El reacomodo en turismo

Francisco Madrid califica como efecto de la crisis que EU desplace a España como destino turístico; el director de la Escuela de Turismo de la Anáhuac Norte prevé que China tardará en llegar al Top 3.
Madrid  (Foto: Especial)
Francisco Madrid

Aunque es un indicador imperfecto, la medición de las llegadas de turistas internacionales es el referente más oportuno para medir la evolución del fenómeno turístico mundial. Con los resultados (preliminares, por cierto) hechos públicos por la Organización Mundial del Turismo (OMT) hace unas semanas con relación a este indicador, es posible observar que ya hay claras muestras de los estragos que empieza a acusar el turismo mundial, producto de la crisis económica global.

El primer dato a considerar es la reducción del crecimiento de las llegadas de turistas internacionales durante 2008, que tuvieron un significativo deterioro a medida que fue transcurriendo el año. Mientras que en los primeros cuatro meses el crecimiento de este indicador era 5% con relación al mismo periodo del año anterior, para el acumulado al mes de agosto el crecimiento se había reducido a 3.7%. Para el cierre anual se reportó un modesto incremento de 2%.

Y si bien un crecimiento de 2% para los tiempos que vivimos no es despreciable, algunos destinos enfrentan retos mayores. Vale la pena comentar que México tuvo un crecimiento en esta variable de 5.7%.

La OMT aún no ha publicado el Top 10 de los países receptores en 2008 y, sin embargo, podemos anticipar algunos cambios destacables. Así, España caerá del segundo lugar al tercero (producto de una disminución de 2.6%) y Estados Unidos ocupará su puesto con un crecimiento estimado de 5%, a pesar de que rápidamente disminuyen los arribos (por ejemplo, una drástica caída de 9% en noviembre pasado).

Por otro lado, Alemania perderá terreno ante el crecimiento sostenido de Ucrania y Turquía, y México mantendrá su presencia como décimo país más visitado. los-preferidos.gif

Con relación a lo que podría esperarse para esta clasificación en 2009, puedo anticipar que no habrá cambios mayores, sólo destacando que no se cumplirán las predicciones hechas por fuentes como The Economist, en el sentido de que en este año, China escalaría a la segunda posición. De igual manera, es muy posible que las estimaciones de la OMT con respecto a que para 2010 se rebasarán los 1,000 millones de llegadas de turistas internacionales en el mundo, se verán afectadas y alcanzar dicha cifra tomará más tiempo. Conviene recordar que la estimación de crecimiento global de la OMT para 2009 prevé una reducción de hasta 2% en llegadas de turismo internacional.

Con los resultados con que se cuenta a la fecha, es difícil afirmar que el turismo saldrá indemne de la crisis. Lo que está a discusión es si el turismo tiene una fortaleza estructural que le permitirá evitar un derrumbe e, incluso, que podría formar parte de las soluciones ante los difíciles retos que se enfrentan. Las estimaciones del lobby más importante del sector privado (el Consejo Mundial de Viajes y Turismo) señalan que la actividad turística es responsable de la generación de más de 10% del PIB mundial.

Desde 1950, el turismo internacional sólo registra tres caídas: 1981, por la crisis petrolera, en 2001 como consecuencia de los efectos de los atentados de septiembre 11 y en 2003 cuando el SARS afectó seriamente los viajes turísticos en el mundo. Es importante hacer notar que las caídas en dichos años fueron más bien marginales y que una vez superadas las contingencias de inmediato se notó una clara y fuerte tendencia a la recuperación.

Si bien parece que estamos ante la madre de todas las crisis, en ocasiones anteriores hemos aprendido que los turistas no necesariamente cancelan sus viajes como resultado de una reducción en su ingreso. Se presenta un patrón de sustitución al que podemos denominar efecto cascada, o efecto dominó. Es decir, si el turista realizaba antes un viaje largo internacional, le recortará días o lo sustituirá por un viaje a un destino nacional; si su viaje era a un destino nacional lo cambiará por otro destino nacional que se encuentra más cerca y de igual manera ajustará sus consumos para (sin cancelar el viaje) reducir el costo del mismo.

En otra condición se encontrarán quienes no puedan realizar el viaje y su intención, más que cancelar, será de posponer el desplazamiento. Por otro lado es de esperar que un grupo de viajeros, como sucedió luego de los atentados de 2001, estará atento a la caza de oportunidades, reduciendo su tiempo de reservación al máximo en espera de mejores ofertas de última hora, lo que supone un desafío a la industria para la gestión de sus inventarios y para evitar una cruenta guerra de precios.

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El autor es director de la Escuela de Turismo de la Universidad Anáhuac México Norte.

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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