Economía llega a fase crítica: expertos

Analistas alertan sobre la repercusión de la debilidad de las finanzas públicas en el crédito; el Instituto Mexicano de Ejecutivos en Finanzas pide compensar el ingreso petrolero con impuestos.
Infraestructura  (Foto: Federico Gama)
Adolfo Ortega

Unos días después de que el gobierno anunció su plan contra la recesión, a principios de enero, lanzó una serie de spots que decían que estas medidas eran una respuesta a “la crisis que viene de afuera”. Ahora, con las finanzas del gobierno bajo presión, todo mundo espera un plan para contrarrestar lo que podría convertirse en “la crisis que viene de adentro”.

“Viene uno de los efectos más fuertes para las finanzas públicas, sobre todo para el siguiente año”, dice Eugenio Gómez, director de macroeconomía y estadística de la consultora Aregional.

Hay consenso en el problema, el gobierno no tiene dinero para mantener su gasto. Y no hay más que dos opciones: cobrar más impuestos o gastar menos. Los primeros efectos de esta presión ya se empiezan a sentir.

“Esperamos que la posición fiscal de México se deteriore en 2009 y 2010”, escribió Lisa Schineller, analista de calificaciones soberanas de Standard & Poor’s en un comunicado emitido el 11 de mayo. Ese mismo día, la agencia cambió la perspectiva de la deuda mexicana de estable a negativa.

Uno de los mayores problemas es la dependencia que tiene el gobierno de los ingresos que provienen del petróleo. Cuatro de cada 10 pesos que reciben las arcas federales son producto de la actividad petrolera. Y si el precio del petróleo baja, también bajan los ingresos del gobierno. En julio del año pasado, el barril de petróleo mexicano se vendía en más de 130 dólares. En diciembre pasado, el precio era 32 dólares.

Este año, el precio ha variado entre 35 y 55 dólares por barril. Ante la incertidumbre, el gobierno contrató el año pasado una cobertura que le permite recibir 70 dólares por cada barril que exporte. Sin este contrato, el gobierno hubiera recibido 45,000 millones de dólares menos en lo que va del año, calcula Cambridge Energy Research Associaties (CERA) México. Pero este contrato vence en noviembre próximo. A partir de entonces, el gobierno recibirá sólo los dólares que fije el mercado. Y hay pocas posibilidades de volver a firmar un contrato de coberturas tan ventajoso como el actual.

Además, cada vez hay menos producción de petróleo. En 2004 vivimos el pico de la producción con 3.3 millones de barriles diarios. Para 2012 se espera que sólo sean dos millones. “La situación es complicada… no hay ninguna otra fuente de ingreso fiscal que pueda sustituir el ingreso petrolero y menos en una situación de recesión económica”, dice Alejandra León, analista de petróleo y productos refinados de CERA.

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Daños colaterales
El problema de las finanzas públicas puede contagiar a toda la economía. Si al gobierno no le alcanzan sus ingresos para cubrir sus gastos tendrá que pedir prestado. Mientras más dinero debe un gobierno, paga una tasa de interés más alta. Y si el gobierno paga intereses más altos, eso encarece el crédito para los privados que también tienen deudas. Y si una empresa debe dinero a una tasa de interés alta, sus costos suben y, por ende, el precio de su producto. El remate llega cuando estas empresas pierden clientes porque éstos encuentran productos similares más económicos. “Todos coincidimos en que las finanzas públicas son una preocupación”, dice Pedro Núñez, presidente del Instituto Mexicano de Ejecutivos en Finanzas (IMEF). “Hay que discutir con propuestas”.

El IMEF prepara un documento con posibles soluciones a este problema y que sirva para discutir con el gobierno, legisladores y otros empresarios. En esencia, propone que se compense el ingreso del petróleo con impuestos. Eso podría lograrse si se generaliza el cobro del Impuesto al Valor Agregado (IVA), lo que de facto implica ampliar la base de contribuyentes. Para disminuir el efecto que esto tendría en el precio de algunos artículos que hoy no lo pagan, como los alimentos y las medicinas, la tasa impositiva podría ser menor al 15% actual.

La opción no es nueva. En el sexenio anterior llegó hasta al pleno de la Cámara de Diputados, pero se ahí se detuvo en una reñida votación. “La diferencia es que hoy hay una variante: todos los sectores están conscientes de la debilidad de las finanzas públicas, y eso sí hace una gran diferencia”, dice Núñez.

Más créditos
El problema y sus soluciones no se limitan a las finanzas públicas. En plena recesión, por ejemplo, las empresas no cuentan con los recursos que les permitan seguir operando o invertir en activos que necesitarán cuando la economía mejore su desempeño. “Estamos en riesgo de que la economía y el país como un todo se vuelvan obsoletos”, dice Carlos Palencia, director del Consejo Nacional de la Industria Maquiladora.

Algunas instituciones no prestan dinero porque sus deudores no les han pagado. Otras no lo hacen por prudencia.

Jaime Serra Puche, presidente de SAI Consultores, propone que el gobierno impulse los programas de garantías. Éstos consisten en que el gobierno respalda una parte del crédito de las empresas, lo que disminuye el riesgo para el banco.

