Alejandro Martí, el personaje del 2008

Expansión eligió al empresario que confrontó a la autoridad tras el plagio y asesinato de su hijo; de ser un reconocido emprendedor, filántropo y artista pasó a ser un símbolo ciudadano anticrimen.
Gilberto Contreras
Diego Graglia
CIUDAD DE MÉXICO -

En sus peores momentos, Alejandro Martí no dejó de pintar. Desde que decidió dedicarse a la pintura, hace unos seis años, y antes de tomar un giro hacia lo abstracto, sus cuadros se inspiraban en objetos cotidianos, máquinas, animales. Los caballos eran un tema recurrente.

Durante la agonía por la pérdida de su hijo Fernando, la tormenta que vivía Martí se empezó a reflejar en los lienzos que realizaba. “Si él estaba trabajando inicialmente una cabeza de un caballo, ese caballo se convertía en una verdadera bestia”, cuenta su amigo y maestro, el artista Ismael Ramos. Al mismo tiempo, dice, otro lienzo mostraba una yegua “con un amor tremendo hacia su cría. Eran cuadros que estaba haciendo en forma simultánea. Son contenidos fuertes, pero reales”.

La tragedia de perder a su hijo de 14 años a manos de una banda de secuestradores, aun tras haber pagado un rescate, le cambió la vida a Martí: desde el arte que lo solía recluir por seis, ocho o 10 horas en su estudio hasta el trabajo que lo ocupa a diario.

“Él está muy activo, en su day by day, con el tema de la inseguridad”, dice Alfredo Harp Calderoni, amigo de la familia que –junto a su padre Alfredo Harp Helú– se hizo del control de Grupo Martí a principios de año. “Para él, lo más importante ahora es todo lo que está detrás del crimen de su hijo”.

Martí, de 58 años, asegura que piensa dedicar el resto de su vida a la lucha por un país más seguro. “El tercio que me queda”, dice. “Haz de cuenta: en mi taxímetro me queda un 33% y ése se va a dedicar a esto. Quiero honrar la tragedia de mi hijo, evitar que esto vuelva a suceder y dejar un México, en la medida de mis posibilidades, lo mejor que pueda”.

Martí sigue pensando en nuevos negocios, pero su atención está enfocada “100%” en el Sistema de Observación para la Seguridad Ciudadana (SOS), la asociación civil contra la inseguridad que presentó a fines de noviembre, y en monitorear la investigación del crimen de Fernando.

Alejandro Martí García comenzó 2008 en las noticias por una decisión atípica entre los empresarios nacionales: se desprendió del emporio que hizo crecer desde su juventud para que la empresa pudiera seguir explotando su potencial. Tras la transacción, en la que los Harp pagaron 3,300 millones de pesos por 44.44% de las acciones, Grupo Martí, con sus tiendas de artículos deportivos y la cadena de clubes de fitness Sport City, duplicó su valor.

Cinco meses después, el 4 de junio, delincuentes vestidos de policías federales se llevaron a su hijo. Una biografía que, por voluntad propia, acababa de tener un cambio radical.

Martí tenía muchos planes para este año y más allá. Pensaba darle más tiempo a la filantropía a través de las fundaciones de las que ya era parte y dedicarse más a la pintura. También veía en su futuro inversiones variadas y un proyecto deportivo innovador. Pero, cualquiera que haya sido su prioridad antes de junio, cuando la tragedia lo convirtió en víctima, Martí escuchó el llamado de una causa. Y lo siguió.

Tomó la decisión en agosto, cuatro o cinco días después de que se supo de la muerte de Fernando. “La indignación nacional era tal que sentí un gran apoyo”, cuenta. “Ante la situación irremediable, viene una reacción de hacer algo que tiene visos de remediable”.

SOS, un grupo de metas ambiciosas y alto nivel de organización, es el resultado de ese impulso: según Alejandro Martí, buscará ser una organización de segundo piso, que concentre información, coordine esfuerzos y apoye a otros grupos no gubernamentales.

