Cristiano Ronaldo, el precio de la fama

Luis Miguel González analiza la economía del talento del portugués que fue comprado por 130 mdd; opina que la cantidad que le pagan responde a reglas del mercado deportivo... y a algunos absurdos.
Cristiano Ronaldo  (Foto: Especial)
Luis Miguel González
CIUDAD DE MÉXICO -

CR7=130 MDD. Esta ecuación no es obra de Einstein, pero nos dice algo acerca de la forma en que funciona el mundo. Cristiano Ronaldo jugará en el Real Madrid gracias a una transacción que vale 130 millones de dólares (MDD). Hay algo absurdo en esto. Un deportista que nunca ha ganado un campeonato mundial ha sido tasado en 57 veces su peso en oro. La carta de un delantero que metió 91 goles en tres temporadas tiene un precio que supera el presupuesto anual de Puerto Vallarta.

Estamos ante una ecuación llena de absurdos pero no carece de lógica. La mercadotecnia deportiva la explica, lo mismo que los hallazgos de esa especie de disciplina del pensamiento: la economía del talento. Los talentosos valen millones porque producen decenas de millones de dólares. “Prefiero pagar 90 millones de euros por Cristiano Ronaldo que 20 o 30 millones por un jugador de menor importancia”, dijo Florentino Pérez, presidente del Real Madrid.

El club merengue recuperará su inversión en cuatro años, según su dirigente. Eso quiere decir una rentabilidad de 25%, en promedio. La venta de camisetas, la renegociación de contratos de televisión, la revaloración del caché del Real Madrid por jugar partidos amistosos son algunos mecanismos que asegurarán el retorno. Hay también una apuesta por internet: si usted pone las palabras Cristiano Ronaldo en Google se encontrará con que hay 6.6 millones de opciones para ‘cliquear’.

Cristiano Ronaldo es excepcional porque combina su habilidad en el campo de juego con el carisma de una estrella de Hollywood. Es una especie de Beckham reloaded. Sabe mostrar sus pectorales y sacar rentabilidad a una noche de juerga con la inefable Paris Hilton. Tiene una marca de ropa: CR7. En su sitio de internet se venden desde tazas y delantales hasta tangas y portaplacas.

Cristiano Ronaldo vale 10 veces más en el mercado que Andrés Guardado, el mexicano mejor cotizado. Tres veces más que Frank Reverie, el superestrella galo. No es que sea 10 veces mejor que Guardado o tres veces mejor que Reverie. Su valoración tiene que ver con las reglas que imperan en la economía del talento. Podemos decir que es un fenómeno de Extremistán, aludiendo a Nicholas Taleb, el autor de El cisne negro. En Extremistán, los ganadores se llevan todo. El resto se reparte las migajas. JK Rowling es la escritora mejor pagada del mundo y recibe decenas de millones de dólares al año.

En Extremistán, el talento se recompensa de forma mucho más que proporcional. ¿Ustedes creen que Jim Carrey es 40 veces más chistoso que Diego Luna? No se molesten en sacar una calculadora. Una pequeña diferencia en talentos se traduce en una enorme distancia en reconocimiento y remuneración.

No hay justicia, sino una mezcla de suerte y circunstancias. El biólogo Stephen Jay Gould habla de la supervivencia de los más afortunados, en oposición al survival of the fittest darwiniano. El talento no es tan escaso, lo que pasa es que escasean las condiciones para que florezca, afirma el talentoso Malcolm Gladwell en su obra Fueras de serie.

La historia de la compra de Cristiano Ronaldo por el Real Madrid no estaría completa sin la perspectiva del vendedor. Si es tan maravilloso, ¿por qué el Manchester United se deshace de él? Más allá del incentivo de recibir un pago de otra galaxia, optó por librarse de los problemas que traía este superestrella para construir un equipo. “Ferguson se deshizo de un virus”, tituló The Guardian. El ego de CR7 era una carga para el trabajo colectivo.

Comprar o vender, ése es el dilema. Para resolverlo está la guía del profesor Stefan Szymanski, de la Escuela de Negocios Cass de Londres. Él analizó la política de gastos de 40 clubes ingleses desde 1978 hasta 1997 y encontró que el gran gasto en contrataciones sólo contribuyó a mejorar su posición en la tabla de posiciones en 16% de las ocasiones.

En su libro Why England Lose, reseñado por el Financial Times, asegura que la máxima rentabilidad correspondió a los equipos que gastaron en remunerar el talento de casa: 92% de las veces mejoraron su posición en la tabla.

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Ganga o fraude. Es el dilema. El tiempo dirá si Florentino Pérez anotó un golazo o envió el esférico a las tribunas.

El autor es director editorial del diario El Economista.
Comentarios: opinion@expansion.com.mx

 

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