Ronda quiebra a productores de genéricos

El tipo de cambio alteró desde 2008 los planes de estas empresas, que esperaban tiempos de bonanza; la asociación civil Instituto de Investigación e Innovación Farmacéutica desestima que haya riesgos.
alfonso alvarez  (Foto: Especial)
Alma López

En junio del año pasado, cuando transcurrían los primeros meses de la crisis económica, los productores de medicamentos genéricos se frotaban las manos. En el sector público sus dos mayores clientes, el Seguro Social (IMSS) y el ISSSTE, estimaban que debían aumentar hasta 40% el volumen de compra de esta clase de medicinas para atender a cientos de miles de personas que volvían a demandar sus servicios, debido a la crisis.

Ante la necesidad de ahorrar, los derechohabientes comenzaban a hacer efectiva la prestación a la que por ley tienen derecho y provocaban que la consulta externa de ambas instituciones aumentara 20%. Por si fuera poco, en el sector privado también crecía la demanda. Tanto en los consultorios médicos como en las farmacias, los pacientes pedían con mayor frecuencia que les prescribieran o les sustituyeran los medicamentos de patente por genéricos.

Los productores de genéricos estimaban que al cierre de 2008 lograrían un crecimiento en volumen y valor de ventas de 35 y 22%, respectivamente. La recesión económica estaba siendo su gran aliada. Además, con la renovación de los registros sanitarios en marcha, crecerían sus ventajas competitivas, pues al concluir este proceso ordenado por el gobierno quedarían demostradas la eficacia y la seguridad de las medicinas genéricas. Incluso, habría una depuración en el número de competidores en cada categoría terapéutica.

Pero los negocios dan muchas vueltas. Poco antes de que terminara el año, la incipiente bonanza de la industria farmacéutica de genéricos se fue a pique. En octubre, el IMSS concluyó las licitaciones de compra de medicamentos tanto genéricos como de patente para todo 2009, por un monto de 10,000 MDP con un tipo de cambio de referencia de 10.50 pesos por dólar. Días después, el peso se devaluó. Desde entonces la moneda estadounidense se ha movido en un rango de entre 12 y 16 pesos, lo que impactó adversamente los costos de producción de las farmacéuticas.

“Estamos en problemas, la devaluación provocó que nuestra estructura de costos aumentara 35%, en promedio, y la utilidad cayera alrededor de 20%”, comenta Dagoberto Cortés, presidente de la Asociación Nacional de Fabricantes de Medicamentos (Anafam), organismo que agrupa a una veintena de compañías que abastecen la mitad de las medicinas genéricas que consume el sector salud.

El escenario se ha complicado. La industria de genéricos atraviesa por un periodo de definición. Por un lado le quedan siete meses para concluir la renovación de los registros sanitarios que decretó el gobierno a todos los laboratorios. El proceso no es barato, pues las inversiones requeridas van de 600,000 a 1.2 MDP, por cada registro sanitario.

Por otro lado, el sector exige que el gobierno ajuste 10% el tipo de cambio establecido en las licitaciones; además, hoy los productores de genéricos buscan evitar que los concursos sean multianuales, como pretende la Secretaría de Salud, pues argumentan que debido a la inestabilidad del mercado cambiario no puede establecerse un control de costos. El gobierno no cede y busca ahorrar al máximo. Tal parece que saldrá victorioso de esta lucha junto con un puñado de laboratorios locales que han sabido reestructurar sus portafolios y su estrategia de negocios, como Psicofarma, Pisa, Probiomed, Hormona y Silanes.

Insumos por las nubes
La mayoría de las empresas farmacéuticas, aun si están establecidas en México, tienen contratos en dólares. Desde los 70, la industria farmoquímica del país fue desapareciendo y de ahí que los fabricantes de medicinas importen casi 90% de las materias primas o principios activos, que son la base para hacer una pastilla, un inyectable o una suspensión.

“Todas esas cotizaciones se hacen en dólares o euros, por eso las previsiones de los laboratorios cambiaron con la devaluación del peso”, explica Kely Rely, especialista en economía de la salud del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). El académico estima que por la inflación y la devaluación, el costo de producción y operación de las farmacéuticas aumentó 40%.

Ricardo Romay Wisbrun, director ejecutivo de la Asociación Mexicana de Laboratorios Farmacéuticos (Amelaf), la segunda mayor organización del ramo que agrupa a 18 empresas, indica que 80% del costo de producción de un medicamento genérico corresponde a la sal o principio activo. Durante el último año, este costo tuvo dos alzas: la primera fue de 24% por las fluctuaciones del mercado internacional y la segunda fue de 40% por la depreciación del peso, señala a su vez Héctor Valle, director general de la consultora IMS Health.

