Jaque al dólar

Luis Miguel González explica la implicación de que el dólar pierda peso siendo la moneda hegemónica; el periodista señala que en una década su valor cayó 30%.
Luis Miguel González

¿Qué tienen en común la top model Gisele Bündchen, el premio Nobel Joseph Stiglitz, el líder iraní Ahmadinejad y el presidente del Banco Central de China? La modelo quiso fijar sus tarifas en euros. El Nobel recomendó revisar el rol del dólar en el sistema mundial de reservas. Mahmoud Ahmadinejad pide a sus clientes que le paguen el petróleo en euros o en yenes. El banquero central chino, Zhou Xiaochuan, propone crear una supermoneda que sustituya el dólar.

Algo pasa cuando están de acuerdo una top model, un fundamentalista musulmán, un Nobel de Economía y el banquero que tiene las mayores reservas del mundo. Ellos expresan un creciente malestar con respecto al orden financiero mundial. La hegemonía del dólar se ha vuelto disfuncional.

La pérdida de valor de la divisa estadounidense provoca molestia, pero las causas de la pérdida generan rabia: el creciente desequilibrio fiscal y comercial de EU. El dólar se convirtió en la moneda global al finalizar la Primera Guerra Mundial. Sustituyó a la libra entre otras cosas porque EU era el mayor acreedor del mundo y tenía las mayores reservas de oro. Entonces ese país y su moneda encarnaban las virtudes del ahorro y el esfuerzo. Ahora es el mayor deudor del orbe y se le relaciona con el consumo desmesurado y la irresponsabilidad.

El valor del dólar está respaldado por la fe en él, dijo Jack Weatherford, en The History of Money. Esa fe vive horas bajas. La divisa estadounidense ha visto caer su valor 30% en una década, frente a las principales monedas. Esta baja ha provocado enormes pérdidas para los países que tienen las mayores reservas en dólares. China, en primer lugar. Tiene 1.45 billones de dólares en sus arcas y un asunto difícil de balancear: su mayor cliente es uno de sus principales problemas.

Entre las causas de la caída del dólar destacan dos: el aumento de la deuda pública y el déficit comercial. El reloj de Wall Street que mide la deuda gubernamental fue ampliado para admitir más ceros. A mediados de abril se podía leer una cifra que parece la representación numérica de la metástasis: 11 190 728 312 691 dólares. Crece 96,000 dólares por segundo.

El dólar sigue siendo la moneda hegemónica, pero pierde peso. En 1999, 71% de las reservas de divisas del mundo estaban en dólares. Ahora es menos de 63%. Una docena de países han ‘roto’ con el dólar. El último en hacerlo fue Zimbabwe, que optó por el rand sudafricano.

La crisis actual traerá el final de seis décadas de expansión del crédito basadas en el dólar, predice George Soros. Crece en el mundo la resistencia a acumular dólares.

Las autoridades estadounidenses harán todo para evitar el desenlace. El Tío Sam tiene el privilegio de financiar su deuda y su déficit comercial con la emisión de dólares. El mundo los subsidia porque su moneda tiene un estatus tan dominante que todos los commodities fijan su precio y se comercializan en dólares: petróleo, gas, oro, plata, trigo, carne, café, leche, azúcar y jugo de naranja. Esto garantiza una demanda constante de dólares de gobiernos, instituciones y empresas.

Un cambio de la moneda de reserva mundial equivale a un cambio de época. La última vez que pasó fue hace 90 años y necesitó una guerra mundial. No está claro cómo ocurrirá esta vez. No hay sustituto evidente a la mano: la moneda del FMI los Derechos Especiales de Giro (DEG), es apenas un instrumento contable. La divisa china, el yuan, no tiene la presencia internacional. El euro se asoma como el principal contendiente, porque 26% de las reservas mundiales están denominadas en éste.

El futuro está cerca, pero su parto será complicado. Los expertos hablan de una canasta que reflejaría el mundo multipolar que seguirá a la era estadounidense. Joseph Stiglitz recomendó una mezcla de yuan, euro, yen, libra y dólar, similar a la que constituye los DEG.

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El Nobel piensa que sería una buena receta para corregir los desequilibrios de Estados Unidos. Zhou recuerda el Bancor, la moneda propuesta por Keynes en Bretton Woods. Un cambio brusco desplomaría el valor del dólar y eso no conviene a nadie. El dólar es la peor de todas las divisas, a excepción de las existentes.

 

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