El día después

Jack y Suzy Welch convocan a hacer el enojo a un lado y pensar en lo bueno de los tiempos agitados; el ex CEO de GE y la ex editora de Harvard Business Review ven que la furia sólo alimenta la furia.
Enojado  (Foto: Archivo)

¿Recuerdan el juramento presidencial en Estados Unidos hace dos meses? La economía tenía problemas. La gente estaba asustada. Pero, por un breve y brillante momento, virtualmente todos parecieron creer que algún tipo de reinvención, grande y necesaria, se hallaba frente a nosotros. El pueblo tenía esperanzas. Pero hoy está enfurecido.

Nadie sabe con exactitud cómo ocurrió esa atroz transición. Hay rescates que parecen un barril sin fondo. En algunas audiencias en el Congreso abundan las acusaciones. Hay despidos de obreros y empleados que dejan estupefactos a todos. Sistemas de control, que no debían haber fallado, fallaron. Los líderes de las empresas y del gobierno cometen errores. Y demasiadas personas decentes están pagando el precio.

Pero, sin duda, la gota que derramó el vaso fue el embrollo que se suscitó recientemente, de los bonos que recibieron ejecutivos de la aseguradora American International Group. De repente, muchas personas olvidaron que querían un cambio, y empezaron a clamar venganza.

Tal vez eso sea comprensible. Pero si cedemos a la furia, no remontaremos el periodo de más profunda agitación económica y cultural de nuestra época. La furia sólo genera furia. Y las personas que enfurecen hacen cosas estúpidas y miopes. La furia no cura, sólo sirve para polarizar. Y es por eso que debemos pelear juntos para mantener vivas las esperanzas y remplazar nuestra furia con un foco renovado en las cosas buenas de la vida.

Es bueno tomar en cuenta, por ejemplo, que en estos precisos momentos, hay centenares de brillantes ingenieros en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en la Universidad de Stanford, y en casas de estudio alrededor del mundo, que subsisten con pizza, y que tienen volcado todo su corazón en una nueva y moderna idea.

También los lectores pueden estar seguros de que hay legiones de personas que no están aterradas por la crisis económica. Esas personas se llaman empresarios emprendedores, y los desafíos no los hacen rendirse. Los desafíos los vuelven aún más determinados. O basta considerar el hecho de que justo ahora, en empresas de toda clase, nuevas y viejas, equipos de empleados están congregados en reuniones, trabajando con todo ahínco para ver cómo hacen para salvar empleos.

Los lectores pueden estar seguros de que, en estos momentos, investigadores en laboratorios alrededor del mundo trabajan 18 horas al día para descubrir los secretos del genoma humano y encontrar curas inimaginables.

Pueden estar seguros de que, en abril, Tiger Woods hará algo sobrehumano en el torneo Masters de Golf, y el mundo estará feliz de que haya vuelto. Ustedes pueden estar seguros de que, después del torneo, una mamá y un papá controlarán las lágrimas, mientras observan al primer miembro de la familia graduarse en la universidad.

Pueden estar seguros de que por cada estúpido carente de ética que está socavando los negocios, hay otro 98 o 99% de personas decentes, que están decididas a hacer lo correcto. Y pueden estar seguros de que esas personas prevalecerán.

Un héroe del liderazgo no partidista emergerá en el Congreso de EU, y mostrará qué significa servir al pueblo. Ustedes pueden estar bien seguros de que, cuando esto concluya, habrá más de un héroe.

Pueden estar seguros de que este verano saldrá una canción que no se la podrán quitar de la cabeza. Y pueden estar seguros de que, en un futuro no muy distante, cuando recordemos este tiempo difícil, diremos: “Fue doloroso, pero trabajamos con esmero y aprendimos tanto que disminuimos las posibilidades de que vuelva a ocurrir”.

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Y pueden estar seguros de que sólo hemos ofrecido algunos de los elementos que deben figurar en una lista para acabar con la furia. ¿Qué elementos hay en la suya?

The New York Times Syndicate

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