Buenas referencias, visceral y leyenda

Señor Q encuentra solución a los problemas que rodean la vida profesional; si él no tiene la respuesta, seguramente nadie la tendrá.
Temperamento  (Foto: Archivo)
Señor Q

ESTIMADO SEÑOR Q: Mi temperamento está a punto de dejarme sin trabajo. Soy un empleado apasionado, y me entrego por entero a la empresa donde estoy (actualmente, en el área de logística de unos grandes almacenes). Mi problema es que, cuando veo una injusticia, me siento obligado a dar un paso adelante y llamar la atención. Esta actitud me ha involucrado en discusiones donde a menudo he perdido el control. En una ocasión pegué un puñetazo contra la pared y le hice un agujero. En otra, quise frenar a un compañero que se iba de la sala de juntas ¡la discusión no había terminado! y, sin quererlo, lo empujé. Mi compañero, que cargaba un proyector, tropezó con el cubo de la basura, cayó al suelo y se abrió la nariz. Ahora, todos usan mi carácter para desprestigiarme y hacerme perder argumentos. Admito que se me ha ido la mano, pero ¿es tan importante?, ¿dos o tres malas experiencias súbitamente se convierten en algo más importante que mi pasión y mi entrega?

Fanático, pero solo.

Querido Fanático: La pasión es una vieja excusa de los cascarrabias. Con una pizca de verdad: la historia corporativa está llena de grandes ejecutivos tan famosos por su carisma y su visión estratégica como por sus diatribas monumentales. Aun así, el Señor Q cree que deberías suavizar la manera de relacionarte con tus compañeros y subordinados, principalmente porque tus exabruptos siempre te jugarán en contra. Las organizaciones suelen preferir la paz antes que la justicia, así que memoriza este consejo: en una discusión, el que se enoja pierde. Aunque tengas razón. Repite conmigo: si te enojas, pierdes. Un consejo: cuando sientas burbujear el veneno de la rabia, búscate 10 segundos de pausa: finge checar tus mensajes, quítate el reloj (y vuélvetelo a poner), mira por la ventana. Te desinflarás. Y encontrarás una respuesta mejor.

Relajado, Q

ESTIMADO SEÑOR Q: Soy un flamante licenciado en mercadeo en busca de su primer empleo. Hay algo que me preocupa en este proceso excitante y deprimente de buscar trabajo: mi hoja de vida. Estoy convencido de mis talentos y mis capacidades soy trabajador, aprendo rápido, tengo energía positiva, pero, por ahora, nada de eso está en la hojita de papel que entrego en las entrevistas, donde figuran mi licenciatura y un curso sobre publicidad en internet que hice hace dos años. Señor Q, ¡ayúdeme a engordar mi currículo, que así delgadito como está no me sirve para nada!

En blanco.

Querido En Blanco: El primer currículo es el más difícil, porque, efectivamente, hay poco de valor para apuntar. Esto es un problema y a la vez una oportunidad, porque te permite ser creativo. No incluyas el nombre de tu perro ni tu afición por las Chivas Rayadas: no le interesa a nadie y puede generarte enemigos. Pero sí usa la hoja en blanco para pintar un retrato halagador de ti mismo: ¿has viajado?, ¿has hecho trabajos como voluntario?, ¿lees publicaciones específicas de mercadeo?, ¿tienes alguna idea innovadora u original que puedas describir en dos líneas? Escríbelo todo, y hazlo con un lenguaje formal pero no acartonado, amistoso pero no vulgar. El Señor Q es poco amigo de la autocelebración retórica "soy un profesional capacitado", "detallista y cumplidor", "sé trabajar bajo presión y cumplir objetivos", pero reconoce que en ocasiones puede servir. Lo más importante es que imagines tu currículo en una pila con otros cien, iguales al tuyo: ¿Qué tienes para ofrecer y que puedas demostrar: busca referencias de profesores o tutores y diferenciarte? Si tienes algo, escríbelo.

Largo CV, Q

ESTIMADO SEÑOR Q: Tenemos una apuesta aquí con los compañeros de oficina. Ayúdenos a decidirla. ¿Es cierto que usted en los 80 fue un alto ejecutivo de Cemex y que renunció de un día para el otro para abrir un hotelito en Puerto Escondido o Zihuatanejo y dedicarse a la pintura? Es un rumor bastante extendido.

Oficinistas envidiosos.
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Queridos oficinistas: El Señor Q no confirma ni desmiente rumores. Deja hablar: que alimenten su leyenda. Ojalá su vida fuera la mitad de su leyenda.

Modestamente, Q

¿Alguna pregunta? Escribe a: senorq@expansion.com.mx

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