Toman clases de alta dirección a los 70

Dos viejos lobos de mar volvieron a la escuela dentro del programa AD2 del IPADE Business School; José Antonio Pérez y Víctor Manuel Requejo cuentan lo que aprendieron a pesar de su experiencia.
vuelta a clase  (Foto: Ramón Sánchez Belmont)

En las universidades públicas del país no es raro encontrar a estudiantes de más de 65 años. Esto no es algo regular en escuelas de negocios. En 2008, el fundador de la más grande hipotecaria de México y el presidente de una compañía que vende 20,000 mdp, ambos mayores de 70 años, estudiaron el programa para altos directivos de empresa del IPADE Business School, el AD2.

Víctor Manuel Requejo fundó y dirigió Hipotecaria Nacional, que en 2005 pasó a manos de BBVA-Bancomer por 375 MDD. A sus 71 años dirige una consultora inmobiliaria, y creó el Fondo Nacional de Capital Inmobiliario, con Mariano Muñiz, un financiero a quien conoció en el salón de clases. José Antonio Pérez preside Grupo Fármacos Especializados, una empresa que se adelantó a la ‘transición epidemiológica’ del país y que ahora está en la cresta de la ola en la venta de fármacos para el cáncer y otros males crónicos.

“Es muy interesante tener esos compañeros”, dice el director general adjunto de Bardahl, Arturo Domínguez. “Lo valioso era ver cómo se complementaban con ideas nuevas o ver cuando alguien los contradecía, ya que al ser exitosos, no están acostumbrados a que alguien les lleve la contra”. Otros ex compañeros cuentan lo que estudiar con Pérez y Requejo les aportó.

El preguntador

Víctor Manuel Requejo está repitiendo año. Ya estudió el AD2 a los 34 años, y volvió a los 71 para sacarse la espinita de no haber hecho un buen curso por culpa de un jefe que le dio poca oportunidad de ir a clases. “Además tenía que conocer lo nuevo, las nuevas tesis para la administración de compañías, y aprender de los compañeros”, dice en su oficina en el DF. “Luego el éxito distorsiona a la gente. Se piensa que el mundo es orégano, y que todo lo que hace, lo hace bien. En el IPADE Business School, nadie tiene la razón”.

¿QUÉ APRENDIÓ?
–“Aprendí que para tener éxito es bueno saber algo, pero no siempre ir a la universidad. Aquí conocí a un exitosísimo muchacho que hizo secundaria. La inteligencia la reparte diosito en la noche, con los ojos tapados”.

–“A veces el director de una empresa no aprecia una innnovación en el mercado y eso implica su ruina. Los suizos no compraron la tecnología para que los relojes fueran electrónicos, y así los japoneses los desplazaron del reloj medio y barato. La miopía del administrador hace que la empresa se esfume.

–“Aprende uno que tenemos grandes capacidades si se fortalece el trabajo en equipo. Hay empresas donde para un proyecto, el grupo elige al jefe y el director del departamento pasa a las órdenes de un subordinado. Ésa es una magnífica escuela de jefes.

–“Hay que estar leyendo siempre revistas especializadas, dos periódicos mexicanos, uno de Europa y uno de Estados Unidos. Ahí fue donde escuché que debíamos hacerlo.

–“Lo que más recuerdo es cómo uno expone una idea, otro la completa, otro la contradice, y al final el maestro nos dice que no hay una sola solución. Ésa es la riqueza que se lleva uno. Por eso a esta escuela van los jefes: para que no se casen con sus ideas. Y ¿para eso paga uno 250,000 pesos? Pues sí, para eso, para que me lo machaquen”.

El coleccionista

José Antonio Pérez llegó a las aulas por insistencia de su esposa, Ambra Fayad, quien estudió el curso un año antes. “Tú tienes que entrar también. Vas a confirmar qué es lo que estás haciendo mal”, le escuchó decir. Pérez trabajaba en la farmacéutica Bristol en 1978 cuando ella abrió la primera sucursal de Farmacias Especializadas en un local de la colonia Roma, en el DF. La cara visible hoy son 80 farmacias, pero el fuerte de este negocio familiar, con 6,000 empleados, es la distribución a hospitales privados y del sector salud.

¿QUÉ APRENDIÓ?
–“Tengo un fólder de pensamientos. De máximas de los maestros que las acomodo para mí mismo, para mis conferencias. Por ejemplo, un pensamiento de alguien a quien admiro. En el IPADE Business School apunté todo lo que me parece bueno conservar”, comenta, y saca de un portafolio una carpeta de pastas amarillas donde guarda casos del IPADE y sus anotaciones de frases célebres. Son su nuevo tomo de consulta, además del Diccionario de la Sabiduría, editado en 1936, de Tomás Borrás y Federico Carlos Sainz.

–“Aprendí a ser más analítico, más reflexivo. A buscar más antecedentes para tomar una decisión. Y también aprendí lo importante del factor motivación en la gente”.

–“Aprendí mucho de la pasión con la que comunican los maestros. La pasión invita al cambio, a la reflexión”.

–“Me obligó a estudiar para participar en las mesas de discusión. Está mal visto si uno opina sin estudiar. Te ven como alguien con pocos valores”.

–“Me di cuenta de que esta compañía tiene un volumen que puede ser digno de una trasnacional, pero nace sin una estructura empresarial, sino por voluntad, perseverancia y por estar rodeado de gente valiosa”.

–“En el tema de la institucionalización, el IPADE Business School me hizo pensar con más profundidad en el legado”. Fernando Barrera: 58 años, fundador y director de PDI Consultores Asociados, DF.
"José Antonio Pérez, si no entendía algo, se acercaba a quien se lo pudiera explicar, y eso que maneja un negocio, ¡caray!, grandísimo. Tomó la clase adicional de Finanzas, cuando tiene contadores y financieros. De Requejo, lo más importante fueron el orgullo y la humildad. Pulula sapiencia. Él me enseñó a argumentar, en un ejercicio donde él era el sindicato y yo, la empresa. Ya me funcionó en la vida real".

Rafael Curiel: 55 años, director general de Mantequera Los Portales, Estado de México.
"De Víctor Requejo lo que más recuerdo es su participación en los consejos de administración. Para mí fue interesante porque en mi empresa no tengo un consejo. Es como llegar y encontrar a un asesor externo, porque sí quiero tener un consejo de administración. De José Antonio Pérez, muchas de sus expresiones eran sobre cómo le hizo para crecer. Suponiendo que yo no quisiera tener un límite, escucharlo me sirvió".

Marcos Tuachi: 46 años, fundador y director de taquería El Califa, DF.
"Yo aproveché gran parte del periodo para sentarme junto a Víctor Manuel Requejo, y traté de aprovechar su experiencia. Yo nada más estaba esperando sus comentarios para aprender, eran los más enriquecedores. Me dio la impresión de que siempre leyó todos los casos, me imagino, porque siempre comentó los puntos clave. Eso nos da a entender que estuvo estudiando toda la semana".

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Rocío Spinola: 49 años, directora general de Grupo Ambrosía, DF.
"Me pareció que José Antonio Pérez quería pasarnos idea de sus errores para que no los cometamos. Y lo hacía con sabiduría y carisma. Aprendí de él reflexiones sobre la institucionalización. Mucho decía él, que le costaba trabajo institucionalizarse, que era mucho más fácil cambiarse de negocio, que hacer cambios dentro del negocio. Es simpático, y tenía la costumbre de llevarse un tequilita escondido al salón".

 

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