De empresario exitoso, Martí pasó a ser un referente cívico para los mexicanos y una figura incómoda para los políticos. Al lanzar su iniciativa, se puso al frente de lo que espera –y pide en cada entrevista– que los mexicanos conviertan en un movimiento social para cambiar el país.

Aunque el de su hijo fue uno de los cientos de secuestros cometidos cada año en México –al cierre de esta edición, había ocho casos sin resolver sólo en la capital, según el procurador del DF, Miguel Ángel Mancera–, la figura de Alejandro Martí concentró la atención del país. Su decisión de ponerse al frente produjo un quiebre que, si logra por fin mostrar el camino a un México más seguro, podría ser histórico.


Sinergia, la estrategia de SOS

El empresario explica a CNN en Español su plan para abatir al crimen desde el Sistema de Observación para la Seguridad.

Una causa a seguir
El sábado 30 de agosto, las marchas ‘Iluminemos México’ llenaron de ciudadanos indignados y de veladoras los zócalos y avenidas de decenas de ciudades. Las manifestaciones habían nacido por iniciativa de otro empresario, Elías Kuri Terrazas, quien, por ser padre de una adolescente de 16 años, se sintió identificado con Martí.

Kuri envió un email de dos párrafos a algunos amigos. Tras una bola de nieve de solidaridad por internet, su deseo se cumpliría: miles y miles se sumaron al mensaje –¡Ya basta!– que por esos días expresaba en la televisión el rostro demacrado de Alejandro Martí.

Kuri y Martí se conocieron y platicaron por primera vez recién a fines de septiembre, en una reunión de organizaciones civiles con el Consejo de la Judicatura Federal. Allí, Martí invitó a Kuri, a la presidenta del Movimiento Pro-Vecino, Laura Elena Herrejón, y a otros activistas a desayunar con él a la mañana siguiente en el Sport City de Loreto, donde tiene su oficina. Allí les explicó a sus nuevos colegas los objetivos que perseguiría con su organización civil. “Lo vi como una persona que tiene muy claro lo que quiere hacer”, recuerda Kuri. “Nos platicó cuál es la idea que tiene de lo que debe hacer respecto a México”.

“Lo llevaba bastante avanzado”, agrega Herrejón. “Ya estaba por presentarlo en aquellos días, estaba muy cercano, pero pensó reservarlo para más cerca de los famosos 100 días”.

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"Nos falta hambre de emprender"

El "sueño mexicano" de Martí (Audio: Diego Graglia).

Alejandro Martí anunció sus planes en una conferencia de prensa el 25 de noviembre. “Pido a gritos la unión de todos”, exhortó en el salón de un hotel sobre Reforma, en el DF. “Dennos su fuerza, dennos la vibra de cada quien, del amor a México: lo necesitamos unir en este proyecto”.

SOS busca sumar esfuerzos contra la inseguridad, exigir resultados al gobierno, apoyar a las organizaciones existentes, financiar proyectos en el área y ofrecer mecanismos para que los ciudadanos puedan crear “comunidades seguras”. Para hacer todo esto, luchará por cambios en las leyes, la “dignificación de las policías”, la especialización de los ministerios públicos y jueces y el fomento de la denuncia ciudadana.

La organización es autónoma e independiente y es financiada por ciudadanos y fundaciones, entre ellas la propia Fundación Fernando Martí, que creó en honor a su hijo. Aunque Martí calcula que SOS costará “una muy buena cantidad de dinero al año”, al momento de lanzarla no contaba con una cifra aproximada. Cuando esté disponible, será publicada en la página de internet del grupo, dijo un colaborador, quien también explicó que muchas organizaciones e individuos habían ofrecido su participación y donaciones, por lo que no podía nombrar a uno de ellos.

