México: entre la espada y la pared

Alberto Saracho urge a invertir en innovación antes que una epidemia o la crisis revele su ausencia; el presidente de la Fundación IDEA dice que las Pymes innovadoras pueden crear hasta 33% más...
Opinion  (Foto: Cortesía SXC)
Alberto Saracho Martínez

Los sucesos recientes me hacen concluir que a veces los mexicanos sólo entendemos cuando estamos entre la espada y la pared. No fue sino hasta el terremoto de 1985 que entendimos la importancia de construir con tecnología antisísmica. La crisis de 1994 nos hizo comprender que el manejo de la política monetaria debe ser transparente y de cara a la sociedad y a la comunidad internacional.

Ahora, la posibilidad de que el nuevo virus de la influenza humana se convierta en una epidemia de proporciones desconocidas en México y el mundo, hace que muchos se pregunten por qué México no cuenta con la capacidad y la tecnología para detectar el virus rápidamente y desarrollar su vacuna. La respuesta a esta pregunta ha venido gestándose durante un periodo largo.

Lamentablemente, México olvidó la importancia que tiene la inversión en investigación, desarrollo e innovación, y su protección a través de la propiedad intelectual, para el bienestar y la competitividad del país.

Los números no mienten. Si uno compara la inversión en Investigación y Desarrollo (I+D) como porcentaje del PIB, se encontrará que México invierte aproximadamente 0.5% del PIB, la mitad de lo que invierte Brasil. Esto explica en parte por qué esa nación es líder en tecnología aeronáutica y petrolera.

Lo mismo ocurre con Chile, que invierte 40% más que México en I+D y ahora cuenta con industrias innovadoras y de alto valor agregado, como las del salmón, el vino y las frutas. La situación es más dramática cuando nos comparamos con Corea, que invierte siete veces más de lo que invertimos nosotros, y China, que en 10 años aumentó su inversión casi 300%.

La innovación tiene retornos positivos para cualquier sociedad. Además de tener como fruto productos y servicios únicos con alto valor agregado, contribuye a la creación de conocimiento, generación de empleos y la sustentabilidad de las empresas. Datos de Fundación IDEA indican que las pequeñas y medianas empresas innovadoras pueden crear hasta 33% más empleos que las tradicionales. Adicionalmente, tienen el doble de probabilidades de crecer.

A pesar de sus beneficios, la innovación implica riesgos importantes. Por un lado, el empresario o inventor se enfrenta a la posibilidad de fracasar. Lo que no sólo pondría fin a la innovación, sino que, en algunos casos, puede poner en riesgo la viabilidad de cualquier empresa.

Y el éxito también tiene su riesgo. Cuando una innovación es exitosa técnicamente y es aceptada por el mercado, es imitada o copiada sin la autorización de su creador. Esto explica que, a pesar de que la inversión en la innovación trae retornos más elevados en México que en otros países de la OCDE, en nuestro país se innova poco, ya que se carece de una política integral que comparta el riesgo que enfrentan los innovadores.

Lederman y Maloney, expertos del Banco Mundial, consideran que la innovación en México no se da a niveles socialmente óptimos porque, entre otras cosas, el sistema necesita adecuaciones, como acercar la propiedad intelectual a las empresas, fortalecer su aplicación y fomentar las patentes por parte de la comunidad científica.

Hace unos años, los paradigmas del éxito eran la calidad total, la reestructuración y la apertura comercial. Sin embargo, los recientes cambios tecnológicos y comerciales han ocasionado que sólo aquellas empresas y países que ofrezcan productos únicos, y de alto valor agregado, sean competitivos.

La cercanía con Estados Unidos y la mano de obra barata ya no son suficientes para que México sea competitivo. Para poder competir, el país necesita utilizar su mayor activo: las ideas y creaciones de los mexicanos. Lo que nos obliga a invertir en innovación y respetar sus frutos.

Para ello, los mexicanos no debemos esperar a la próxima crisis económica o de salud para emprender políticas de innovación. Éstas se deben exigir ahora. También, debemos respetar y fortalecer el sistema de propiedad intelectual. De lo contrario, que no nos sorprenda la siguiente ocasión en la que estemos entre la espada y la pared.

El autor es presidente de la Fundación IDEA.
Comentarios: opinion@expansion.com.mx
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