Paulson, el hombre detrás del rescate

El secretario del Tesoro es polémico y sus críticos cuestionan su estilo de construir consensos el ex ejecutivo de Goldman Sachs se despide del gobierno en medio de la peor crisis en décadas.
Hank Paulson siempre ha demostrado capacidad de negociación  (Foto: )
Rebecca Christie y Matthew Benjamin
(Bloomberg) -

Desde que asumió el cargo de secretario del Tesoro de EU, en julio de 2006, Henry Merrit (Hank) Paulson (62) comenzó a prepararse para una crisis.

En agosto de 2006, en una reunión con el presidente George W. Bush y su equipo económico, en Camp David, el ex responsable ejecutivo de Goldman Sachs dio una charla sobre los mercados de capital.

Paulson mostró los derivados que se venden en el mercado extrabursátil como un ejemplo de innovación financiera que podría, bajo ciertas circunstancias, estallar en la cara de Wall Street y afectar a toda la economía. ”Lo que quise decir es que han pasado ocho años desde el último problema serio en los mercados de capital y se produjo toda esta innovación desde entonces”, dijo en una entrevista a fines de julio.

Paulson reactivó el Grupo de Trabajo sobre Mercados Financieros, un consejo asesor presidencial integrado por entes reguladores, como la Reserva Federal, el Departamento del Tesoro, la Comisión de Valores y Bolsa y la Comisión de Negociaciones de Futuros de Materias Primas. Creado tras el derrumbe de los mercados, en 1987, el grupo había pasado al olvido. Paulson comenzó a tejer relaciones entre las entidades gubernamentales pensando que el panel de mercados financieros sería clave para abordar la siguiente crisis, sin importar cuál fuera.

“Nadie pudo haber pronosticado el impago ruso de 1998 o algunas de las cosas que ocurrieron en Asia”, dice, “pero hay que estar listo para responder”. En sus dos años al frente del Tesoro, Hank Paulson ha presenciado algunas de las épocas más turbulentas desde la Gran Depresión.

En el último año, tuvo que lidiar con una economía desbarrancándose y crecientes ejecuciones por préstamos hipotecarios, la crisis de hipotecas de alto riesgo, el colapso de Bear Stearns y el debilitamiento de Fannie Mae y Freddie Mac (la caída de Lehman Brothers y AIG y la venta de Merrill Lynch). “No me acuerdo cuándo fue la última vez que el Departamento del Tesoro estuvo tan involucrado en la estructura de los mercados de títulos”, señala James Cox, profesor de la Duke University, especializado en derecho financiero.

Paulson no se ha pasado todo el tiempo defendiéndose de las crisis económicas. Trajo su propia lista de cosas que quería lograr en los dos años y medio que estaría en de la gestión Bush.

Una muestra: renovar el sistema de seguridad social, mejorar las relaciones económicas con China, dar el puntapié inicial a los mercados financieros en África y combatir el efecto invernadero internacional mediante la creación de un fondo para ayudar a financiar nuevas tecnologías para un uso eficiente de la energía.

“Uno de mis principios de administración es definir el trabajo expansivamente”, asegura Paulson. “Creo que he definido el trabajo aquí de manera expansiva”.

No todas sus iniciativas han sido exitosas. El plan de la seguridad social y un intento de crear instituciones respaldadas por el Tesoro para comprar hipotecas de viviendas ni despegaron.

Y se ganó duras críticas de algunos conservadores. El ex candidato presidencial Steve Forbes, un republicano, dice que Paulson pudo haber evitado la crisis de Fannie-Freddie tomando medidas enérgicas en las dos compañías mucho antes.

Durante años, los republicanos calificaron a las empresas como bombas de tiempo por su dualidad de ser compañías privadas y contar con garantías implícitas del gobierno. “Paulson perdió una oportunidad extraordinaria de hacer una reforma sustancial”, considera Forbes.

Desplome de las acciones
En la segunda semana de agosto, la confianza de los inversionistas en Fannie Mae y Freddie Mac había empezado a tambalearse en medio de crecientes versiones de que la intervención gubernamental era inevitable. Los precios de las acciones se desplomaron, mientras Wall Street observaba en busca de indicios de que las dos empresas ya no podían refinanciar su deuda. Fannie tiene una deuda de 120,000 MDD con vencimientos hasta el 30 de septiembre, mientras que la de Freddie era de 103,000 MDD.

