Crisis hunde a organismos filantrópicos

Las instituciones asistenciales luchan por sobrevivir frente a una caída del 30% de donativos; la Junta de Asistencia Privada del DF pide a profesionistas integrarse a patronatos para su rescate.
Fundación Clara M y M  (Foto: Lizeth Arauz)
Georgina Navarrete y René Valencia
CIUDAD DE MÉXICO Y GUADALAJARA -

Asegura que lo vio venir. Desde el quiebre financiero global de octubre pasado, la directora de la Fundación Clara Moreno y Miramón, Marta Yarza, supo que 2009 sería un año complicado para esta institución que es hogar y escuela para 78 niñas y adolescentes en el DF.

Afuera de su oficina, tapizada con dibujos, diplomas y agradecimientos de sus niñas, un par de memorándums avisan a los empleados las fechas para el pago de los sueldos, atrasados ya un par de meses. “Algunos donativos (privados) ya autorizados se han retrasado hasta cuatro meses; 10% de nuestros benefactores de la sociedad civil están desempleados y dejarán de aportar por un tiempo. Esto nos pega en el flujo de efectivo”, dice la directora de esta institución. Son las 12:00, tal vez la hora más apacible en ese lugar, cuando las niñas, de impecable uniforme y coquetos peinados, están en clase. La fundación, creada en 1917, tiene a su cargo a niñas que nacieron en hogares muy pobres, en ambientes de violencia o adicciones. Marta Yarza está ejerciendo un control muy acucioso del presupuesto. Le han llamado colegas de otras instituciones, menos sólidas que la suya, que le piden reciba a más niñas, pues podrían cerrar sus orfanatorios y albergues.

A casi 600 kilómetros de ahí, en Guadalajara, Hogares de la Caridad ya tuvo que echar mano de los ahorros y por estos días organiza una rifa para compensar los pesos que ya no reciben en su cuenta. Perdieron a 10 de los 65 donantes estables que financiaban la manutención y el cuidado de 24 niños y jóvenes, huérfanos o abandonados, con parálisis cerebral. Para mayo, no llegaron 30,000 de los 100,000 pesos mensuales que requieren para dar alimento y terapia y alojarlos en una casa de la colonia Providencia. “De ese déficit que ahora tenemos, 20,000 provenían de una sola empresa”, comenta Alejandro Orozco, representante de la organización creada en 1991 por la congregación Sociedad Siervos de Jesús. “No podemos dejar de darles de comer y dar medicinas a los niños”, dice Orozco.

Abril fue un mes como todos, pero en mayo, Operation Smile de México vio caer 35% los donativos que financian las cirugías gratuitas a niños con labio leporino y paladar hendido. “Al llamar a algunos de nuestros donadores nos dijeron que este año no nos iban a poder dar ayuda”, cuenta Laura Trigo, directora general de la organización que tiene su cuartel en Guadalajara. Las empresas aportan 80% de sus ingresos.

Las personas y las empresas están siendo más cuidadosas con pesos y centavos. Y parece ser que los donativos son uno de los rubros castigados en esta crisis. Las donaciones ya cayeron 30%, estima David Pérez Rulfo, director de Corporativa de Fundaciones, una asociación civil tapatía dedicada a fortalecer instituciones filantrópicas en el occidente del país. Y la caída se está dando lo mismo en donativos empresariales que individuales.

El impacto podría ser fatal para algunas organizaciones, observan los representantes de Juntas de Asistencia Privada (JAP) del Distrito Federal, Estado de México y Jalisco. “La angustia por la falta de fondos existe y seguramente muchas tendrán que cerrar este año”, dice Gerardo Gómez Lastiri, director de Donativos de la Junta del Estado de México, que hoy agrupa a unas 200 instituciones y tiene a 80 empresas donantes. Pero eso “se solventa con una mayor profesionalización”, afirma Gómez Lastiri.

Algunos han tomado previsiones. La Junta del DF, por ejemplo, creó un Fondo de Emergencia para apoyar a las afiliadas que lo soliciten a fin de evitar despidos de personal, cubrir obligaciones fiscales, evitar desalojos o solventar los gastos de operación en caso de que esté en riesgo su viabilidad.

De apoyos públicos, ni hablar. Los presupuestos se aprobaron antes de la crisis y es difícil que aumenten. Además, “el gobierno no ha anunciado ningún programa contracíclico para apoyar a las organizaciones de la sociedad civil”, dice Rogerio Casas Alatriste, presidente de la Junta del DF.

Los retos
Según el Centro Mexicano para la Filantropía (Cemefi), en México hay unas 20,000 instituciones de la sociedad civil. Cerca de 14,000 trabajan por su cuenta; el resto lo hace bajo el paraguas, las reglas y la fiscalización de las Juntas de Asistencia Privada de los estados. Los directivos de las juntas consideran que sobrevivirán esta crisis aquellas organizaciones que estén más profesionalizadas. “Ya no basta con mandar la cartita con una manita dibujada. Deben capacitarse para planear estratégicamente, proyectar y reportar mejor su trabajo”, dice Gómez Lastiri, de la JAP del Estado de México. “La crisis es una buena oportunidad para implementar estrategias de operación sanas y conservarlas para tiempos mejores”, coincide Ana María Morán-Loubriel, directora de Fondo Unido México, una fundación visagra entre empresas que donan e instituciones que atienden grupos vulnerables.

