Microcréditos alimentan ‘sueño mexicano’

Las microfinancieras mexicanas apuestan al nicho de los migrantes que regresan de EU por la crisis; en los últimos 2 años el sector creció 30% en América Latina y México lleva la batuta en la región.
Cimientos  (Foto: Alfredo Pelcastre/Monda Photo)
Alejandro Cuauhtémoc Mejía y Ulises Hernández

Hace 15 años, en plena crisis económica de mediados de los 90, Martha Villaseñor y Jesús Sotelo emigraron a Phoenix, Arizona. Ahí nacieron sus tres hijos: Jimmy, Anthony y Jessica, y la pareja encontró un modo de vida. Doña Martha cuidaba personas de la tercera edad, y Jesús vendía frutas y verduras en un mercado. Entre ambos ganaban 600 dólares quincenales –unos 7,950 pesos al tipo de cambio de hoy.

Hace tres años, la pareja decidió regresar a Tilzapotla, Morelos, y conocieron a Las Almendritas, un grupo de emprendedoras que habían obtenido pequeños créditos con la microfinanciera FINCA. Doña Martha se unió al grupo y pidió un crédito de 2,500 pesos para iniciar un negocio de venta de yeso.

Su decisión fue atinada. Doña Martha libró la recesión estadounidense y emprendió un próspero negocio. Ahora vende cada mes de 20 a 30 toneladas de yeso a 900 pesos cada una, con lo que obtiene entre 18,000 y 28,000 pesos mensuales. Las cosas pintan bien, por lo que convenció a su hijo Jimmy para que regresara a México en febrero pasado y se integrara a la microempresa familiar. “A mi hijo no le gustaba Phoenix, se la pasaba encerrado en una fábrica de módulos de oficina, aquí está más libre”, dice Doña Martha. “Mi hija y su esposo piensan venirse a trabajar acá porque saben que aquí la empresa sí es para ellos”.

Autoridades y microfinancieras prevén que, como Doña Martha y su hijo, muchos mexicanos regresarán de Estados Unidos en los próximos meses como resultado de la recesión y buscarán autoemplearse o iniciar un pequeño negocio, lo que favorecerá a la industria de las microfinanzas.

“Será un área de oportunidad (el regreso de migrantes), porque vendrán mexicanos emprendedores con la capacidad de depositar sus recursos en las instituciones de ahorro y crédito. Son clientes potenciales de las microfinancieras, así que habrá un crecimiento de las instituciones y sus carteras”, dice María del Carmen Díaz, directora del Programa Nacional de Financiamiento al Microempresario (Pronafim), organismo que apoya y fondea a varias de estas instituciones.

El sector de microfinanzas se perfila como una de las industrias que, a pesar de las difíciles condiciones económicas, seguirán creciendo durante 2009. En los últimos dos años, las microfinancieras registraron tasas de crecimiento superiores a 30% en América Latina, y México es uno de los países que lleva la batuta en la región. Pronafim estima que el sector crecerá a un ritmo menor que el año pasado, aunque a un nivel bastante saludable de 20%.

A diferencia de otros sectores, las microfinanzas no se ven afectadas severamente por las crisis económicas; por el contrario, pueden verse favorecidas por las mismas, dicen expertos. La mayoría de sus clientes son autoempleados y se desenvuelven en la economía informal; por lo mismo, no los afecta directamente la recesión o el desempleo. Además, en tiempos de crisis suelen captar más clientes, como los desempleados que buscan liquidez o crear su propio negocio.

Inmunes a las crisis

“Las microfinancieras siempre han salido bien libradas de las crisis y muchas veces las crisis pueden ser oportunidades porque la clase media empieza a pedir más préstamos”, indica Martin Holtmann, experto en microfinanzas de la Corporación Financiera Internacional (en inglés, IFC), el brazo de inversión del Banco Mundial para el sector privado.

México es uno de los países con mayor actividad de microfinanzas en América Latina. Tan sólo en 2007, las principales microfinancieras mexicanas otorgaron 1.4 millones de préstamos para microempresas y manejaron una cartera de crédito de 4,524 millones de dólares, aproximadamente la mitad (46%) de la cartera que manejaron sus contrapartes en Sudamérica, según un reporte de The Mix, organización que recopila información internacional sobre el sector.

Las microfinanzas en México han registrado un auge, sobre todo desde que Compartamos Banco y Financiera Independencia colocaron acciones en la Bolsa en 2007. Incluso han atraído a jugadores extranjeros: Brysam Global Partners, subsidiaria de capital privado de JP Morgan, invirtió en la sofom Apoyo Económico Familiar, y Grupo ACP, de Perú, adquirió el control de Forjadores de Negocios.

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Las microfinancieras mexicanas son de las más grandes y activas de la región, tan sólo Compartamos Banco tiene 1.2 millones de clientes. Destacan también entre las mejor manejadas y las más rentables, según The Mix. Pero también figuran entre las que cobran mayores tasas de interés.