En una venta de deuda en la semana del 18 de agosto, Freddie Mac pagó rendimientos que tuvieron el máximo margen jamás registrado sobre los bonos del Tesoro. Desde que se instrumentó el plan de Paulson, varios críticos hablaron a favor de la nacionalización de las dos firmas.

El ex presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan dijo que el gobierno debía crear una empresa como Resolution Trust para liquidar los activos de cualquier institución financiera en problemas y limitar así las pérdidas de los contribuyentes.

Mientras Paulson tejía acuerdos con políticos de todo el espectro, también ampliaba su autoridad más allá del radio de acción que había tenido cualquier otro secretario del Tesoro. Ése fue un gran cambio para la gestión Bush. “El Tesoro está de vuelta en el ruedo”, comenta Vicent Reinhart, ex director de asuntos monetarios de la Fed.

Paulson está aprovechando su experiencia de 32 años en la banca de inversión. Su característica es enfrentar los problemas de manera temprana, mantener reuniones privadas y construir consenso antes de anunciar un acuerdo, para estar seguro de que obtendrá el respaldo necesario.

Goldman, una empresa que fue una sociedad hasta 1999, tiene una cultura de administración colegiada, dice Edward Yingling, director ejecutivo de la American Bankers Association.

Este banco produjo figuras políticas prominentes, como el ex secretario del Tesoro Robert Rubin, el ex subsecretario de Estado John Whitehead y Jon Corzine, ex senador de Nueva Jersey y luego gobernador de ese estado.

Rubin, quien se desempeñó en el Tesoro entre 1995 y 1999 –tras 26 años en Goldman y un breve paso por la Casa Blanca– hizo frente a las crisis de México y Asia, impulsó el libre comercio y promovió políticas que llevaron a un superávit presupuestario federal. Cuando se retiró, Bill Clinton lo llamó “el más grande secretario del Tesoro desde Alexander Hamilton”.

Yingling dice que le preguntó a Robert Steel, ex vicepresidente en el banco de inversión que fue el máximo asesor de finanzas nacionales en el Tesoro durante dos años, por qué la firma generaba tantos funcionarios de alto nivel para Washington. “La cultura en Goldman Sachs no era jerárquica y la gente aprendía a trabajar en equipos y a trabajar bien con otra gente”, explica Yingling. (Steel dejó el Tesoro en julio para convertirse en máximo ejecutivo del agobiado banco Wachovia.)

Ejecutivos como O’Neill y Snow, que tienen antecedentes en el mundo de las finanzas, tendieron a tomar decisiones y a hacer que la gente las implemente, señala Yingling. “Esta ciudad no funciona de esa forma”, dice.

La capacidad de Hank Paulson para construir consensos no significa que no tenga suficiente poder como para inclinar a la gente a favor de su punto de vista. Como jefe de Goldman Sachs era convocado para seducir clientes y persuadirlos de cerrar acuerdos. En enero de 2005, un mes después de que Procter & Gamble abandonó los esfuerzos para comprar Gillette, contribuyó a reactivar las discusiones entre las dos firmas con una llamada a A.G. Lafley, el máximo ejecutivo de P&G. El acuerdo por 57,000 MDD, alcanzado tres semanas después de la llamada de Paulson, fue el más grande de ese año.

Como presidente de Goldman, él también estableció relaciones con políticos, incluidos Angela Merkel, el líder ruso Vladimir Putin y el ex presidente chino Jiang Zemin. Dice que viajó a China por lo menos 70 veces en su carrera.

La prueba de las hipotecas
La construcción de coaliciones que realizó Paulson tuvo una de sus pruebas más duras en julio, cuando las acciones de las dos empresas hipotecarias que manejan casi la mitad del mercado hipotecario de EU, que mueve 12 billones de dólares, comenzó a colapsar. Las acciones de Fannie Mae y Freddie Mac habían perdido 75% de su valor en el primer semestre de ese año, en momentos en que los inversionistas estaban preocupados por el impacto de la crisis de la vivienda. Aunque las dos firmas tenían respaldo del gobierno, no existía una garantía explícita de que el gobierno las iba a rescatar.