Según los observadores, la profesionalización podría ser el salvavidas para muchas organizaciones. Un gran número de ellas vive al día, depende de una base pequeña de donantes, del carisma y la longevidad de su fundador y no tiene estrategias que le permitan proyectarse a futuro. La primera lección que estos tiempos les arrojaron a la cara es la necesidad de ampliar la base de donantes. “Depender de donaciones que representan más de 30% de tu presupuesto anual, puede ser fatal”, opina David Pérez Rulfo, de Guadalajara. Éste fue el caso de El Puente de los Niños, un albergue en esa ciudad que se mantenía bajo el patrocinio de un empresario. El mecenas retiró su apoyo y provocó el cierre reciente de esta casa que atendía a 60 niños en espera de que la procuraduría estatal resolviera la situación legal, civil o penal de sus padres.

“La crisis sacude el árbol y sólo deja a las instituciones que tengan su gestión fortalecida”, explica Pérez Rulfo, para quien el problema son las secuelas de la recesión: “Todos los desempleados son o serán ‘clientes’ de estas organizaciones, que sirven al gobierno sin que éste los apoye”. 

Muchas organizaciones ya emprendieron este camino a profesionalizar su gestión. Las firmas donantes también son más cuidadosas al elegir proyectos, y más exigentes con los resultados. Sobre todo las fundaciones grandes o aquellas ligadas a multinacionales, dice Michael Layton, responsable del Proyecto sobre Filantropía y Sociedad Civil del Instituto Tecnológico Autónomo de México.

Las agrupaciones tienen que operar “con la mística de la mejor de las organizaciones y la profesionalización de la mejor empresa”, dice Casas Alatriste, de la Junta del DF.

Algunas organizaciones ya lo hacen mejor frente a la caída de recursos. En su tercer año de actividades, el programa Deport-es para Compartir tiene asegurada la operación al menos por 12 meses, “el más grande desde que arrancamos”, gracias a una alianza pactada con la Secretaría de Desarrollo Social para llevar su propuesta educativa a diversos albergues que atienden a indígenas, desde Chiapas hasta Nayarit. ¿Bonanza? Para nada. La crisis dejó en el cajón 50% de los proyectos que el equipo tenía para este año. Incluso hace un par de meses, el retraso de los apoyos que algunas empresas habían aprobado comprometió la supervivencia del programa, cuenta Dina Buchbinder, coordinadora del programa. 

Marta Yarza, de la Fundación Clara Moreno, trabaja en dos niveles: ‘estira el gasto’ cotidiano y depura sus prácticas de administración: lleva un control presupuestal minucioso, está priorizando la aplicación de fondos y busca, sistemáticamente, nuevas oportunidades para obtener recursos.

La crisis sigue y es pronto para evaluar el impacto que habrá tenido en el sector. Los más optimistas parecen apostarle a un dicho cruel: lo que no mata, fortalece.


 MANOS A LA OBRA


¿Quiere ayudar? La Junta de Asistencia Privada del DF está reclutando a profesionistas, que trabajen o hayan trabajado en consejos de administración o en áreas estratégicas de grandes empresas, y que estén dispuestos a aportar conocimiento, contactos, relaciones y trabajo e integrarse al patronato de una institución de asistencia.

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El programa Semillero de Patronos arrancó en octubre pasado y ya tiene una lista de unos 150 profesionistas (activos o retirados) en espera de encontrar la institución que los motive a ayudar. Con base en un cuestionario que incluye sus aficiones filantrópicas, sus preferencias geográficas y su experiencia laboral, la Junta los contacta con alguna de sus afiliadas para comenzar ‘el romance’ que durará unos seis meses antes de sellar un compromiso formal. “Los presentamos, los acompañamos en su proceso de conocimiento mutuo y capacitamos a los futuros patronos, porque no es un voluntariado simple, es un compromiso serio y profundo con la causa de la institución elegida”, explica Rogerio Casas Alatriste, presidente de la Junta.

El trabajo apenas comienza. De las 405 instituciones afiliadas a la Junta, al menos 300 requieren sangre nueva en su patronato. De ellas, 35 ya están en romance con un candidato y 24 cuentan ya con un nuevo patrono en activo. Hasta hoy, el semillero tiene 119 futuros patronos en capacitación. Entre los candidatos a patronos hay personas que trabajan en empresas como Santinelli y Asociados, Pérez Holguín y Asociados, Ernst & Young, Experiencia Educación y Empresas, Universidad Anáhuac y Grupo Carso.

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