El magnate de los años 70

Manuel Espinosa Yglesias amasó una gran fortuna, pero la perdió en la expropiación bancaria; llegó a ser el mexicano más rico de su época y por eso hoy dice que le robaron más que a ninguno.
Manuel Espinosa Yglesias
Alicia Ortiz

En sus memorias registró el 13 de agosto de 1980 como el día más importante de su vida. Aquella mañana, se encontró con la comitiva del presidente José López Portillo, a quien mostró con orgullo la magna obra que pondría de relieve que Bancomer era, con mucho, el líder de la banca privada de México, y él mismo, su líder, el empresario más importante del país.

Manuel Espinosa Yglesias llegó a ser el mexicano más rico de su época. Por eso decía que fue quien más perdió con la expropiación de la banca. “Me robaron más que a ninguno”, solía decir al recordar aquel episodio que redujo a menos de la quinta parte la riqueza que llegó a poseer.

Espinosa Yglesias se inició en el mundo de los negocios con una cadena de cines en Puebla, la ciudad que lo vio nacer el 9 de mayo de 1909. Hijo del médico Ernesto Espinosa Bravo, por sus venas corría sangre de emprendedor, ya que fue el doctor Espinosa quien canalizó la creación de un gran teatro, el Variedades, por el amor que le tenía a la ópera. En su tiempo fue el mayor escenario de la República.

Como le sucedería en cierta forma a su hijo seis décadas después, un gobernador mandó quemar ese recinto ‘por motivos políticos’. El médico lo reconstruyó y dejó con eso la simiente del negocio de cines que a su prematura muerte pasó a manos de sus hijos.

Fue su herencia a los 20 años de edad. Para sacar a flote el negocio, buscó asociarse con Guillermo Jenkins, industrial estadounidense radicado en Puebla, amigo de su padre. Juntos crearon Ultracinemas México.

Su primer banco

De esa relación, marcada por la confianza que le tuvo Jenkins a Espinosa Yglesias, surgió la oportunidad de adquirir el paquete mayoritario que le permitió en la década de los 50 asumir el control del Banco de Comercio, que llegó a ser el más importante banco en manos de mexicanos.

Jenkins había adquirido 41% de las acciones de la institución financiera y aceptó nombrar a Espinosa Yglesias, a petición de él mismo, como su representante ante el consejo de administración. Con la designación de consejero suplente fue presentado a sus integrantes en marzo de 1950.

Ya desde antes acariciaba la idea de llegar a controlar el banco. En esa meta fijó su mente y, con singular agudeza, decidió iniciar con una participación muy discreta: “Sólo por excepción intervenía en las discusiones o en los acuerdos que se tomaban. Seguía esa estrategia porque además de no tener una sola acción del banco, deseaba aprovechar la oportunidad para adentrarme más en el negocio bancario y conocerlo mejor”, escribió en sus memorias, bajo el título Bancomer, logro y destrucción de un ideal (Planeta, 2000).

A su estrategia agregó cultivar al máximo la confianza del señor Jenkins, quien le dio poder absoluto sobre el manejo de sus negocios. En una jugada maestra, y buscando dejar en manos del estadounidense todo el negocio de los cines para quedarse él con el del banco, dispuso de bonos de Nacional Financiera, propiedad de Jenkins, para comprar a Manuel Senderos el porcentaje de acciones del banco que harían de Guillermo Jenkins el socio mayoritario.

Tenía 46 años cuando, recuerda, “gracias a mi insistencia y al afecto que nos teníamos, don Guillermo volvió a ayudarme y con una generosidad enorme aceptó el cambio que le propuse, quedándose él como único dueño de los edificios de los cines y dejándome virtualmente dueño del Banco de Comercio”.

Fue el origen de la que fue hasta los años 80 la más importante fortuna que haya amasado un empresario mexicano.

De cerca en la comunidad

Con el control accionario del banco en sus manos, no exento de conflictos con los demás socios, se dio a la tarea de ampliar su cobertura. Relata que entre 1957 y 1964 construyó, desde sus cimientos, más de 200 sucursales con las que logró ser el primer banco con cobertura a nivel nacional.

Para su expansión llevó a cabo la misma táctica: en cada ciudad conocía a las autoridades políticas y religiosas del lugar y sembraba en ellas la idea de abrir una sucursal del Banco de Comercio. Fue una intensa labor de promoción a la que se entregó totalmente y con resultados muy positivos.

En primer lugar, decía, transformó la idea del banquero, que era la de un funcionario ajeno a los problemas cotidianos de sus clientes, por la de alguien “dispuesto a colaborar con la comunidad para que tuviera acceso a servicios indispensables, como el depósito y crédito”. Además, unió esfuerzos que estaban dispersos y desorganizados y los comprometió en una empresa común.