El secretario de Salud, José Ángel Córdova, afirmó que del gasto corriente asignado a las instituciones de salud pública para la compra de medicinas, productos y suministros médicos, cerca de 15%, unos 4,781 MDP, se usa en la compra de productos genéricos; pero eso alcanza para cubrir 85% de sus necesidades de volumen. En general, este tipo de medicinas son recetadas por el médico general en las clínicas del sector salud.

Alfonso Álvarez Páramo, director general de Pisa Farmacéutica, la principal proveedora de medicinas genéricas del sector público, estima con base en sus propios números que en el IMSS y el ISSSTE la consulta externa aumentó 20% en el primer semestre de este año.

El ejecutivo refiere que Pisa ha logrado paliar el incremento en costos de los insumos gracias a sus ventas a sus clientes privados –a cadenas de farmacias y autoservicios, y farmacias independientes- y a sus exportaciones.

Para hacer reconsiderar al gobierno sobre la necesidad de actualizar el tipo de cambio en las licitaciones, la Anafam ha invocado el artículo 44 de la Ley de Adquisiciones, Arrendamiento y Servicios del Sector Público en las negociaciones establecidas con las Secretarías de Salud, Hacienda, Economía, y de la Función Pública.

Dicho artículo establece que cuando posteriormente a la adjudicación de un contrato se presenten circunstancias económicas que deriven de situaciones inesperadas y ajenas a la responsabilidad de las partes, las dependencias y entidades del gobierno federal deberán ‘reconocer’ los incrementos o requerir las reducciones de los precios de bienes o servicios, según reglas que expida la Función Pública.

Por lo menos 10 integrantes de la Anafam han señalado que, de no llegar a un acuerdo con el gobierno, prefieren pagar una multa (por incumplimiento) o fianza, equivalente a 2 o 4% del monto del contrato, según el tipo de producto. “Les sale más barato”, comenta Dagoberto Cortés, quien declina revelar los nombres de la compañía.

Un nuevo modelo de negocio
Hasta ahora, los productores de genéricos han entregado 20% del volumen establecido en los contratos de la licitación; la entrega del 80% restante, conocido como ‘resurtido’, tendría que haberse hecho a finales de julio. Al cierre de la edición, las partes aún no se ponían de acuerdo sobre el tipo de cambio.

Algunos miembros del sector farmacéutico sugieren que de no haber una solución satisfactoria podría producirse un desabasto de genéricos y varios productores estarían en riesgo de quiebra. Pero otros desestiman esta posibilidad.

“¿Que habrá desabasto de genéricos en el sector salud?, ¿que algunas empresas van a quebrar? No es cierto”, afirma tajante José Carlos Ferreyra, director general del Instituto de Investigación e Innovación Farmacéutica Asociación Civil (IIIFAC). Ambas posibilidades son remotas, asegura.

Con información sustentada en estadísticas de Hacienda, el Banco de México y la propia Secretaría de Salud, Ferreyra explica que las 25 instituciones de salud pública –incluidas IMSS, ISSSTE, PEMEX, las secretarías de la Defensa y Marina y el Seguro Popular, entre otras– cuentan con una red de 771 proveedores de medicamentos e insumos para la salud.

De esta cifra, Fármacos Especializados (el principal distribuidor de medicinas en general del sector público) tiene 11% de cuota de mercado en valor nominal. Otras 22 empresas poseen poco más de 1%. El resto se lo distribuyen 748 proveedores, entre mayoristas, farmacias privadas, personas físicas y laboratorios que venden directamente al gobierno.

En el gobierno solamente los medicamentos genéricos se adquieren vía licitación. Los de patente se compran por adjudicación directa. Por ello, ante tanta oferta de producto (a veces existen hasta 10 proveedores para un mismo principio activo) las instituciones públicas se dan el lujo de declarar ‘desierto’ algún concurso cuando no obtienen el descuento deseado. Si en una segunda ronda tampoco lo consiguen, entonces recurren a la asignación directa al mejor postor.

Para Ferreyra, la mayoría de los fabricantes de genéricos debe reconsiderar su estrategia y la conformación de su portafolio de productos. Y afirma que en esta coyuntura, gobierno y laboratorios tienen la oportunidad de ser más eficientes y desarrollar esquemas de negociación proactiva.

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Héctor Valle, de IMS Health, y José Carlos Ferreyra, del IIFAC, coinciden en que los modelos de negocio de genéricos que prevalecerán en el futuro serán los de aquellos laboratorios que se enfocan en nichos terapéuticos, que mantienen una buena reputación, y que cuentan con el know how para ser líderes en el rubro. “Ellos lo hacen bien en el gobierno y en las cadenas de farmacia y autoservicio”, apunta Valle.

A su vez, el gobierno está obligado a administrar de manera eficiente la compra de medicinas y a negociar mejores condiciones con la industria farmacéutica. Hoy tiene una oportunidad por delante: los contratos de compra para 2010.

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