Club conecta a inversionistas con Pymes

Angel Ventures se dispone a detonar en México el negocio de contactar empresas con inversores; el esquema contempla la participación de acciones en las empresas que obtengan capital.
eduardo_farah  (Foto: Ramón Sánchez B.)
Zacarías Ramírez

Desde hace siete años, se distribuye gratuitamente en restaurantes, tiendas y cafés en el poniente de la Ciudad de México. Poco a poco se ha hecho de miles de lectores entre los vecinos de Polanco, las Lomas de Chapultepec y Bosques de las Lomas.

En el último año, el periódico de zona Espejo de Polanco elevó significativamente su circulación, gracias a su cobertura informativa de los asuntos vecinales. Siguió puntualmente el sonado pleito entre Gabriela Cuevas, ex delegada de Miguel Hidalgo, y vecinos de la demarcación, que se oponían a la construcción de obras viales.

Ahora, el director de Espejo, Eduardo Farah, quiere replicar el modelo en cinco áreas de la ciudad, pero eso cuesta 2 millones de pesos.

Usualmente, la forma de financiar los negocios en gestación es invitando a familiares y amigos a invertir.

Angel Ventures México (AVM), un club de inversionistas ángeles impulsado por Hernán Fernández y Alberto Osio Hernández-Pons, dos egresados de maestría de la escuela de administración del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), cree poder cambiar esa tradición.

AVM fue el enlace entre Farah y un inversionista, quienes ya preparan el lanzamiento de otro diario zonal. Esta opción ofrecida es la más aceptable, dice Farah, pues aunque dicta reglas para el negocio, no condiciona el contenido.

Los clubes de ‘inversionistas ángeles’ no invierten directamente en proyectos, sino que fungen como un enlace entre inversionistas de cierto perfil con empresas pequeñas con potencial que requieren capitalización de entre 2 y 20 millones de pesos. Además, asesoran a las compañías para estructurar la inversión, y ayudan a los inversionistas a ejecutar la estrategia de salida cuando madura el proyecto.

“Hay un divorcio entre emprendedores e inversionistas. Por eso tratamos de colocarnos en medio”, señala Fernández, quien renunció a Booz & Co para crear Angel Ventures.

AVM se propone crear un club de 150 inversionistas –ya han convencido a unos 30–, aunque eso depende de que presenten proyectos atractivos: que rindan ganancias superiores a 35% y que a los cinco años sean sólidos y puedan venderse a un fondo de capital privado o a una empresa más grande o puedan emitir acciones en la Bolsa. La meta de AVM es que cada mes uno de sus proyectos levante capital por 500,000 dólares; a ese ritmo, en tres años habrán reunido unos 15 MDD.

Lanzado en febrero pasado, AVM surgió como una iniciativa de Fernández y Osio, quienes reunieron a un grupo de 25 jóvenes con posgrados en México y el extranjero en rubros como administración, economía, leyes y ciencia política. Algunos fundaron negocios propios, otros trabajan en firmas de consultoría o corporativos, y unos más están en la transición hacia su primer empleo.

Los clubes de inversionistas –al igual que los fondos de capital semilla y de riesgo– son una rareza en México. En Estados Unidos operan más de 2,000 firmas que canalizan inversiones cercanas a 282,800 MDD; en cambio, en México hay pocas firmas y apenas han levantado unos 400 MDD en los últimos cuatro años, por debajo de Brasil y Chile, dice Luis Antonio Márquez, director de la Asociación Mexicana de Capital Privado (Amexcap).

Angel Ventures nació con buenos contactos. Alberto Osio es nieto de Enrique Hernández-Pons, fundador de Herdez, y en el consejo asesor figuran Pedro Aspe Jr., hijo del ex secretario de Hacienda, y Adolfo Babatz, hermano del presidente de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), Guillermo Babatz. “La tirada es juntar en el club de inversionistas a los tíos ricos”, comenta Fernández.

Tiene además un grupo de miembros honorarios entre quienes destacan Jonathan Rottberg, colaborador cercano del magnate Carlos Slim en tecnologías móviles; Patricia Armendáriz, ex vicepresidenta de la CNBV y actual directora de la sofom Credipyme, y Miguel Ángel Dávila, fundador de Cinemex y hoy asesor de fondos de inversión, entre otros.

El esquema de negocio contempla la participación de acciones en las empresas que obtengan capital de los inversionistas del club: el equivalente a 2.5% del capital obtenido como pago por sus servicios, con la opción de vender esa participación al primer año. AVM da seguimiento a los proyectos y les cobra por prestarles asesoría legal, contable y de relaciones públicas.

Para tener éxito, Angel Ventures deberá sortear los obstáculos que inhiben el modelo de capital de riesgo en México, como la desconfianza de los emprendedores y la falta de proyectos sólidos. “Piensan que los inversionistas son como tiburones que quieren arrebatarles sus negocios, además no quieren asumir obligaciones con quienes invierten en sus proyectos”, dice Márquez.

Las inversiones ángeles en el país suelen terminar cuando un familiar rico da el proyecto a su abogado, contador u otros colaboradores para que lo revisen, señala Arturo Saval, socio director del fondo privado Nexxus Capital.

Hay inercias difíciles de vencer, como la falta de orden legal, contable y fiscal en los proyectos, que restan certeza al inversionista, añade Saval. “Trabajas mucho, analizas 10 proyectos y te quedas con sólo uno”, explica Federico Patiño, ex director de Banca de Inversión en Nafin. .

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Pero AVM está convencido de que en México hay mucho dinero ocioso y proyectos interesantes. Por ahora, ha puesto sus esperanzas en Tecnoidea Mastretta, firma de diseño automotriz que requiere 5 MDP para montar una fábrica de prototipos, una empresa de despachadoras de ensaladas y una cadena de gimnasios. Entre los confirmados para el próximo encuentro de AVM figuran Pedro Aspe, fundador de Protego; Rafael Posada, presidente de Grupo Proyecta, y Rolando Vega, director de Seguros Atlas.

Con un proyecto que levante capital, AVM se dará por complacido. Será un pequeño paso en el árido terreno del capital de riesgo, pero uno grande en su plan de negocios.

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