El amigo americano

Luis Miguel González dice que la sociedad y el gobierno de EU gastan más de lo que tienen; el director editorial de Público Milenio Guadalajara se pregunta si pueden mantenerse en la cúspide.
tarjetas_credito  (Foto: Especial)
Luis Miguel González

En Estados Unidos un hogar tiene 13 tarjetas de crédito, en promedio, y cada año consume entre 10,000 y 15,000 dólares por encima de sus ingresos. El gobierno federal es la otra cara de la misma moneda. Gasta diariamente 1,500 MDD más de lo que ingresa. La cifra de la deuda acumulada ya sobrepasó la marca de los 10 billones de dólares.

¿Dónde quedó la ética protestante? El esfuerzo y la frugalidad puestos en un marco de libertad económica hicieron de EU el país más rico y la máxima potencia mundial desde el final de la Primera Guerra Mundial hasta la fecha.

¿Puede mantenerse en la cúspide un país con tan malos hábitos? Vamos hacia un mundo posamericano, sostenía Fareed Zakaria a principios de año. El periodista se refería a un nuevo orden mundial caracterizado más por el ascenso de potencias como China e India que por la decadencia de EU.

Eso era antes de septiembre. Ahora, el orden mundial se ha convertido en su antónimo. Turmoil y meltdown son las imágenes más utilizadas para describir la situación. Esto se parece a 1929, pero es otra cosa. Hace 80 años, sólo 3% de la población de EU tenía inversiones en Wall Street. Ahora son más de dos tercios. Hay 150 millones de personas que tienen una parte de su patrimonio en el mercado de valores. General Motors vale en el mercado menos del dinero que tiene en sus arcas. El costo de asegurar la deuda del gobierno estadounidense contra un default es más alto que el mismo tipo de seguro para McDonalds.

¿Estamos viviendo el principio del fin de la era americana? El historiador Paul Kennedy dedicó un extenso trabajo a analizar el auge y la caída de las grandes potencias. Afirma que el poderío económico y militar van de la mano. En un primer momento hay un círculo virtuoso que otorga enormes rendimientos económicos a las inversiones militares. El esfuerzo de sostener la hegemonía militar, a la larga, altera la ecuación. El gasto militar termina absorbiendo recursos que rendirían más en tareas productivas.

Eso los debilita. Abarcar mucho erosiona a un imperio. Le pasó a España, Francia, Gran Bretaña y, de alguna manera, le está pasando a Estados Unidos.

El gasto militar estadounidense en al año fiscal 2008 ascendió a 594,700 MDD. Predominan las erogaciones con destino a Irak y Afganistán. La crisis financiera hubiera sido muy diferente si una parte de este presupuesto militar se hubiera destinado a fortalecer la economía.

Las invasiones a Afganistán e Irak costaron casi 1 billón de dólares desde 2002. Más allá de las implicaciones éticas de estas guerras, son notables los efectos en las finanzas públicas. El gobierno de EU pasó de un superávit fiscal de 200,000 MDD en el último año de William Clinton a un desbalance de 454,000 MDD en el último de George W. Bush.

El Foro de Davos advirtió de la situación estadounidense desde el año pasado. El déficit, sumado al endeudamiento y al enorme gasto militar, está deteriorando la posición de Estados Unidos. Lo colocó en el número seis de la lista, un lugar muy bajo para una superpotencia que produce una quinta parte del PIB mundial y cuya moneda es la divisa predominante en 70% de las reservas mundiales de los bancos centrales.

Los países compiten mediante la estabilidad macroeconómica y condiciones macroeconómicas, según Richard Vietor, de Harvard. EU compite mal, bajo esos parámetros. Su déficit fiscal y comercial son reflejo del deterioro de su capacidad competitiva. El fiscal superará el billón de dólares en 2009, debido al rescate financiero. No está claro qué sacrificará ni cómo lo pagará.

La crisis es una oportunidad de EU para ordenarse, según Zakaria. Es el aviso de que se acabó su momento como única superpotencia, opina Joseph Stiglitz, entre otros. El hecho es que estamos sumergidos en uno de esos grandes momentos históricos y saldremos de él con el mundo cambiado. "La gente cree que la historia es algo que sucede a la larga, pero la verdad es que se trata de algo muy repentino", escribe Philip Roth en Pastoral americana. ¿Será que el final de la era americana ya ocurrió?

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El autor es director editorial de Público Milenio / Guadalajara

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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