Hay activistas que llevan años de reclamar por más seguridad, sin éxito. Pero Alejandro Martí dice que sus décadas de experiencia empresarial lo prepararon para las frustraciones de su nuevo trabajo. “Estoy completamente curtido a eso. Estoy acostumbrado toda mi vida a luchar. Nunca me han salido las cosas así, rapidito. Siempre he tenido esta cultura de que, si no están saliendo las cosas rapidito, me concentro más duro para que salgan”.

A lo largo de este año, Alejandro Martí dejó de ser sólo el emprendedor que supo ver el futuro de sus tiendas en el nacimiento de las plazas comerciales, el que sobrevivió a la crisis del 94-95, el que impuso el concepto del entretenimiento deportivo, el que vendió su empresa para que pudiera seguir creciendo. Hoy es el ciudadano-vocero que emergió de la tragedia para cambiar el statu quo, el líder cívico que exige que los funcionarios públicos hagan su trabajo y que, si no, renuncien. Al recordar aquel desayuno donde Martí expuso sus planes con tanta claridad, Kuri dice: “Se me hizo una persona realmente fuerte, centrada que, como él comentó, se quedaba para lamerse las heridas o se ponía a hacer algo por México”.

Una tragedia, muchas tragedias

“No sé de dónde has sacado fuerzas”, le dijo Joaquín López- Dóriga a Martí el 13 de agosto en El Noticiero, al iniciar su primera entrevista en vivo sobre el secuestro.

“Muchas veces es la fe en Dios”, respondió un ojeroso empresario, de corbata negra y lazo blanco en la solapa, “y la mezcla de sensaciones, que uno dice: ‘Me derroto, me venzo o trato de aprovechar en nombre de mi hijo, ese gran sacrificio que hicimos, para que se haga algo para México’”.

Quienes no lo conocen en persona destacan el temple que ha demostrado Martí al enfrentar su desgracia en público y convertirse en vocero de los otros miles de víctimas.

En 2007, las autoridades registraron 785 secuestros en México, pero –porque muchos no los denuncian– la cantidad se debe multiplicar por 3.5 para acercarse a las cifras reales, explica Mario Garza Salinas, titular del diplomado en Seguridad Pública de la Universidad Iberoamericana. “Este año aún no hay cifras, pero sí va en un repunte”. Hasta agosto, se habían registrado 690 casos.

Pero la coraza de Martí no está puesta todo el tiempo y a veces deja ver al padre que sufre.

Su prima, Angelina Martí de Goenaga –esposa del actor Manuel Landeta y madre del actor y cantante Imanol–, cuenta que lo vio hace algunas semanas cuando los directivos del Grupo Martí se reunieron en el Sport City de avenida Universidad, donde ella trabaja. “Me dijo: ‘No, prima, ahora sí: hay días que quisiera irme con mi chavo’”, narra, acongojada.

Alfredo Harp Calderoni, quien ve a Martí “como a un tío”, también percibe esas dos facetas. “Está muy fuerte, muy sólido”, dice. “Yo te puedo asegurar que cuando él llega a su soledad está muy mal, nunca se le va a pasar, nunca se le va a olvidar en la vida. Pero él personalmente quiere enfocarlo para algo positivo, algo para cambiar este país”.

“Si no pueden…”

El 21 de agosto, Alejandro Martí se hizo un lugar en el imaginario nacional al espetarle su proclamación, “Si no pueden, renuncien”, al presidente, a funcionarios de los tres poderes federales, a los 31 gobernadores y al jefe de gobierno capitalino, reunidos en el Consejo de Seguridad Nacional. En ese encuentro se firmaron los 75 puntos del Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad, con un plazo de 100 días que terminó el 28 de noviembre.

“Se esperaba que era la foto para decir: ‘Estamos trabajando’”, dice de aquella reunión el senador Felipe González (PAN), presidente de la Comisión de Seguridad Pública en la cámara alta. Pero el discurso de Martí puso a los gobernantes a la defensiva.

