El tío bisabuelo José Martí

El prócer y poeta máximo de Cuba, muerto por su patria en 1895, era familiar de Alejandro; aunque el empresario lo considera un gran hombre, dice no observar un paralelo entre sus luchas.
La escultura de José Martí en el Centro Histórico del DF. (N  (Foto: Notimex)
Diego Graglia
CIUDAD DE MÉXICO -

Las biografías de Alejandro Martí suelen comenzar con su abuelo, el catalán Domingo Martí Riera, quien en los años 30 compró una tienda del centro y comenzó a vender artículos deportivos. Luego, vienen Domingo Martí Fortún y su hijo Alejandro, quien llevó a la empresa a las 120 tiendas y 32 centros de entrenamiento que tiene ahora.

Martí sobrevivió la crisis del 94-95 con la empresa al borde de la suspensión de pagos. “Tuvo la entereza para salir adelante”, dice Arturo Saval, del fondo Nexxus Capital, con inversiones en los clubes de fitness Sports World. “Habla muy bien de una seriedad, una ética, de enfrentar un problema y salir adelante”.

Comparada con este año, sostiene Martí, aquella crisis le parece “de juguete”.

En 1995, él lanzó Sport City Eureka, un centro de entrenamiento de lujo. “Es un pionero, indudablemente, de la industria del fitness institucionalizado”, dice Saval.

Pero hay otra parte, menos conocida, de la historia familiar, que le hace brillar los ojos a Angelina Martí, prima de Alejandro. Según un libro de 1933 que ella atesora –Martí en México, de José de Jesús Núñez y Domínguez–, el prócer y poeta máximo de Cuba, José Martí, muerto por su patria en 1895, era el tío bisabuelo de Alejandro.

Domingo Martí Riera –el abuelo que compró la tienda– se casó con María Fortún Martí, sobrina del cubano (era hija de su hermana Antonia).

Los hijos de ese matrimonio fueron Jorge y Domingo Martí Fortún: el primero, padre de Angelina; el segundo, de Alejandro y sus hermanos. El apellido que llevan viene del abuelo catalán, pero su abuela María se los heredó.

“Yo siempre he leído mucho de él”, dice Alejandro Martí, “creo que es un gran hombre”. Aunque dice no ver un paralelo entre su lucha y la de su antepasado, su tío bisabuelo pareciera haberle señalado el camino que debe seguir.

“El patriotismo es un deber santo –escribió–, cuando se lucha por poner la patria en condición de que vivan en ella más felices los hombres”.

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