En la mañana del viernes 11 de julio, Paulson se reunió con el presidente y lo convenció de hacer una declaración pública sobre ambas hipotecarias. En el Departamento de Energía, ese mismo día, Bush le dijo a la prensa que las firmas eran “instituciones muy importantes”. Agregó que había discutido las preocupaciones del mercado con su secretario del Tesoro.

Esa acción no logró frenar la hemorragia. La acción de Fannie Mae cayó 22% en la Bolsa de Nueva York. Freddie Mac bajó 3.1%.

Los esfuerzos de Paulson fueron apenas el comienzo. Decidió buscar mayor poder para ampliar los créditos de emergencia a las dos compañías y para comprar una participación en ellas, de ser necesario. Convirtió los poderes ‘no especificados’ en el eje de su plan, que no detalló ni el dinero ni los términos de un rescate.

Si los inversionistas sabían que el Tesoro tenía poder para rescatar a los gigantes hipotecarios, entonces un eventual rescate podría ni siquiera ser necesario, dice Paulson.

El secretario del Tesoro sabía que trasladar el costo del problema a los contribuyentes sería algo muy difícil de presentar en el Capitolio. Así que buscó el respaldo del presidente de la Fed, Ben Bernanke, cuyo apoyo sería fundamental para convencer a los escépticos demócratas de dar el sí.

En uno de sus desayunos semanales, Paulson y Bernanke discutieron la propuesta y la posibilidad de que la Reserva Federal ampliara la línea de crédito a Fannie y Freddie, mientras el Congreso evaluaba la propuesta del Tesoro.

Ben Bernanke destacó que esa acción sería ajena a las obligaciones habituales de la Fed, pero dijo que lo consideraría si Paulson pensaba que el Congreso aprobaría rápidamente el plan del Tesoro.

Según Paulson, Bernanke le pidió que si creía eso (en medio de una campaña presidencial), él podía persuadir a un Congreso demócrata de otorgar nuevos amplios poderes a una administración republicana que ya estaba concluyendo el mandato. “Respiré hondo y dije sí”, recuerda.

Paulson comenzó a llamar de inmediato a los líderes del Congreso para discutir el plan, acudiendo a las relaciones que había cultivado desde su llegada al Tesoro.

Entre otros, habló con la presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi; el líder de la mayoría del Senado, Harry Reid, también demócrata; el jefe de la minoría de la Cámara Baja, el republicano John Boehner. Contar con el respaldo de Bernanke ayudó a los demócratas escépticos, dice Reinhart, el ex funcionario de la Fed.

El secretario del Tesoro también desplegó una tarea de lobby con el presidente, quien amenazó con vetar cualquier proyecto que incluyera un financiamiento federal de envergadura para posibilitar a los municipios comprar hipotecas morosas y ayudar a la gente para evitar que perdiera sus viviendas.

La medida contó con el apoyo de los demócratas liderados por el representante Barney Frank, presidente del influyente comité de servicios financieros de la Cámara Baja. Paulson convenció a Bush para que dejara de lado la amenaza del veto, dice la portavoz de la Casa Blanca Dana Perino. Eso ayudó a garantizar el apoyo de Frank y otros demócratas. “Creo que fue muy constructivo”, opina Frank, demócrata de Massachusetts, “es importante tener un secretario del Tesoro a quien el presidente escuche y respete”.

“Él es un hacedor de acuerdos”, considera Edwin Truman, académico del Peterson Institute for International Economics y ex funcionario del Tesoro.

“Aun cuando no necesariamente estoy de acuerdo con todo lo que ha hecho, creo que es increíblemente juicioso, increíblemente cuidadoso y un verdadero líder”, comenta Glenn Hubbard, decano de la Escuela de Negocios de Columbia, y el primer presidente del Consejo de Asesores Económicos de Bush.

Guerrero de fin de semana
Que la crisis en los precios de las acciones estallara en viernes también resultó conveniente para Hank Paulson. Como en el rescate de Bear Stearns, Paulson tejió el acuerdo de Fannie y Freddie durante un fin de semana, cuando los mercados están cerrados y el capital, quieto.