“Esa frase no va a desaparecer, es una frase que queda como una sentencia a la que todos la vamos a tener que meditar y la vamos a atender”, dice González y agrega que la reacción en la clase política “fue de pena, de vergüenza”.

María Elena Morera, presidenta de México Unido Contra la Delincuencia, con años de presionar al gobierno por resultados, dice que, a diferencia de momentos similares en 1997 y 2004, ahora se vio “una movilización gubernamental por tratar de cumplir los 100 días del acuerdo. Se están empezado a coordinar mejor, hay avances en algunas secretarías y en algunas gubernaturas”. Los resultados, aclara, se verán a largo plazo.

En la reunión del Consejo de Seguridad al final de los 100 días, el presidente Felipe Calderón reafirmó que combatir el crimen es su prioridad y destacó avances de su gobierno. Mientras que los datos oficiales presentados allí marcaban disminuciones en los índices de secuestros y homicidios, un análisis de El Universal publicado ese día aseguró que durante los 100 días hubo más de 2,000 homicidios, a un promedio de 21 por día. En 2006, hubo 1,410; y en 2007, 2,673.

Aunque la frase de Alejandro Martí generó un clamor popular, no todo el mundo estuvo de acuerdo con su tono perentorio. “Cuando (las autoridades) rompen su responsabilidad, tienen que tener una sanción y la sanción la marca la ley”, opina Morera. “La misma ley te dice cuándo tienen que separarse del cargo y cuándo tienen otro tipo de sanción”.

En estos meses, Martí y su familia vivieron su luto. Pero él también se dedicó de lleno a la planificación de SOS, un proceso en el que consultó a expertos de diversas áreas, a empresarios, a comunicadores y a activistas de 32 organizaciones civiles. “Estoy recorriendo autoridades, técnicos, especialistas”, relata el empresario. “Es que todo mundo está en el mood de hacer las cosas, y eso ya vale oro”, afirma.

Jorge Fernández Menéndez, periodista especializado en temas de seguridad y autor del libro El enemigo en casa, relata que, durante estos meses de preparativos, Alejandro Martí organizaba comidas con invitados de diversas áreas para rebotar propuestas y generar ideas para su iniciativa.

Sin oficinas, SOS es como un think tank móvil. Fernández Menéndez explica que el empresario se maneja con un equipo pequeño, sin grandes gastos de infraestructura y con tecnología de punta: “Creo que lo que se hizo fue prácticamente organizar esto como se organiza una empresa”.

La presentación de la organización fue una muestra de esa profesionalización: desde el sitio web (www.mexicosos.org) que recibió 400,000 visitas en sus primeros tres días, a los call centers que atienden el 1-800-9999-SOS, hasta el uso de una imagen corporativa y operaciones de relaciones públicas. Es, dice Martí, una “estructura institucional 100%”.

“Yo no creo que los seres humanos duremos mucho, y más en el tercer tercio (de la vida), pues hay más riesgos”, explica. “Me importa mucho que sea una institución a la cual la vayan tomando por generaciones, porque esta institución tiene que seguir. El problema es nunca quitar el dedo del renglón”.

Business as usual

Mientras su fundador enfrentaba esta crisis, el Grupo Martí estaba en plena transición, la que el director ejecutivo Carlos Emilio Gómez, y yerno de Alejandro Martí, define como “suave”.

La nueva administración decidió institucionalizar más el funcionamiento del grupo, creando una comisión ejecutiva de cinco miembros: los Harp, padre e hijo, y su hombre de confianza, Carlos Levy, Alejandro Martí y Carlos Gómez. Este último se encarga de presentar las ideas y estrategias de la comisión al consejo de la empresa. Gómez se había hecho cargo en forma gradual de las operaciones del grupo y, tras el cambio de manos, fue ratificado por los Harp.