En México, el sector surgió hace 24 años, con organizaciones civiles como FINCA y Compartamos, que imitaron el modelo de banca comunal del Grameen Bank de Bangladesh, fundado por Muhammad Yunus, premio Nobel de la Paz 2006. Bajo este modelo, se dan microcréditos de manera colectiva a un grupo de emprendedores, principalmente mujeres, quienes vigilan que todos cumplan con su pago.

El modelo de microcrédito tuvo gran demanda, lo que propició que surgieran nuevos jugadores, como Financiera Independencia, y que algunas organizaciones civiles se convirtieran en sociedades financieras e, incluso, en bancos como Compartamos.

En la actualidad existen 96 microfinancieras afiliadas al Pronafim, entre ONG, bancos, sociedades financieras de objeto limitado (sofoles), de objeto múltiple (sofomes) y populares (sofipos). Sin embargo, se estima que hay más de 150 que no están reguladas ni afiliadas a Pronafim, que cubren menos de 10% del mercado, según la asociación Prodesarrollo. La oferta es amplia y abarca desde microcréditos para empresas hasta microcréditos para consumo.

El microfinanciamiento es atractivo para invertir porque ofrece un retorno promedio de 10%; además, la cartera vencida suele ser baja –de 2%, en promedio–. El potencial del mercado mexicano es muy amplio, debido al bajo nivel de penetración de servicios bancarios, y, además, cuenta con el apoyo de la banca de desarrollo.

El promedio de los préstamos es de 6,200 pesos por persona, los pagos son semanales y los créditos se renuevan periódicamente, cada cuatro o seis meses, según la microfinanciera. Pero los sistemas de cobranza y seguimiento del crédito –basados en visitas domiciliarias– se reflejan en altas tasas de interés, desde 42% anual, en casos como el de FINCA y Compartamos, hasta en tasas superiores a 80% anual, como en el caso de Banco Azteca. El alto costo refleja el riesgo de informalidad, el nulo historial crediticio y la dispersión geográfica de la clientela, así como el uso de recursos judiciales. Las microfinancieras asumen el riesgo y lo disminuyen con los créditos comunales. Mantener cada crédito individual cuesta, en promedio, 152 dólares al año, según estima The Mix.

Los enemigos del microfinanciamiento

No todo es color de rosa en el sector. El financiamiento de la banca privada nacional e internacional, que aporta casi la mitad (46%) del fondeo de las microfinancieras, se ha frenado en buena parte por la contracción crediticia internacional.

No obstante, las propias microfinancieras y observadores de la industria indican que las instituciones consolidadas no tendrán problemas para encontrar recursos y crecer, aun en este periodo de sequía financiera.

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“El fondeo no va a desaparecer, va a reducirse, pero este menor flujo tendrá como destino sólo a aquellas microfinancieras que estén sólidas y sean solventes; es decir, a aquellas que hicieron bien su tarea en el pasado para lograr una buena situación y posicionamiento”, dice Gonzalo Puente, hasta hace unas semanas director ejecutivo de FINCA México.

Las nuevas microfinancieras, que aún no son sostenibles, resentirán más la falta de fondeo, añade Puente.

Para paliar esta situación, Pronafim apoyará con un fondeo de 2,400 millones de pesos que beneficiaría a 700,000 microempresarios.

Aunque loable, el apoyo de Pronafim no es suficiente para atender la demanda del sector. Por el momento, el Senado propuso una iniciativa para que las microfinancieras obtengan más recursos mediante la banca de desarrollo y que no paguen el IVA. El gobierno y los legisladores reconocen que los microcréditos productivos han sido útiles para aliviar la pobreza y sortear la crisis económica.

Y es que casos como el de Doña Martha son cada vez más frecuentes.

Felipa Moreno, de Lerdo, Durango, vio a sus dos hijos partir a California en busca de empleo y a sus cuatro hijas irse a Monterrey para trabajar como empleadas domésticas. Pero gracias a los microcréditos que le otorgó Compartamos Banco, pudo impulsar su pequeño negocio de gorditas de maíz, pan ranchero y empanadas.

Doña Lipa, como le llama su familia, pudo equipar su cocina, construir una palapa para comensales, comprar dos molinos de harina, construir dos hornos y hasta adquirir vehículos para reparto a domicilio. En tres años, su crédito pasó de 2,000 a 25,000 pesos, con renovaciones cada cuatro meses. Su negocio creció tanto que sus hijas dejaron el servicio doméstico y se integraron al negocio familiar.

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Doña Lipa habló entonces con sus hijos y les pidió que regresaran a México: “De que anden allá batallando de trabajo en trabajo, con las rentas tan caras y que ni les alcance para mandar dinero acá, mejor que estén aquí con la familia. Aquí hay más fuente de trabajo”. Ahora ganan cuando menos 5,000 pesos semanales y con eso se mantiene la familia.

“El sector financiero excluyó por mucho tiempo a los clientes de bajos ingresos, afirmando que no eran una oportunidad de negocios. Hemos demostrado lo opuesto”, dice Carlos Danel, director adjunto de Compartamos Banco.

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