Nueva Jersey empezó a emparejar a los presos en riesgo con otros reclusos más estables, de una forma parecida a las "celdas de compañeros" que se implementan en algunas prisiones australianas.

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El Departamento Correccional de Pensilvania revisó sus programas de salud mental después de una investigación realizada en 2013 por el Departamento de Justicia, que analizaba el trato que se les daba a los reclusos enfermos mentales y cómo se usaba el aislamiento. Los nuevos programas incluyeron una capacitación de 75 horas para que los reclusos se conviertan en consejeros de otros reclusos, un trabajo remunerado.

"Tienes a una persona que llega a una prisión mentalmente enferma, y no solo se recupera, sino que aprende a ayudar a otros. Eso es bueno", señaló el año pasado a CNN el secretario del Departamento Correccional de Pennsylvania, John Wetzel.

Un pequeño estudio realizado por la Agencia Federal de Prisiones de Estados Unidos concluyó que los reclusos entrenados como "observadores" podían reducir la cantidad de tiempo en que los presos suicidas permanecieron vigilados en casi 45 horas en promedio. El estudio también puso de relieve un posible ahorro anual de un programa que redujo la cantidad de tiempo que los prisioneros permanecieron bajo vigilancia.

"Es muy difícil matarse cuando alguien está allí", dijo Tartaro. "Esa es una lección importante que aprender de Aaron Hernandez, que estaba solo en esa celda".

Cuando los minutos hacen la diferencia

Los protocolos de vigilancia antisuicidio pueden sufrir cuando los recursos escasean, dijo Tartaro, especialmente en muchas cárceles locales que tienen poblaciones flotantes y dependen de la limitada financiación del gobierno local.

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"Las cárceles tienen desafíos especiales", apuntó. La asignación de un guardia para vigilar a un recluso puede consumir más recursos, dijo, que en una prisión donde los reclusos están a largo plazo.

Dos tercios de las cárceles encuestadas en un informe de 2010 del National Institute of Corrections no colocaron regularmente a los presos suicidas en habitaciones "antisuicidio". Debido a que la mayoría de los suicidios se dan por ahorcamiento, el informe señala que una habitación ideal está libre de "puntos de amarre" a los que puedan atarse sábanas y telas.

Alrededor del 8% de los reclusos de las cárceles locales estaban en vigilancia suicida cuando se suicidaron, según el informe de 2010, que analizó cerca de 700 suicidios en cárceles entre 2005 y 2006. Mientras que el 93% de las cárceles tenía un protocolo de vigilancia, menos del 2% tenía la opción de observación constante durante todo el día; la mayoría de los centros inspeccionaban a los presos cada 15 minutos.

En el informe, los expertos recomiendan "observación estrecha", inspecciones cada 10 minutos o menos para los reclusos que recientemente han intentado hacerse daño o han expresado pensamientos suicidas. Mientras que la "observación constante" es para aquellos que están en peligro más inmediato, ya sea que amenacen con suicidarse o ya se están autolesionando.

Pero algunos creen que 10 minutos es demasiado tiempo. Según un informe sobre el suicidio en las prisiones del Departamento de Salud Mental de la Organización Mundial de la Salud, tras colgarse apenas hacen falta tres minutos para provocar daño cerebral permanente y 5 a 7 minutos para morir.

La situación nacional

Los suicidios representaron el 7% de las muertes en prisiones estatales en 2014, según un informe publicado en diciembre pasado por la Oficina de Estadísticas de Justicia del Departamento de Justicia de Estados Unidos. Lo que se traduce en cerca de 20 por 100,000 prisioneros en centros estatales.

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La tasa de suicidios para las cárceles locales de los condados duplica con creces esa cifra, según Lindsey Hayes, experto en prevención de suicidios en el National Center on Institutions and Alternatives. Hayes anteriormente asesoró al Departamento Correccional de Massachusetts, que dirige la prisión donde Hernandez estaba internado.

Hayes señaló en un correo electrónico que está seguro de que la agencia llevará a cabo una investigación exhaustiva sobre la muerte de Hernandez, "que debería incluir... si su muerte era prevenible".

Para Tartaro, además de la vigilancia antisuicidio, dos elementos importantes de la prevención del suicidio son la capacitación de oficiales y la inspección de prisioneros. Su investigación anterior determinó que los oficiales carcelarios recibieron menos capacitación que los oficiales de policía, aunque no concernía específicamente a la capacitación para prevenir el suicidio.

Después de que el Departamento Correccional de Pensilvania renovara sus programas de salud mental, solo tomó un año entrenar a todos los 16,000 miembros del personal en primeros auxilios para la salud mental, dijo Wetzel.

La detección de intenciones suicidas puede ser difícil porque los prisioneros, en su mayoría hombres, pueden no querer admitir que hay un problema, advirtió Tartaro; ser puesto bajo vigilancia suicida puede dañar su reputación. Pero la especialista también señaló que la revisión de la salud mental puede aplicarse en ciertos momentos: cuando hay conflictos con otros reclusos, problemas en el hogar y sobre todo en las fechas de la corte.

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"Sabemos que los días antes y después de una aparición en la corte son momentos de alto riesgo para los reclusos", dijo Tartaro.

El viernes Hernández había sido declarado no culpable de dos cargos adicionales de homicidio. Su abogado, José Báez, dijo en un comunicado el miércoles que nada de lo que Hernandez dijo a su familia o equipo legal "indicaba que algo como esto fuera posible".

Pero su exoneración pudo no haber sido vista como una victoria por Hernandez, quien ya tenía una sentencia de cadena perpetua sin libertad condicional, dijo Tartaro. Puede que haya perdido algo por lo que luchar, dijo, así como la oportunidad de ver a su esposa y a su hija en la corte. "Fue una victoria vacía para él", expresó Tartaro.

En opinión de Hayes, los recientes suicidios de reclusos no pueden mostrar el panorama más amplio. Aunque las tasas de suicidio dentro de los centros correccionales han aumentado durante los últimos años, la tasa sigue siendo mucho menor de lo revelado por los estudios que llevó a cabo en la década de 1980.

"Si bien no todos los suicidios de presos son evitables, muchos de ellos sí lo son", dijo.

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