“Usó el hecho de que todo el mundo en Washington sale de la ciudad como su fortaleza, porque él permanece en la ciudad, usa los teléfonos y se sale con un plan que puede dar a conocer un lunes por la mañana”, apunta Steven Bartlett, ex legislador que ahora lidera un grupo de Washington llamado Financial Services Roundtable que representa a las grandes empresas del sector.

Bartlett llama a las maratónicas negociaciones de Paulson “los famosos fines de semana”.

A Paulson le gusta reunir a su gente en una sala para escuchar sus opiniones antes de debatir sobre los méritos y los peligros de distintas políticas, dice David McCormick, quien como subsecretario del Tesoro para asuntos internacionales es el máximo asesor internacional de Paulson. “Sin duda le gusta sentarse, escuchar a cada uno en la sala y obtener opiniones contradictorias”, agrega McCormick, “la gente siente, creo, que es escuchada”.

A puertas cerradas, los comentarios de Paulson pueden ser filosos. “Es increíblemente directo”, cuenta McCormick. “Nunca hay matices con Hank, en el sentido de que uno siempre tiene el cuadro tal cual es”.

Paulson, que no bebe ni fuma, tiene poco tiempo para la frivolidad en el trabajo. Colegas y legisladores aseguran que le gusta limitar las interacciones a discusiones serias. “Creo en la sustancia”, dice, “no creo que uno pueda resolver las cosas simplemente juntándose, tomando un trago o riendo, o interactuando personalmente. Aunque eso nunca es algo negativo, se necesita aportar valor”.

El estilo de Paulson de construir consenso también tiene sus críticos. Ha respondido con lentitud a las crisis del mercado y es hiperactivo cuando se involucra, dice el legislador Ron Paul, un republicano de Texas que fue candidato presidencial en la campaña de este año. “Tras bambalinas siempre están tratando de apuntalar las cosas”, comenta Paul.

Uno de los próximos desafíos de Paulson es tratar de estructurar un mercado estadounidense para bonos cubiertos. Los instrumentos permiten a los bancos captar dinero mientras mantienen los préstamos hipotecarios en sus libros, usando activos como garantía, en lugar de empaquetarlos en títulos respaldados por hipotecas.

Utilizados por primera vez en el siglo XVIII por el prusiano Federico el Grande, los bonos cubiertos constituyen un mercado próspero de 3 billones de dólares en Europa, donde no existe un equivalente de Fannie Mae o Freddie Mac. Los bonos nunca tuvieron éxito en EU, donde sólo dos bancos los han emitido, Bank of America y Washington Mutual.

Paulson percibe los bonos como una oportunidad para apuntalar el mercado financiero de la vivienda de 12 billones de dólares. La idea tiene potencial, consideran los observadores. “Creo que le dará confianza a los inversionistas”, dice la profesora de derecho Ann Graham, de Texas Tech, quien edita el Banking Law Prof Blog.

Conforme navegaba en medio de la turbulencia económica, Hank Paulson tuvo tiempo para batallar en una de sus causas favoritas: la ecología. Está tratando de iniciar un fondo de 10,000 MDD con el auspicio del Banco Mundial para ayudar a los países de mercados emergentes a evitar inversiones en infraestructura altamente contaminante. Aun en los días en que recorría el mundo por Goldman, Paulson se desempeñó como presidente de Nature Conservancy y perteneció a la junta del Peregrine Fund, que trabaja para proteger aves de presa en peligro.

Su despacho en el Departamento del Tesoro está invadido de animales: fotografías de nutrias, caimanes y pájaros, así como imágenes de él sosteniendo serpientes y peces que él mismo capturó.

Paulson, quien descartó seguir al frente del Tesoro cuando termine la gestión de Bush en enero, dice que su próximo papel podría ser en un grupo ecologista. “Una gran parte de mi vida ha sido consagrada al conservacionismo y el medio ambiente”, explica.

Cualquiera que sea el papel, éste será el primer plan en mucho tiempo para el cual no tenga que consultar a nadie más que a su esposa.

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