EL IMEF, por su parte, propone que los bancos ajusten los modelos de riesgo con el que autorizan hoy los créditos, y que en lugar de que sólo presten dinero si hay una garantía real, también presten recursos si el proyecto en que se usarán los recursos es viable y genera flujo de efectivo.

Comercio exterior
En el mes de abril, las exportaciones mexicanas cayeron 28% si se comparan con el mismo lapso del año anterior. “Nunca pensé que las exportaciones caerían tanto”, dice Fernando Ruiz, director técnico del Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior (COMCE).

Como ningún otro país del mundo, México tiene concentradas sus exportaciones en un solo mercado, el estadounidense, el epicentro de esta recesión. A este mercado dirige 81.3% de sus ventas externas, seguido por las captaciones de la Unión Europea, 5.3%; Canadá, 2.8%, y Colombia, 1.1%.

Lo que más exporta México es petróleo, y estos meses ha exportado menos barriles y a un precio más bajo. Pero hay otras razones que explican esta caída. En medio de la crisis, los estadounidenses no compran autos ni artículos electrónicos, como televisiones. Y estos productos son los que más exporta México a ese país.

A pesar de todo, Serra Puche cree que en el corto plazo existe una gran oportunidad para que los exportadores mexicanos ganen participación de mercado en EU. Entre las ventajas destaca la temporal de la depreciación del peso; el menor costo de transporte de los productos que importa EU desde México comparado con China; los aranceles que no pagan los productos mexicanos y un eventual encarecimiento de las exportaciones chinas como consecuencia del fortalecimiento de su moneda, el yuan.

No es el único optimista. Ruiz, del COMCE, cree que las cifras de las exportaciones mexicanas mejorarán en el segundo semestre. Si bien es cierto que habrá una caída, dice, estará más cerca de 10 que de 20%.

Luis de la Calle, socio de la consultora De la Calle, Madrazo, Mancera (CMM), cree que los exportadores mexicanos podrían tocar el fondo de la agobiante caída de sus envíos en junio, puesto que a partir de entonces se presentará una tendencia de tasas negativas cada vez menores, comparadas con los meses inmediatos anteriores.

Diversificación
El COMCE dice que ésta es una buena oportunidad para diversificar mercados. Tiene un plan permanente para buscar nuevas oportunidades. La influenza, sin embargo, les obligó a cancelar una misión comercial que habían programado para principios de mayo a China y Corea, en donde hay una gran oportunidad para vender alimentos procesados. La misión se pospuso para el segundo semestre del año, cuando visiten también otros países de Asia, Europa y América del Sur.

Diversificar mercados no es tan sencillo. La mayor parte del comercio exterior de México se rige por acuerdos de libre comercio. Y estos tratados incluyen reglas del origen de los insumos que se usan para los productos que se intercambian. Si una empresa produce sillas en el marco del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), al menos 75% de los insumos usados en ella deben provenir de México, Canadá o EU para que se exporte sin aranceles. Pero esa misma silla no podría exportarse a un país asiático porque la mayor parte de los insumos deberían provenir de México o del país socio.

“En la medida en la que la proveeduría sea mexicana, se cumple con las medidas”, dice Serra Puche. “Una estrategia de mediano plazo es hacer más versátil nuestras importaciones para poder diversificar cuando un mercado se recupere más rápido que otro y poder ir a ese mercado en lugar del otro, es aumentar el contenido de insumos mexicanos”.

Manuel Guzmán, economista en jefe de Ixe, estima que las exportaciones mexicanas no crecerán sino hasta el primer trimestre de 2010. La recuperación se daría tres meses después de la del sector manufacturero de EU y coincidiría con una mayor demanda externa de Europa.

Más consumo
La salud del mercado interno depende en buena medida de que los consumidores tengan empleo. Y desde noviembre hasta abril pasado, la cifra más reciente, el empleo no ha dejado de caer. Si se considera sólo el número de trabajadores asegurados en el Seguro Social, más de medio millón de trabajadores se quedaron sin empleo en estos seis meses.

Esto repercutió en el Índice de Confianza del Consumidor, que cumple un año de caer sostenidamente. En abril presentó un ligero repunte si se compara con el mes anterior, pero si se mide contra el mismo mes del año anterior, se observa una caída de 16.1%.

Una propuesta para reactivar el mercado interno surge de la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automotores (AMDA). Ellos sugieren sustituir los autos utilitarios que tengan más de 15 años de vida a cambio de un subsidio de hasta 37,500 pesos por unidad y la destrucción del vehículo usado.

Los gobiernos federal y estatal aportarían 25,000 pesos por unidad, a partes iguales; y los distribuidores y fabricantes descontarían otros 12,500 en conjunto. Además, Nafin ofrecería líneas de crédito a intermediarios para que den créditos para estas compras, así como garantías para que se animen a prestar y en mejores condiciones de tasas de interés.

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En el primer año de operación se podrían vender bajo este esquema unas 100,000 unidades, dice Guillermo Rosales, subdirector de Relaciones Gubernamentales.

Con información de Ulises Hernández, Roberto Morales y Ana Lilia Martínez.

 

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