La decisión de vender “fue un gran beneficio para el grupo”, dice Martí. “Se institucionaliza enormemente y, para hacer lo que queremos hacer, van a requerir cantidades importantes de capital. Todas las empresas tienen que romper ese paradigma de control”.

Durante el secuestro de Fernando Martí, cuenta Alfredo Harp Calderoni, él y Levy tomaron el control operativo temporalmente “para hacer business as usual, un ‘aquí no pasa nada’ y que todo el mundo siguiera trabajando igual”.

Harp Calderoni, quien lleva durante la entrevista una pulsera blanca con la frase “Ya basta”, asegura que la tragedia despertó una ola de solidaridad que se sintió hasta en los reportes trimestrales de la compañía. “En el peor momento de lo peor que le pasó a Alejandro, fue de los mejores reportes que tuvo la empresa”, cuenta. “Incluso ahora, con la situación económica complicada a nivel internacional, el que cerramos en octubre fue uno de los tres mejores reportes que ha tenido Martí en su historia”. En el tercer trimestre, las ventas netas fueron de 921 millones de pesos, 10% más que los 838 millones del tercer periodo de 2007. Según informó el grupo, la utilidad neta tuvo un crecimiento interanual de 19%.

“Alejandro se convirtió en una figura: si antes era público, se volvió mucho más público”, agrega Harp. “Con las dos frases que dijo –‘No me voy del país’ y ‘Si no pueden, renuncien’–, que nadie va a olvidar, y los políticos menos, la gente se solidarizó”.

La acción del corporativo en la Bolsa Mexicana de Valores (GMARTI) fue de 6.12 pesos a fines de 2007 a 11.86 pesos en enero. Luego siguió por encima de los 10 pesos hasta bajar en octubre a 8.90, donde estaba a fines de noviembre. En agosto de este año, cuando Alejandro Martí estuvo más en los medios, no hubo cambios.

Aunque el grupo “va sobre rieles”, las sacudidas de la economía han obligado a “subirle a la perilla de la prudencia”, explica Carlos Gómez. ”Hay que adecuar el negocio a un tipo de cambio más alto, a un 2009 que puede ser incierto”.

La compañía mantiene sus planes de abrir dos tiendas en el primer trimestre de 2009 y siete Sport City durante el año. “Seguimos con los compromisos adquiridos”, dice el director ejecutivo. “Estamos teniendo cautela de adquirir nuevos”.

Grupo Martí sigue probando conceptos nuevos. Sport City Executive abrió su primer local en Lomas de Chapultepec y ya buscan otro; y Sport City College –el formato para universidades– abrirá pronto en Monterrey.

El otro liderazgo

Podría decirse que 2008 era para Alejandro Martí el primer año del resto de su vida. “Yo, la verdad, sentarme en una empresa para crecer pian pianito a mis 57 años, yo ya no quiero”, le dijo a Expansión en enero. “Creo que una empresa puede valer muchisisísimo más teniendo 20% que teniendo 50%”.

Aunque se iba a tomar un pequeño receso, el empresario no pensaba retirarse: en aquel momento dijo que barajaba inversiones inmobiliarias, financieras y en agroindustria. La filantropía y la pintura también figuraban en su agenda.

Ahora, Alfredo Harp Calderoni dice que Martí todavía planea un fondo inmobiliario y el propio Martí menciona su interés en la industria del conocimiento y en el negocio de la salud. También planea un centro de entrenamiento para atletas de alto rendimiento cerca de Valle de Bravo, cuenta un amigo, el columnista Carlos Mota.

El año empezó con la venta en marcha. Los Harp ofrecieron 47 pesos por acción, casi el doble de la cotización de entonces, y el trato se cerró en enero. Alejandro Martí se quedó con 21% de las acciones, según el último informe anual. Ahora es el tercer accionista luego de los Harp, que controlan 59.88%: Alfredo Harp Helú tiene 34.57% y su hijo, Alfredo Harp Calderoni, 25.31%.