Los logros alcanzados le permitieron afirmar que al inicio de los 60, había contribuido de manera determinante para que México tuviera uno de los más sólidos y evolucionados sistemas bancarios de América Latina. Cuando tomó la dirección del banco, contaba con 4,500 empleados. En los 80 ya rebasaba los 20,000: era la más importante fuente de trabajo del país, en el ala de la iniciativa privada.

Álvaro Conde, director general de la Banca al momento de la expropiación, así lo recuerda: “Modificó totalmente el sistema bancario; a él se le debe que se haya abierto al pueblo, que haya dejado de ser elitista, a través de romper barreras y costumbres en las sucursales, como que a los gerentes, decía don Manuel, ‘les gustaba ver a los clientes arrodillados para pedir un préstamo, y eso no puede ser, los clientes tienen derechos y merecen respeto’”.

Después, Espinosa desarrolló el concepto de banca múltiple, a través de la fusión de la banca de depósito con la financiera e hipotecaria. Antes llevó a cabo un intenso proceso de crecimiento y expansión, que rebasó las fronteras de México, con la apertura en 1977 de sus dos primeras sucursales internacionales. Una en Los Ángeles y otra en Londres. Le siguieron las representaciones en Tokio, São Paulo y Gran Caimán.

Su hija Amparo Espinosa Rugarcía destaca que entre las innovaciones que llevó a cabo don Manuel está el uso de campañas publicitarias, la introducción de tecnología de punta y un sistema operativo que incluyó bancos regionales con consejo de hombres de negocios de cada localidad. “Le decían el banco con ideas modernas, vanguardista”. Y lo fue, dice, porque democratizó los servicios bancarios.

Mucho para un solo hombre

En los 80 ya era el líder indiscutible de la comunidad de hombres de negocio. Frente a las 561 sucursales de Banamex, Bancomer contaba con 669; otorgaba 32.7% del financiamiento total del sistema bancario y 34.9% de la captación. Decidió que debía construir un edificio que hiciera patente su poderío.

Ubicado en avenida Universidad, en la Ciudad de México, el inmueble está construido en 122,000 metros cuadrados en siete niveles, oxigenados con un sistema de aire filtrado.

Ahí fue la cita de aquel 13 de agosto de 1980. López Portillo llegó con los secretarios de Hacienda, Programación y Presupuesto, y del Trabajo y el director del Banco de México. El recorrido programado de 45 minutos se prolongó casi dos horas; el tiempo fue insuficiente para recorrer aquellas amplias naves y ver la operación de sus avanzados sistemas de cómputo, que integraban las últimas innovaciones en materia tecnológica, para conectarse con todas sus sucursales a nivel nacional.

En su euforia por lo que juzgó la culminación de muchas décadas de trabajo, por sentirse en la cima “a la que podía yo llegar como banquero y como hombre de negocios”, no detectó que el mandatario se comportó excesivamente seco, cortante, como se lo hicieron notar después sus colaboradores. “Quizá ese día López Portillo decidió expropiar la banca”, escribió.

Espinosa Yglesias tenía el antecedente de un recorrido que hizo con representantes del gobierno por las obras en marcha del Centro Bancomer, en 1979, Ernesto Fernández Hurtado, entonces director del Banco de México, había dicho que algo así no podía ser de un solo hombre. Esto, sentenció aquella vez, se lo expropia el gobierno.

Y lo expropiaron...

Del total de bancos expropiados el 1 de septiembre de 1982, Bancomer fue el que obtuvo una sobretasa mayor respecto del valor contable registrado al día anterior, que ascendió a 19,000 millones de pesos (mdp), “reconociéndosele un valor ajustado de 30,000 mdp, el más alto de toda la cartera de indemnización”, de acuerdo con Marcos T. Águila, Martí Soler y Roberto Suárez, autores de Trabajo, fortuna y poder.

Según un estudio de Carlos Sales Gutiérrez, quien estuvo al frente de la banca nacionalizada y de Nafinsa, los ex accionistas de Bancomer, en el proceso de reprivatización adquirieron por un monto de 23,200 mdp acciones de los grupos Aviones BC Frisco, Afianzadora La Guardiana y Mexalit, Anderson Clayton, Seguros México, Productos Químicos, Química Flúor y Casa de Bolsa Bancomer.

Espinosa Yglesias se declaró despojado, víctima de un robo del que él fue el principal afectado. Y nunca se repuso del golpe.

Reconocido filántropo, en el proceso de reprivatización quiso recuperar algo de lo perdido. No lo logró. Pero quedó en la memoria que fue uno de los hombres más ricos del México del siglo.

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