Empresarios: cuidado con la extorsión

El miedo y las amenazas ponen en riesgo las finanzas y viabilidad de negocios en casi todo México; el director de proyectos del IMCO sugiere permitir ayuda del exterior en la lucha contra el crimen.
AFI  (Foto: Notimex)
Rodrigo Gallegos Toussaint

La ejecución, a principios de julio, de 12 policías en Michoacán y el chantaje constante a empresarios en ciudades de ese estado y otras en Coahuila, Chihuahua y Quintana Roo, han generado que el clima de negocios sea uno: de miedo y nerviosismo.

Pongámonos por un momento en los zapatos de la mayoría de los empresarios (microempresarios) en estas ciudades, quienes emplean, en promedio, a cuatro personas y pagan un salario de poco más de 4,000 pesos al mes. Como condición inicial debemos pensar en contratar a un policía privado de dos turnos que cuide el negocio día y noche, lo que representa un desembolso de 6,000 a 11,000 pesos al mes, con lo que se le incrementa 50% el costo de la nómina.

Como el costo es demasiado alto para muchos, la mayoría empieza por contratar un sistema de alarma cuya inversión inicial es de entre 2,000 y 10,000 pesos, más una cuota mensual de 500 pesos (3% del costo laboral). Éste es el costo más bajo que la inseguridad cobra a cerca de 90% de los empresarios del país.

Sin embargo, si nuestra microempresa se encuentra en una de las plazas tomadas por el crimen organizado, es probable que recibamos una amenaza de muerte a menos que hagamos el pago de 2,000 a 5,000 pesos mensuales para mantener nuestra seguridad. Ante esta disyuntiva, hay cinco acciones que podemos tomar:

1. Denunciar la extorsión a las autoridades. Pero si reflexionamos por dos segundos, lo más probable es que las policías municipales y estatales estén cooptadas por la misma organización que nos extorsiona, o bien, que no pueda combatirla por miedo o falta de capacidad. La única instancia a acudir entonces es la policía federal, que probablemente no tenga elementos o el tamaño para responder oportunamente.

2. Hacer caso omiso de la amenaza, no colaborar ni denunciar y por lo tanto vivir con miedo. El miedo puede tener un costo económico muy elevado en salud y en medidas preventivas. Por ejemplo, si uno decide blindar su vehículo para proteger a su familia ante un posible secuestro, el costo puede representar hasta dos años de sueldos y prestaciones laborales de nuestros empleados. En otras palabras, dos años de vida de cuatro familias.

3. Cerrar el negocio, ponerlo a la venta y movernos a otra ciudad. Esto requiere ‘desahorrar’ el patrimonio que tengamos y no es una solución viable para la mayoría de los microempresarios, que tienen poco ahorro líquido (entre 10-13% de su ingreso anual). Además, cerrar un negocio implica costos de salida muy altos, como la liquidación de personal y pago a proveedores.

4. Esperar a que llegue el Ejército y patrulle las calles de nuestras ciudades ante la incapacidad de las policías estatales y municipales. Sin embargo, aun el propio Ejército carece de inteligencia y tecnología para erradicar el problema. De lo contrario, esto ya habría sucedido.

5. Aceptar la extorsión y pagar puntualmente al crimen. Esta solución, aunque en principio parece la más simple y económica, es la más costosa. Incluso después del pago se sigue experimentando miedo y la enorme incertidumbre de que cualquier día suban la renta o nos pidan que paguemos en especie, usando nuestras instalaciones para vender droga o bien almacenándola, lo que nos hace vulnerables ante ellos y ante las autoridades coludidas con ellos.

Ante estas opciones, urgen nuevas soluciones. La mayoría no puede invertir en su propia seguridad, o moverse a otras partes del país o a Estados Unidos. Esta última ha sido una de las estrategias más utilizadas recientemente por los empresarios más adinerados de México, que antes contrataban servicios de inteligencia privada pero que hoy prefieren irse o por lo menos sacar a sus familias.

¿Continuará este clima de negocios en 2010?
En realidad nadie tiene la respuesta, y aunque es evidente que la guerra contra el narco está teniendo efectos sobre el crimen organizado, el temor en muchas ciudades aumenta y las extorsiones continúan. De no cambiar la estrategia del combate al crimen, probablemente veremos más extorsión en algunas ciudades del país en 2010, e, incluso, más adelante. Ante esta incertidumbre, lo primero que se me ocurre es ¿por qué no hacer lo que han hecho otros países que han combatido exitosamente el crimen organizado?

En otras palabras ¿por qué no permitir la misma intervención exterior, tan exitosa para los italianos y colombianos? Para ello, se requiere que la mayoría de los empresarios exijan y eleven el costo para cualquier político que se oponga a que los mexicanos recibamos ayuda militar y de inteligencia de otros países.

La solución lógica sería que México se incorpore como miembro permanente a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), para mandar una señal de gran poderío militar al crimen organizado. Lo anterior es, además, una posibilidad real, dada nuestra posición geográfica y nuestra relación con EU, principal socio de la organización.

La intervención del Federal Bureau of Investigations (FBI), en colaboración con la Direzione Investigativa Antimafia (DIA), fue la clave para desmantelar a la mafia italiana de los años 80. Esta relación permitió que el FBI implementara estrategias que la policía italiana tenía prohibidas como: comprar droga, interferir comunicaciones y hacer vigilancia electrónica de ciudades enteras. Así detuvieron a Gaetano Badalamenti, uno de los mayores traficantes de heroína en EU y líder de la red más grande de lavado de dinero del mundo.

En Colombia, los estadounidenses destinaron más de 6,000 MDD durante seis años para apoyo militar. Como consecuencia del entrenamiento de la policía y Ejército colombiano, la entrega de armamento y la instalación de equipos de telecomunicación satelital, en los últimos 10 años redujeron 90% los secuestros y desmilitarizaron a la mayoría de sus guerrilleros. Si bien no se eliminaron los narcotraficantes colombianos, la estrategia contribuyó a debilitarlos, al hacerlos menos visibles, más pequeños y menos violentos.

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Como mexicano, creo que hay soluciones menos costosas y más redituables que esta guerra contra el narcotráfico, sin embargo, poco asequibles, como es la legalización de las drogas en toda Norteamérica. Pero como éste es un escenario difícil de imaginar en el mediano plazo, los mexicanos debemos organizarnos para promover una mayor cooperación de las fuerzas internacionales en el combate al narco como una posible solución a 2010. Algo debemos hacer para disminuir los costos que impone el crimen organizado a empleos e inversiones futuras.

Rodrigo Gallegos Toussaint es director de Proyectos del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).
rodrigo.gallegos@imco.org.mx

 

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