La entrada de semejante fortuna hizo que la familia Martí aumentara sus medidas de seguridad. “Se publicitó demasiado el rollo de la venta. Queriendo prever, contrataron la seguridad”, dice Angelina, la prima. “Ni ellos eran los mismos, antes se manejaban normal”. Cuenta que Matilde, la esposa de Alejandro Martí, le dijo que era ‘una lata’ tener custodios. Pronto quedó demostrado, los refuerzos no fueron suficientes.

Los planes de Martí para el resto de 2008 (y de su vida) se fueron por la borda el miércoles 4 de junio, cuando su teléfono sonó en el avión en que él y su esposa estaban por partir a buscar a Alejandro, el otro hijo varón, a su internado en Estados Unidos. Su hija Jimena había recibido una llamada de los secuestradores de Fernando, quienes se lo habían llevado con sus dos acompañantes de un falso retén en el sur de la ciudad.

Al bajar de ese avión, Martí entraba a una nueva etapa de su vida.

La negociación con los criminales fue larga, con llamadas llenas de insultos y amenazas. Al principio, él no quiso avisar a la policía y confió en la empresa de seguridad que lo había ayudado a seleccionar a sus custodios. Pero cuando los secuestradores mataron a su chofer Jorge Palma Lemus y dejaron por muerto al escolta Cristian Salmones, se decidió a contactar a las autoridades. Luego diría que se arrepintió de no haberlo hecho antes.

El final es conocido. La familia pagó el rescate una semana después del secuestro. Esa noche, esperaron hasta las cinco de la mañana. Pero Fernando nunca regresó. Su cuerpo apareció el 31 de julio cerca de la medianoche en un Chevrolet Corsa gris en Villa Panamericana, en Coyoacán.

En agosto, Martí comenzaba a meterse en su nuevo rol.

Un país secuestrado

Alejandro Martí no es el primer mexicano que al ser victimizado decide hacer algo contra la inseguridad. De hecho, parece repetir un patrón, como María Elena Morera –cuyo esposo perdió cuatro dedos en su secuestro–, o Josefina Ricaño de Nava, quien fundó México Unido Contra la Delincuencia tras perder a su hijo.

“Fue un caso como muchos otros, hay que decir las cosas como son”, señala Mario Garza Salinas, desde la Universidad Iberoamericana. “Fue de un empresario muy importante y no por eso voy a minimizar el caso. Hay muchos otros de los que nadie se entera, gente que no son hijos de personas que tienen poder económico. Estos casos obviamente no tienen efecto sobre la sociedad”. De hecho, dice Garza, los secuestros “se han democratizado” y afectan a todas las clases sociales.

Lo que destaca al caso Martí de otros que terminaron con la muerte del secuestrado –que, según Herrejón, ya son más de 70 en este sexenio– es, por un lado, su repercusión en la sociedad y, por el otro, la reacción del empresario.

“Cualquier secuestro lastima a la sociedad”, opina Garza. “Pero en este caso, por ser un empresario de renombre, en las circunstancias en que se llevó a cabo y el hecho de que (su hijo) fue asesinado, tuvo un impacto en la sociedad que fue como un ‘¡Basta!’”.

“Francamente”, apunta Herrejón, “admiro que después de la pérdida, en lugar de agarrar y decir: ‘Ahí nos vemos, quédense con su inseguridad’, él optó por quedarse y aportar dinero, conocidos, esfuerzo, trabajo, tiempo”.

“Ha tenido el enorme mérito de canalizar todo ese dolor, todo lo que generó hasta mediáticamente, en un gran proyecto social”, considera el periodista Fernández Menéndez. “Creo que es lo más importante y demuestra cómo se pueden aplicar los conocimientos de manejo de empresa, de personal, al servicio público, incluso en temas tan delicados como la seguridad”.

Con información de Alejandro Ángeles y Bárbara Anderson.

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